Las lavanderas de “El Arroyo”   10 comments

“¡Vamos al Barranco!”… ya en 1925 – recuerda un vecino en Alajuela – se escuchaba este  grito en las bocas de niños, adultos y jóvenes. El barranco era una extensa zona quebrada, donde desembocaban las aguas de El Arroyo y las aguas de lluvia, rico en plantas de bambú, higuerillas, tierra con arcilla y maleza.

Utilizado para cubrir del agua y sol, las pilas para lavar ropa.

Galerón. Las hermanas Ilma y Dinora,

a la derecha; Elisa, izq. Muy atento,

la mascota Ansón.

Por ser un terreno con una sección cubierta de arcilla y bambú,  la niñez confeccionaba cerbatanas y bolitas del barro rojizo para su diversión; sin faltar el pedido de las maestras en llevar a las aulas el material arcilloso, importante en el uso de los trabajos manuales.    

En el otro extremo, al norte, el precipicio de unos cincuenta metros, un delicioso arroyo de aguas cristalinas, sin contaminación alguna. Un lugar apto para disfrutar la Naturaleza, lugar de paseo y diversión, especialmente para la gente de menos recursos económicos. Agua suficiente para abastecer a la población, cuando ésta quedaba sin líquido por trabajos realizados en sus acueductos o cañerías.

En 1880, al inaugurarse el primer acueducto municipal en Alajuela, bajo el  segundo Gobierno de don Tomás Guardia Gutiérrez (1877-1882), entran en funcionamiento las pilas y lavanderos públicos, entre ellos, el más importante en Alajuela, el de El Arroyo; así en todas las provincias del país se construyeron estos espacios. 

El Gobierno del General Guardia, heredó el lugar para la instalación de pilas públicas en beneficio de la población más pobre económicamente y con necesidad de laborar. Antes, se utilizaban los ríos para el lavado de ropas, hasta la construcción de estos lavanderos, en el centro de Alajuela ( parte del terreno donde hoy están el BAC San José, Banco Nacional, Funeraria Jardines del Recuerdo y Parque Infantil Estercita Castro Segura, conocido como Parquecito de “El Arroyo”). 

Catorce (14) pilas grandes, chorreadas en cemento y varilla, siete a cada lado en forma de hilera; más un tanque o pila grande que las abastecía  por conducto de un caño, protegidas por un galerón de madera y techo de zinc, eran parte de sus herramientas de trabajo. Cada pila estaba formada por  un tanque grande y una batea.  Todo construido por la Municipalidad de Alajuela. 

Una nueva imagen fue común en el suelo de Alajuela, ya podíamos observar a las valientes mujeres, cargando sobres sus cabezas, grandes “motetes” de ropa, descendiendo con mucho cuidado la tremenda “bajada”, algunas de ellas con sus hijas niñas quienes ayudaban a esta labor. 

Estos paquetes de ropa eran grandes – imaginemos el peso de cinco docenas – no por la ropa humilde de ellas y sus familias, sino por la ropa perteneciente a las familias adineradas o ricas quienes pagaban a lavar sus prendas. Además, otros grandes clientes fueron el Dispensario del Seguro Social (ubicado a dos cuadras de los lavanderos), quien aseguraba parte del sustento diario a estas mujeres con sus ropas de cama y otras prendas de sus internados, durante más de treinta años; igual,  los uniformes de policías y otras personas.   

Con esta entradita económica durante muchos años, lograron mantener sus hogares, ayudar a sus esposos, sacar adelante las familias, más si eran mujeres solas y con hijos. Aunque casi todas, contaban con grado de escolaridad muy raquítico o nada, enviaron a sus hijos a la escuela y secundaria; incluso, cuenta una de ellas, sus muchachos lograron ir a la universidad y defenderse con la profesión que hoy manejan.   

Nuestro ayerPor lavar una docena de ropa (doce piezas), ganaban tres colones, incluido el aplanchado, éste, realizado con planchas de hierro las que cargaban el calor sobre láminas también de hierro, puestas sobre los fogones o cocinas de leña; también utilizaron planchas a carbón, un poco más modernas que las anteriores.  

Las heroicas mujeres provenían del centro de Alajuela,  del Barrio La Agonía, El Llano, El Carmen;  muy conocidas en el gremio de lavanderas, doña María Barrantes, las hermanas Josefa y Dolores Soto, doña Irma, Dinorah y Elisa, ellas de apellido Oreamuno.  Buenas para madrugar, nacieron con el trabajo a cuestas;  su horario de seis de la mañana hasta las cinco de la tarde, excepto los domingos; pero se daban el lujo en invierno o fines de semana, en llevar a sus casas la ropa fina y elegante de personas con plata y profesión, entre ellos, médicos, dentistas, abogados y comandantes de la FuerzaPública, quienes eran vecinos del barrio El Arroyo y otras comunidades.    

Cada lavandera tenía como “propio” un alambre de unos veinte metros de largo que surcaba el galerón de madera, para tender la ropa; también utilizaban una zona enzacatada para el mismo fin. Había respeto y nadie abusaba del espacio y herramientas de cada una, aunque sí algunas rencillas por ocupar las pilas. 

El jabón en barra o en forma de bolas, lo adquirían en el Mercado Central de Alajuela, no era variado ni habían marcas por montones, como hoy.  En otros momentos, estas lavanderas o las que realizaban el mismo oficio en otros sectores alajuelenses – los lavanderos de La Maravilla, al norte de Alajuela – fabricaban  o sacaban el jabón de una frutilla amarilla que daba un inmenso árbol. Esta frutilla tenía en su interior una bolita negra, muy redonda y lisa, llamada por los niños “chumicos”, utilizados en los juegos tradicionales de “bolinchas” ( canicas, bolitas de vidrio) y chócolas. 

