Las lavanderas de “El Arroyo”   10 comments

¡Vamos al Barranco! Ya en mil novecientos veinticinco (1925) – según mi memoria, dice un vecino de Alajuela – se escuchaba este  grito en las bocas de niños, adultos y jóvenes. El barranco era una extensa zona quebrada, donde desembocaban las aguas cristalinas y potables de acequias y  de las intensas lluvias, muy propias del cielo alajuelense. Zona rica en plantas de bambú, higuerillas, tierra con arcilla y maleza.

Un punto estratégico cuando faltaba el agua en la ciudad, por ser de topografía baja, siempre con el preciado líquido a nuestra disposición. Nuestros padres y abuelos nos encomendaban una fresca tarea. Con ollas, peroles y tarros, traer el agua para las necesidades del hogar, especialmente para preparar los alimentos y aseo personal.

Utilizado para cubrir del agua y sol, las pilas para lavar ropa.

Galerón. Las hermanas Ilma y Dinora,

a la derecha; Elisa, izq. Muy atento,

la mascota Ansón.

Por ser un terreno con una sección cubierta de arcilla y bambú,  la niñez confeccionaba cerbatanas y bolitas del barro rojizo para su diversión; sin faltar el pedido de las maestras en llevar a las aulas el material arcilloso, importante en el uso de los trabajos manuales.

En el otro extremo, al norte, el precipicio de unos treinta metros, un delicioso arroyo de aguas cristalinas, sin contaminación alguna. Un lugar apto para disfrutar la Naturaleza, lugar de paseo y diversión, especialmente para la gente de menos recursos económicos. Agua suficiente para abastecer a la población, cuando ésta quedaba sin líquido por trabajos realizados en sus acueductos o cañerías.

En 1880, al inaugurarse el primer acueducto municipal en Alajuela, bajo el  segundo Gobierno de don Tomás Guardia Gutiérrez (1877-1882), entran en funcionamiento las pilas y lavanderos públicos, entre ellos, el más importante en Alajuela, el de El Arroyo; así en todas las provincias del país se construyeron estos espacios.

El Gobierno del General Guardia, heredó el lugar para la instalación de pilas públicas en beneficio de la población más pobre económicamente y con necesidad de laborar. Antes, se utilizaban los ríos para el lavado de ropas, hasta la construcción de estos lavanderos, en el centro de Alajuela (parte del terreno donde hoy están el BAC San José, Banco Nacional, Funeraria Jardines del Recuerdo y Parque Infantil Esther Castro Segura, conocido como Parquecito de “El Arroyo”).

Catorce (14) pilas grandes, chorreadas en cemento y varilla, siete a cada lado en forma de hilera; más un tanque o pila grande que las abastecía  por conducto de un caño, protegidas por un galerón de madera y techo de zinc, eran parte de sus herramientas de trabajo. Cada pila estaba formada por  un tanque grande y una batea.  Todo construido por la Municipalidad de Alajuela.

Una nueva imagen fue común en el suelo de Alajuela, ya podíamos observar a las valientes mujeres, cargando sobres sus cabezas, grandes “motetes” de ropa, descendiendo con mucho cuidado la tremenda “bajada”, algunas de ellas con sus hijas niñas quienes ayudaban a esta labor.

Estos paquetes de ropa eran grandes – imaginemos el peso de cinco docenas – no por la ropa humilde de ellas y sus familias, sino por la ropa perteneciente a las familias adineradas o de profesionales quienes pagaban a lavar sus prendas. Además, otro gran cliente fue el Dispensario del Seguro Social (ubicado a dos cuadras de los lavanderos), quien aseguraba parte del sustento diario a estas mujeres con sus ropas de cama y otras prendas de sus internados, durante más de treinta años.

Con este ingreso económico durante muchos años, lograron mantener sus hogares, ayudar a sus esposos, sacar adelante las familias, más si eran mujeres solas y con hijos. Aunque casi todas, contaban con grado de escolaridad muy raquítico o nada, enviaron a sus hijos a la escuela y secundaria; incluso, cuenta una de ellas, sus muchachos lograron ir a la universidad y defenderse con la profesión que hoy manejan, un médico y abogado. .

Nuestro ayerPor lavar una docena de ropa (doce piezas), ganaban tres colones, incluido el aplanchado, éste, realizado con planchas de hierro las que cargaban el calor sobre láminas también de hierro, éstas, puestas sobre los fogones o cocinas de leña; también utilizaron planchas a carbón, un poco más modernas que las anteriores.

Las heroicas mujeres provenían del centro de Alajuela,  del Barrio La Agonía, El Llano, El Carmen;  muy conocidas en el gremio de lavanderas, doña María Barrantes, las hermanas Josefa y Dolores Soto, doña Ilma, Dinorah y Elisa, ellas de apellido Oreamuno. Buenas para madrugar, nacieron con el trabajo a cuestas;  su horario de seis de la mañana hasta las cinco de la tarde, excepto los domingos; pero se daban el lujo en invierno o fines de semana, en llevar a sus casas la ropa fina y elegante de personas con plata y profesión, entre ellos, médicos, dentistas, abogados y comandantes de la Fuerza Pública, quienes eran vecinos del barrio El Arroyo y otras comunidades.   Doña Irma, lavandera.

Cada lavandera tenía como “propio” un alambre de unos veinte metros de largo que surcaba el galerón de madera, para tender la ropa; también utilizaban una zona verde de zacate para el mismo fin. Había respeto y nadie abusaba del espacio y herramientas de cada una, aunque sí algunas rencillas por ocupar las pilas.

El jabón en barra o en forma de bolas, lo adquirían en el Mercado Central de Alajuela, no era