 

Irma Oreamuno Molina. 90 años.

Foto abril 2012.

La pulpa o cáscara de esta fruta, se introducía en un tarro de lata (muy prácticos eran los que traían manteca de cerdo)  disuelta en agua, se colaba en una manta,  obteniendo una grasa y espuma con rico aroma, similar al jabón. Así fue el trabajo de estas damas quienes usaron su ingenio para salir adelante. Mientras se enfrentaban a estas limitaciones; por otro lado, había en el comercio un ingrediente en polvo llamado “perlina”, utilizado para fabricar jabón, únicamente al alcance del bolsillo de la gente con  muchos colones y más oportunidades. 

Si no había facilidad para conseguir el jabón o muy caro para el presupuesto familiar, menos que existían cepillos para restregar las telas. Del maíz, inventaban los “cepillos”. La familia de don Chano Soto, auténticos campesinos y vecinos de los lavanderos, tenían una milpa o maizal. Las mujeres lavanderas recolectaban el elote que  expuesto al sol o fogón, endurecía los dientes o cavidades donde antes permanecían los granitos de maíz. Así, con este invento natural y barato, le “volaban cepillo” a las partes de las costuras o dobles en mangas, puños, cuellos de las camisas y ruedos de los pantalones, donde se escondía más la suciedad o polvo. 

Dice una anécdota en este gremio, que por confianza o seguridad, algunas lavanderas dejaban ropas propias o ajenas a la orilla de los arroyos “aguacereándose”, pero un día llovió tanto  hasta convertir el arroyo en un río, llevándose las prendas para siempre.     

Ya miramos y admiramos el lugar de trabajo duro de estas humildes trabajadoras, ahora observemos el lugar desde la superficie. Bordeado por una larga “barrera”, en forma de pretil o asiento con respaldar, confeccionada en cemento, varillas y ladrillo, a lo largo de unos setenta y cinco metros, frente a la carretera principal, continuando unos cuarenta metros hacia el oeste, limitando con varias casitas de adobes y maderas, propietario de las mismas un señor Córdoba. 

El pretil se utilizó para muchas actividades del pueblo: descanso, para esperar el bus o “cazadora” hacia Heredia o la Capital,  reuniones políticas, deportivas, tertulias de vecinos quienes acostumbraban en verano disfrutar de paz y tranquilidad, no faltaban al pretil don Filiberto Rojas, Abel Quesada, Luis Palma Soto, Toño Alfaro, Chano Soto, Lolo Molina quien era administrador  de una fábrica de candelas, ubicada frente al pretil oeste y muchos más señores y señoras de la época.   

Dos situaciones anecdóticas de este lugar, recuerdan los vecinos. Detrás del galerón de madera, pasaron sus años de vida y pobreza,  doña Sérvula, más conocida como la madre de “Miguelito Méquere”, inolvidable personaje alajuelense y otro a quien en Alajuela le bautizaron “Paracaídas”, éste, un señor muy alto, aficionado a utilizar sobre su espalda un montón de tiras o fajas. Como notamos, al alajuelense del ayer y a los de ahora, no se le escapaba alguna característica que podría servir para “rebautizar” a una persona.

La muerte trágica protagonizada por “Juan “Pelotas”, fallecido en este “guindo” al caer en sus aguas o peña, su padre don Mateo Soto, también conocido como “Pelotas”, accidente que vino a conmover a la ciudadanía alajuelense, posiblemente no acostumbrada a hechos repetidos de sangre y violencia en calles y hogares.

Por el inevitable progreso de la ciudad, este sistema de lavanderos  desapareció, el área fue clausurada, se entubaron las aguas y se sepultó el espacio. Hoy, luce hermoso el Parquecito de El Arroyo, estancia infantil que lleva el nombre “Estercita Castro Segura”, ejemplar educadora alajuelense. 

Hoy, desenterramos esta historia, ignorada por varias generaciones que ni siquiera sospecharon de la existencia de este escenario, lleno de valentía, responsabilidad, sacrificio, limitaciones en muchos sentidos, donde la mujer puso a prueba su empeño y amor por sus familias y Patria, lográndolo.

Fotografía de una pintura dedicada

a las lavanderas, ubicada en el par –

quecito de “El Arroyo”. 

 

Diccionario: 

Cerbatanas: Cañuto en que se introducen bodoques u otras cosas (bolitas de arcilla) para hacerlas salir violentamente, soplando por uno de sus extremos. 

Aplanchar: aplanchado, planchar. Conjunto de ropa por aplanchar o ya planchada. 

Elote: mazorca tierna de maíz.

Motetes: envoltorio, atado. 

Jaboncillo: (Sapindus saponaria). Los frutos son bayas redondas de 15 mm de diámetro, color café lustroso, que contienen una pulpa pegajosa y una semilla de 1cm de diámetro, redonda y negra. Son venenosas. La pulpa de los frutos contiene gran cantidad (30%) de una sustancia llamada “Saponina”. Al estrujar los frutos estos hacen espuma que antes se usaba como jabón para lavar ropa, de ahí el nombre “jaboncillo”.

Perlina: polvo especial para fabricar jabón. 

Méquere: Personaje de Alajuela, quien tenía dificultad para pronunciar las palabras. En lugar de “miércoles”, decía “méquere”; “jueves”, decía “juéveres” y así con todas las palabras que él conocía. Su nombre Miguel, de ahí fue conocido como “Miguel Méquere”. 

Bolinchas: canicas, bolitas de vidrio.  

Candelas: Vela para el alumbrado, útil por la falta de electricidad.

Aguacereándose: llevar agua de lluvia.

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Publicado julio 12, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

La Negrita en Alajuela, Virgen de los Ángeles   Leave a comment

Tradición y Fe del pueblo de Costa Rica, Centroamérica. En 1635, apareció a Juana Pereyra una Virgen de piedra oscura, colocada en una montaña o campo rural. Se le llamó La Negrita. De ese año, en adelante, el pueblo de Costa Rica, rinde homenaje a la Virgen, en romerías. De todos los rincones del país, asisten los fieles católicos, a su morada, en la Basílica de Cartago, provincia de Costa Rica.

Las imágenes de esta nota, corresponden a la actividad local en nuestras comunidades, de El Brasil y Los Ángeles de Canoas, de la provincia de Alajuela. Se hizo un recorrido, a pie, de un pueblo a otro, con la presencia de mujeres, niños, adultos mayores, jóvenes. Salió del Templo de El Brasil, hacia Canoas, un trayecto de 2 kilómetros.

 

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Efraín Gerardo Porras Ramírez, en la Basílica de la Virgen de los Ángeles, Cartago, Costa Rica. 2 Agosto 2018.

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Motivo elaborado por el niño Efraín Gerardo Porras Ramírez.

 

 

 

 

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La niñita hace la representación de Juana Pereyra, testigo del

hallazgo y visión de la Virgen, en 1635.

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Publicado agosto 3, 2018 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Soy pensionado de lujo…a lo alajuelense.   Leave a comment

 

La defiendo, la adora, la quiero. Laboré por más de 31 años en una institución pública, en mi país. Cumplí con dos requisitos: 30 años de servicio y 55 años de edad. Eso sí, salí pensionado, tres años después, a los 58 años. Hoy, me aproximo a los 70 años de edad.048

¿Razones para defender mi pensión lujosa? Un lujo, olvidar el traslado, todos los días, en los buses de tuasa y la station waggon, desde Alajuela-San José- Alajuela, evitando las enormes presas en carreteras, sin menospreciar a estas empresas por el servicio recibido durante más de tres décadas; un lujo, disfrutar de más tiempo para el hogar, a mis mascotas y hacer trabajos tipo “jardinero”, sembrando arazá, níspero, saragundí, caimito, moringa y otras plantas. Un lujo, disponer de más tiempo para andar paseando a las mascotas de la casa y a mi mascota callejera, Canelo, el perro de todos. Un lujo, portar la “camarita andariega”, con la misión de captar imágenes de actividades tradicionales ya sea en una iglesia católica, con la Virgen del Carmen, de La Inmaculada Concepción o San Caralampio, en El Llano y Barrio El Carmen de Alajuela. Un lujo, estar con buen tiempo en un desfile de carretas y boyeros, allá en San Antonio de Escazú y en la Capital, o en la feria de las cebollas, en Santa Ana. Un lujo, estar entre marimbas, cimarronas, mascaradas y palomas activas y no muy activas (algunos llaman “palomas muertas”) del Parque Central de Alajuela, recordando personajes, apodos y jugando al tablero. Un lujo, disfrutar las victorias y derrotas de mi equipo, en uno de los bares vecinos, Liga bar, esperando la Copa 30. Un lujo, tiempo suficiente para investigar y desarrollar temas de nuestro pueblo, el fontanero del barrio, el carretonero, el zapatero, el cerrajero o recordar a nuestro gran escritor y líder comunista Calufa Fallas, vecino y amigo de nuestros abuelos y padres en El Llano y Barrio La Agonía, barrios alajuelenses. Un lujo, disponer de más tiempo a la salud propia y de la familia, tiempo para esperar y retirar las medicinas o para recibir la vacuna y no caer en una fuerte gripe o algo más grave, a esta edad. Un lujo, para dedicar a la lectura de un buen libro o reportaje del diario de la fecha. Un lujo, ir a Los Sapitos por un cafecito con empanada o tortas, elaboradas con masa de El Molino de Cayetano, en el Mercado Central de Alajuela ó en  “La Casita” en San Antonio del Tejar, en bus del lugar, a una olla de carne o sopa de albóndigas. Un lujo, sacar la cédula para pagar el pasaje en bus o tren, aunque a algunos choferes les molesta ver este documento.Canelo y yo

Mi pensión lo permite, especialmente por tener el tiempo disponible, sin carreras, congojas y tensiones. Todo esto es un lujo, sin millones de colones, sin críticas y sin denuncias ante los Tribunales.

¿Cómo no disfrutar mi pensión de  lujo?

Fotos tradicionales 007

Yo y diablo

Publicado julio 21, 2018 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Arbolitos navideños, acetaminofén y adultos mayores   2 comments

 

Allá en las montañas de Naranjo y otros bellos lugares de nuestra Costa Rica, tenemos más de doscientas manzanas de terreno cultivados con hermosos arbolitos de ciprés, para la navidad. Bien verdecitos, frescos, alegres, recibiendo la brisa y sol navideños, todos bien cuidaditos, dan más vida y frescura a nuestras fértiles tierras.

Son miles, pero indefensos ante la mano humana, portadora de poderosas herramientas en su contra: grandes tijeras, serruchos, sierras de motor, filosos cuchillos. No tienen defensa, aunque son un ejército de color verde, ante unos pocos, bien armados, con el consentimiento de compradores, felices al ver caer uno a uno. Cortadas sus piernas, bien agarradas con sus raíces a la Madre Naturaleza, van a parar al mercado nacional, aunque sean incompletos porque no llevan sus pies.Plantación de ciprés

Ocupan los lugares más vistosos de nuestros hogares, oficinas, parques, templos, escuelas, edificios gubernamentales, en todos lados, tienen un campito especial.

Ya mutilados, les ubicamos patitas de madera o bien tienen cabida en un tarro grande forrado con papel navideño, lleno de arena y piedras. Incluso, amarrados con cuerdas para no caer o pegar contra las paredes, después de estar bien plantados en la tierra que recibió sus semillas, los vio en todo el proceso de desarrollo y hasta la madurez, unos tres años después.

Les damos agua a beber,  azúcar y hasta pastillitas de acetaminofén, posiblemente para mantenerlos bien frescos y quién quita por aquello de algún “dolor o infección” por las heridas en sus pies, cosa que la tierra no lo haría de esta forma ni la Caja del Seguro Social las recetaría para tal fin.

Ya paraditos, sobran manos para su atención en colocar su vestimenta importada desde la China: luces de colores, música de villancicos, escarchas, nieves, lazos, colachos, regalos, campanitas y estrellitas.Arbol Navidad Yenory para ilustrar historia en blog adobe49

Aún así, bien elegantes pero con vida muy corta, despiden un riquísimo olor que inunda nuestros hogares y barrios. Vienen los vídeos, fotografías,  sin faltar la divulgación en las llamadas redes sociales dirigida a los familiares y amigos en el interior del país o fuera de nuestras fronteras. Todo el Mundo debe conocer a nuestro arbolito.

Días después…pasa la euforia navideña a la tica: los regalos, los tamales, las comidas, bebidas,  toros, el chinamo, lotería, el aguinaldo, el fútbol y el arbolito, posiblemente el más fotografiado de la familia, pasa a otro nivel que ya no es la familia. Muestra deterioro, sequedad, produce alergias, el olor no es igual, su piel se desprende y más bien produce basura o incomodidad en la casa, hasta lo calificamos como un peligro de incendio;  no es el mismo que conocimos en la montaña, está cansado. Hay que desvestirle, quitar los adornos y hasta la estrella puesta en lo más alto de su cabeza. Guardar todo a ver si el próximo año,  estos adornos son de utilidad o esperar las nuevas ofertas de los asiáticos con inventos navideños, más hermosos, de más costo económico, más colores y formas, para iniciar la misma jornada en la próxima navidad, con otros arbolitos sacrificados.

Le damos fin al arbolito, le reservamos un espacio diferente, lo echamos a la calle, en el caño, en un lote baldío que no es nuestro, allí lo tiramos o le volamos fuego. Ya no sentimos nostalgia y admiración por él. Allí se termina de secar por el fuerte sol, esperando el camión de la basura, tirado allí, recogido y mezclado con papeles sucios, líquidos hediondos, comidas y frutas podridas. Allí va quién nos dio alegría a niños, adultos y a nuestras mascotas; por él recibimos felicitaciones y paz en la navidad y deseos de buena salud en el año nuevo.DJSZ4ZJBAJD3DGTLCVWPJQCCZ4

No hay música navideña, guardamos las estrellas, las tiras de luces, los mensajes, las bolitas y campanitas de colores. El arbolito es triturado por la enorme máquina, recogiendo lo que no sirve, al compás de un sonido, similar a una campana, que ya no suena a Navidad…árbol seco navideño

Moraleja: en la vida real o realidad nacional, estadísticas indican que para estas fiestas navideñas y otras fiestas, muchos adultos mayores, son despreciados, abandonados en la calle o en internados en centros de ancianos. Estas personas insensibles consideran que nuestros abuelos ya dieron lo mejor de sus fuerzas, su ejemplo, su trabajo, su herencia económica, cumplieron con lo que tenían que hacer y de ahí el desprecio y la calle…como los arbolitos.

Aclaro: jamás soy enemigo de estas fiestas de Navidad. Sus arbolitos, regalos, son la ilusión de nuestros niños. Una fecha con mucha alegría, felicidad, nostalgia y hasta perdón entre nuestros semejantes. Quiero, con este texto, observar el camino de cada arbolito navideño, su vida útil y de paso comparar parte de  su vida y su muerte con algunas injusticias que comenten muchos seres humanos con sus “viejos”, señores que en todo momento fueron de utilidad y luego despreciados. Vale que quiénes actúan de esta forma, son los menos, pero muy crueles…

Datos: Se indica en la prensa nacional que en CR, hay más de 200 manzanas cultivadas de arboles de ciprés. En Naranjo de Alajuela, 35 manzanas destinadas a la siembra de este cultivo. Diario Extra 3dic. 2017. Sección Área Verde.

Nota: foto incluida en este texto, es provisional, tomada de un medio nacional. Estoy preparando algunas imágenes propias para ilustrar este tema.  

 

Publicado diciembre 28, 2017 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Niñez entre santos: Santo Cristo “Negro” de Esquipulas, San Gerardo María Mayela, San Caralampio y el Santo Sepulcro…   Leave a comment

Asistir  a las actividades del pueblo para festejar la fecha de un santo, lo tenemos presente, desde nuestros primeros años de vida escolar o antes.  Es parte de la tradición de un pueblo y de Fe.

Recordamos a un Santo, de piel oscura, negrito, el Santo Cristo “Negro” de Esquipulas, en el Barrio La Agonía, barrio donde nos criamos y desarrollamos, en la ciudad Alajuela, Costa Rica, Centroamérica, segunda provincia de Costa Rica.  Santo muy diferente a los otros, por su piel negrita, muy original, pero siempre sufrido y maltratado, igual al Cristo blanco, incluso, muchas veces mostrando sus hermosos ojos azules o verdes y larga cabellera.cristo-negro-en-rojo-dsc01582

Alegres fiestas en su Honor, cada quince de enero. La Iglesia y el pueblo creyente alistan todo para celebrar su Día, con ruidosas bombetas de pólvora, juegos, comidas en su tradicional cocina, bingos, procesiones, música. Todo este ambiente de  pueblo, estas lindas tradiciones, lamentablemente, han decaído.

Y nos preguntamos por qué eso del cabello largo rizado, con ojos de colores?  Estos son los que salen en las películas de Hollywood. El de la historia nuestra, es otro,  el negrito, el que encontraron unas señoras en la pared del Santuario, negro por el polvo y sus dedos quebrados, allí incrustado durante el pasar del tiempo.

También,  San Gerardo, de piel oscurita. Con vestimenta larga, negra y cuello blanco, así lo conocimos en nuestra niñez y vejez.  Un Santo milagroso, puestas sus manos milagrosas en mujeres en gestación y en todos niños.

En su Honor, la comunidad de La Agonía, en el centro de la ciudad Alajuela, Costa Rica, el Santuario del Santo Cristo de Esquipulas (Iglesia La Agonía), muestra un mural gigante en la parte sur del edificio. San Gerardo, en el centro, rodeado de niños y gente humilde de la comunidad. Se le rinde homenaje cada 16 de octubre, con la presencia de mujeres, hombres, ancianos y niños. Ruegan al Santo un milagro o agradecido por el nacimiento de un nuevo ser.

 

 

Mural San Gerardo, La AGONÍA 1

Cuando niños, acudimos al templo, en esta fecha memorable,  fecha muy importante, porque en la misa se reparte el Pan Bendito. Recordamos con mucha emoción y respeto, recoger o recibir la Bendición del sacerdote y la porción de pan. No importa si es un pan o una migaja, allí está la presencia de Dios, por más pequeño que sea.  Esto lo aprendimos en la niñez.

Recuerdo en una ocasión, la gran fila para recoger el pan. Llevarlo con mucha satisfacción a mi madre, ella, repartía una parte a cada uno.

Un vecino de San Gerardo, por la cercanía de ambos templos, es la imagen Sagrada de San Caralampio, en El Llano, de Alajuela, territorio colindante con el Barrio La Agonía. También este Santo tuvo que ver con la familia, especialmente con los  abuelos. Un Santo Milagroso, curador de todas las epidemias y enfermedades, como la poliomielitis, atacando a muchos de mis amigos de infancia, pero amparadas sus familias al Santo de “barbas largas”, estuvo allí para liberarlos de tan terrible enfermedad. Una gran tradición y acto de Fe del pueblo llanero, especialmente.

 

San Gerardo LN.

San Caralampio, vestido de negro, de pies a cabeza, similar a la vestimenta de San Gerardo. El pueblo, lleno de fe, recorría las calles con el Santo, implorando sanación a sus hijos, una imagen y Santo de infancia en la comunidad y de otras comunidades,  en San Mateo de Alajuela y Bagaces de Guanacaste.

De inmenso respeto, el Santo Sepulcro. Lo más impresionante en nuestra niñez. Acostado,  lleno de llagas causadas por la mano del hombre que lo maltrató y posiblemente con llagas por estar siempre acostado, en aquella impresionante urna.

Mi madre Adilia, no faltaba un Viernes Santo, para mirarlo.  Cuenta que yo le preguntaba por qué todos los años lo mataban y lo metían en esa caja?… porque ver la enorme urna y ver el cuerpo, siempre nos causó enorme impresión y gran respeto, nos hizo llorar; cargado en hombros de señores vestidos de negro, Los Caballeros del Santo Sepulcro, lentamente caminando con el enorme peso de la imagen Sagrada y aposento transparente y color sol, que nos permitía desde cualquier ángulo, apreciar aquel montón de heridas y espinas en el cuerpo semidesnudo. Impresión y dolor. Nos erizaba y nos eriza la piel, los hombres que lo cargan con pasos lentos, en un ambiente silencioso y  olor a incienso, cánticos, oraciones  y música interpretada por la Banda de Alajuela, escuchar la impresionante pieza musical de un autor costarricense, EL DUELO DE LA PATRIA u otra pieza,  eriza nuestra piel y nuestra alma. Y nos trae grandes recuerdos de la  niñez, en un ambiente diferente al de hoy, donde la violencia y la agresión saltan por todos lados.003

Hoy, ya adultos y entraditos en años, aún observamos y respetamos estas imágenes. No está nuestra madre, pero en cada imagen y lugares recorridos con ellas, están las huellas de doña Adilia. Y el respeto que nos inculcó… permanecerá.

 

 

 

 

 

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Procesiones católicas, en el centro de Alajuela, en Honor a San Gerardo y al Santo Sepulcro. 2015-2017.

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Publicado diciembre 22, 2017 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Pastelillos de papa: abuela Rosa y las nuevas generaciones…   Leave a comment

 

Miguel Montero Rojas, heredó la rica cuchara de su madre Rosa María Montero Cubero, nativa de Carrizal de Alajuela.  Ella, una señora de tez oscura, delgada, de baja estatura,  humilde, elaboró deliciosos pastelillos de papa,  muy solicitados por toda la gente.002

Sus herramientas de trabajo, un fogón construido con ladrillos rojizos, cazuelas y leña, ésta, recogida y cargada por ella de los potreros y fincas vecinas, elementos usados en nuestros hogares, hace décadas, para la preparación de alimentos. El fogón, el horno de barro y la cocinita negra de leña, eran nuestros aliados, especialmente en casas de adobes y techos de tejas.

Con estas herramientas y su excelente mano para cocinar, inició su labor en la elaboración de pastelillos, a base de manteca, papa, harina y sal. Con el trabajo de su esposo y el arte en la cocina,  permitieron el sustento diario de la familia, comida, ropa en general y gastos escolares.

Portando siempre el lindo delantal y la canasta de mimbre llena de pastelillos, “abuela Rosa”,   realizaba las caminatas diarias, por varios lugares ofreciendo el producto de su trabajo.  Recorría casas, escuelas y otros establecimientos, muy céntricos y conocidos de Alajuela.

Estudiantes, niños, adultos, maestros, empleados municipales, médicos, obreros,  todos, conocimos a doña Rosa por su dedicación al trabajo y calidad de producto que elaboraba en su propia casita. El aroma de los pastelillos nos invitaba a disfrutar de ellos, acompañados con café, aguadulce, con algún refresco natural o de botella, sabían a gloria.  También a secas, disfrutamos de uno o más pastelillos de papa, con buen chilito de la chilera preparada por doña Rosa.

Siempre presente en el Callejón de la Escuela Juan Rafael Meoño Hidalgo, en el portón del Instituto de Alajuela, en la acera de la Ascensión Esquivel, en la Guatemala, en la Bernardo Soto, conocidas escuelas del centro de Alajuela y en la Unidad Sanitaria del Seguro Social, un punto muy importante por la cantidad de personas que acudían a la noble institución y personal de la misma.

Y por la calidad del producto, nunca protestamos por el precio,  siempre aceptado por sus clientes, al inicio a  cinco céntimos la unidad, luego a diez céntimos, a “peseta” (₡0,25 céntimos), sin sobrepasar los cincuenta céntimos.

A sus ochenta y cinco años de edad, le daba duro al trabajo para hacer llegar el “cinquito” al hogar. Un personaje nacido del puro pueblo, símbolo de trabajo, sacrificio y verdadero  amor  por la familia. La carguita de leña en sus hombros, como una hormiguita, las cazuelas sobre el fogón, la canasta, el delantal y otros implementos de cocina, dejaron de funcionar por la caminada de doña Rosa hacia el Cielo, atendiendo el llamado del Señor, dejando sus hermosas huellas de trabajo honesto y con sacrificio, un gran ejemplo a la familia y comunidad.Doña María con carga de leña

El aroma de los pastelillos,  pasó a las nuevas generaciones.

Miguel decidió continuar con las enseñanzas de su madre. Y así,  mantener siempre el recuerdo de doña Rosa. Cuando vemos la imagen de esta señora, inmediatamente recordamos el platillo de ricos pastelillos.

Hoy, se utilizan otras herramientas más modernas, pero se ha mantenido la esencia del producto original, de ahí la aceptación de la gente por los pastelillos de papa, de Miguel, quién ha agregado un platillo adicional, los populares prestiños, con sabor a dulce de tapa.003

 Las nuevas generaciones, debemos conocer el ejemplo de  trabajo que día a día, a pie, con su canastita repleta de pastelillos, construyó “abuela Rosa”…

Por eso, dedicamos en esta página, el trabajo y ejemplo de doña Rosa María, fallecida a los noventa y siete años.

Pastelillos de Miguel

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Publicado diciembre 16, 2017 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Soy de tren…   Leave a comment

Reflexión.

 

Claro que asusta y causa preocupación, cuando vemos en las noticias informando de trenes entre sí en violentas colisiones y otros accidentes que bien podrían evitarse. Si es falla humana, o irresponsabilidad, debe ser sancionado. Pero es hermoso el viaje en tren.Yo en Tren

Escuchar el pito del tren, llegando a la estación, en Alajuela, me gusta. Estación muy limpia, amplia, segura, cómoda. Trae recuerdos de nuestra niñez y juventud. Y de nuestra vejez. El tren nos trae grandes recuerdos, a todos.DSCF2566

Soy de viajar en tren, evitamos tensión en las carreteras, sin presas, menos contaminación, menos bulla, menos “palabrotas” y malacrianzas, menos conductores con licor y a alta velocidad, menos motociclistas imprudentes, no todos; pero no sentimos tanta tensión, si viajamos en tren. Siempre habrá cosas, pero menos.

Nos preguntamos, para qué tanto “pitorazo” del tren, cuando viajamos en él. No me explico cómo muchos conductores no los escuchan. Bueno, a veces es el mal uso de aparatos modernos, celulares, audífonos, computadores portátiles y otros sistemas que hacen posible la causa de accidentes, por más pitos del tren. Otros o muchos, sin atender el “si conduce no tome; si toma licor no maneje”.  Y si estamos en otras, nos lleva el tren…

Desde el tren en movimiento o estacionado, ver la hermosa edificación de piedra y techo entejado, la Parroquia de San Joaquín de Flores (1888), es una estampa refrescante, de puro pueblo.  Ya en Heredia, no falta algún fiebre del fútbol  haciendo bulla con su musiquita: ¡Ninguno pudo con él ¡ Y para seguirle la corriente:  “menos mi equipo Manudo, pudo con él…”

Nos recibe un San José lluvioso, frío, muy fresco, creo que nadie lo esperaba porque salimos de Alajuela con buen sol y calor, hace menos de una hora.  Un delicioso cafecito en la Estación del Atlántico, ordenada cafetería, en medio de tanta riqueza arquitectónica, vigilada por la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, el Santo del ferrocarril,  otra edificación digna de admirar y proteger, patrimonio de Costa Rica, declarada en 1980 y fundada en 1908.

Me dirán que el tren es viejo, antiguo, chatarra traída de Europa. Sin duda, necesitamos, nos urge un sistema más moderno, pero es lo que tenemos, hoy. Qué los próximos gobiernos se pongan al lado de la modernidad. Lo contrario, se los lleva el tren.

Y muy agradable el saludo de la señora que recoge los tiquetes de tren: “Muy buenos días, Dios los acompañe”, mientras bajamos, en la estación capitalina.

Por eso…soy de tren.

 

Publicado noviembre 30, 2017 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Recuerdos de taller…   Leave a comment

 

Nacimos, mejor dicho,  con el calor y sonido producido por los motores y pedales de las máquinas de coser ropa. Fue tradición en la familia, el amor y pasión por la fabricación de prendas de vestir, especialmente, la confección de camisas para niños y adultos.

Chayo, Dora, Tina y Adilia, desde muy jovencitas,  iniciaron el aprendizaje del manejo de máquinas de este tipo, su visión se encaminaba a la profesión de finas costureras. Tijeras, moldes o patrones de cartón y papel, diseños,  tipos de telas, hilos, elásticos y otros materiales, sus aliados.Familia cusucos

Dora, pionera en la familia, ingresó a laborar en el único taller de camisas, en Alajuela, Edificio de Industrias “El Erizo. S.A”, de los socios Enrique Riba y José Llobet, fabricantes de las  marcas conocidas de camisas, “Monarch” y “León”, decisión de esta empresa de introducir este producto, a partir de 1932, ubicada en el centro de Alajuela, costado sur del Mercado Central de la ciudad. Dicha empresa inició sus funciones en el año 1912.

 

 

 

 

 

 

Edificio Llobet fábrica camisas,

Con el ingreso y salida de estas señoras de la floreciente empresa, decidieron tomar un camino independiente y formar en sus hogares, sus talleres. Allí, en sus hogares, terminaron sus vidas, junto a las herramientas de trabajo, herencia recibida por sus hijos y otros familiares.

Sus hijos e hijas, nacimos, crecimos y nos desarrollamos en este ambiente  de trabajo, en nuestros hogares; incluso, sus esposos tenían algo que ver con las máquinas y el taller;  los llamados “jefes de hogar”, se involucraron en esta actividad.  Sin faltar tíos y primas. La famosa industria alajuelense, fue la universidad de ellas, quiénes pusieron en práctica sus conocimientos, para el bienestar familiar.

Sus talleres eran independientes. Cada grupo de familia con sus metas y posibilidades económicas. Dora y Chayo, instalaron talleres grandes, en comparación con el taller de Adilia y Tina. Adilia con su tallercito, con menos máquinas y personal de planta, ella de conductora y dos de sus hijos, José Manuel y Maruja, obreros.  Tina, no estableció un taller, con su maquinita personal se especializó en confeccionar lindas sábanas con pedazos de telas a color y estampadas,  colchas, almohadas, adornos y otros artículos con lindos bordados que trataba a buenos precios su mercancía con los vecinos y familia.

 

Colchas de retazos.

Allí, en las fabriquitas hogareñas, conocimos hasta de mecánica, porque nos correspondió limpiar el interior y exterior de las máquinas, aceitarlas, fijar piezas, conocimos el esqueleto de acero, en su interior.

Muy jovencitos, de edades escolares, experimentamos el contacto con cuadernos, lápices, borradores, mezclados con herramientas de uso diario del taller: máquinas, tijeras, hilos, botones, moldes o patrones de cartón, lápices de grafito, bobinas, carretes, agujas de mano y de máquina, aceites, elásticos, entretelas  y otros materiales necesarios en fabricar camisas para vender, de tallas grandes para adultos y niños. Sin faltar la especialidad de Adilia, en “camisas a la medida”. El cliente traía el género (tela) a su gusto,  comprado por metros en las tiendas de la ciudad. Adilia, con cinta métrica colgando a su cuello, frente al cliente, tomaba la medida: cuello, largo, ancho, hombros, estómago.  Una especialista muy famosa en hacer camisas a la medida. Hoy, este tipo de trabajo, va desapareciendo.Máquina almanaque Metro Kilos

Chayo y Modesto, más la numerosa familia que conformaron este matrimonio,  en su gran taller confeccionaron camisas, pantalones, pantalonetas, gabachas, blusas para mujer y otras prendas. De esta forma, las cuatro mujeres obreras adquirieron mucha experiencia en esta profesión y conocidas en toda la comunidad alajuelense.

Recordamos la vida de taller, nuestras funciones.  Ya en la elaboración de las camisas, iniciamos el trabajo como “cortadores de hebras de hilos”, que quedaban al final del ruedo de las camisas o en otras partes.  En otras palabras, esta función consistía en limpiar de residuos de hilo, a la prenda.

Este trabajo, aunque fuera sencillo, había que tener mucho cuidado o tacto para no dañar la tela de la prenda. El uso de tijeras para cortar los hilos, podía perforar la tela o perforar la piel, si estábamos pensando en otra cosa, que no fuera el trabajo encomendado por nuestras “jefas” del taller.

Pegar botones con aguja, otro trabajo asignado.  La confección del ojal u ojales, lo ejecutaba muy bien, nuestra madre.  Utilizaba una máquina manual conocida como “ojaleador”,  adaptada a una máquina de coser plana.  Ya listos los ojales en cada prenda, unía las dos partes delanteras de la camisa para hacer coincidir la ranura del ojal, abiertos con la punta de una navaja de afeitar,  con el punto  marcado con el lápiz de grafito, allí tenía que ir el botón y….¡bien pegado!.

Ojal y botón

“Tome esta cajita con botones, el hilo y la aguja, ponga atención, cómo se pega un botón”, decía,  tomando los cuatro elementos para la enseñanza en la pega de botones, la camisa, el botón, el hilo y la aguja.

 

Ojaleador

Con enorme paciencia, explicaba  en la práctica, cómo pasar y cuántas veces, la aguja con el hilo, por los orificios o huequitos y al final una especie de “remache”, como un nudito, detrás del botón, para darle seguridad. Se podía terminar la tela, perder el color o romper por el uso y tiempo, pero los botones resistían todo eso, allí morían de otra forma. Claro, había que tener cuidado de no pinchar nuestros dedos y manchar con algún punto de sangre, la prenda.

Doña Adilia, muy minuciosa, muy fina y honrada para hacer prendas de calidad y de esta forma ganar la confianza del cliente, siempre obtuvo el reconocimiento por el trabajo hecho a conciencia,  en el tallercito casero.  Todo el Mundo comentaba el trabajo de doña Adilia.Fotos tradicionales 013

¿Y cómo eran los botones? Para las camisas, generalmente, los botones tenían dos formas. Con dos y cuatro huequitos, color blancos. La diferencia, pudo ser en la calidad, presentación, tamaño o precio, pero ambos desempeñaban la misma función. Eso sí, los de cuatro exigían un poquito más de tiempo para pegarlos.

Es importante anotar que en el taller, no habían máquinas especiales para hacer los ojales y pegar botones, esto porque no había suficiente dinero para adquirirlas o no existía este tipo de maquinaria, al inicio del funcionamiento de esta actividad. Ni modo, todo manual. El tallercito de Adilia, era sencillo, poca maquinaria y personal, a penas para lograr una entradita económica que aliviara los gastos del hogar. Poco a poco, con el esfuerzo de cada uno, del hogar, el taller fue tomando más fuerza.003

El avance tecnológico e industrial en este campo, modernizó un poco nuestras funciones. Dos nuevas visitantes llegaron a nuestro hogar, una máquina de pegar botones y otra para la confección de ojales. Así, fue más rápido y productivo el trabajo. Así, dejamos atrás la cajita con botones, la aguja y el hilo.

Hoy, ya sin existir el taller, cuando falta un botón en una prenda, acudimos a la cajita. Nos trae grandes recuerdos y aún funciona para estos casos, sacándonos de apuros.  Y lo que se aprende bien, como nos enseñó Adilia, nunca se olvida…

Luego, vinieron otras máquinas, siempre conformando un taller pequeño, pero suficiente para nosotros. Esos instrumentos de trabajo, siempre nos acompañaron, dieron su vida útil, algunas piezas o motores fallaron y fueron sustituidos por indicación de mecánicos profesionales de la época; otras, quedaron a un lado del taller como simples recuerdos.

Así, con trabajo, con esfuerzo y sacrificio, salimos avante. Familias ejemplares, el trabajo y la honradez fueron estandartes que siempre portamos, familias obreras, sin estudios académicos, luchamos y contribuimos al bienestar de nuestras familias y a hacer grande a nuestra Nación…

¡Muchas gracias, Adilia, Dora, Tina, Chayo…hoy, los que estuvimos junto a Ustedes, sabemos que siguen de costureras en el Cielo, junto al Creador…!

 

 

 

 

 

(texto sujeto a modificaciones, en investigación.)

ALGUNOS DATOS a Estudiar o investigar.  

1 Alex Moya (nuevas generación, fotos taller)

2 Taller Miriam, la de Chayo

3 El Erizo, Fábrica Camisas. En Alajuela. Periódico La Tribuna.

4 Fotos de ellas con Paulino y Oliva.

5 Nombres de ellas: Chayo, Rosario.

Tina, María Cristina

Dora, Dora Cabezas Quesada

Adilia, Adilia Cabezas Quesada.

En 1912, dos comerciantes empeñosos y amigos del trabajo y la iniciativa, fundaron una empresa comercial en Alajuela, con el nombre: “E. Riba y Cía”.

En 1927, “Llobet y Riba. S.A”

En 1932, la misma firma anterior, asume la responsabilidad de confeccionar industrialmente camisas, ropa interior y otros artículos rivales a los productos importados.

También se llamó INDUSTRIAS EL ERIZO.

Tomado del Periódico LA TRIBUNA, sábado 24 febrero 1940. (internet)

 

Publicado noviembre 28, 2017 por José Manuel Morera Cabezas en Historias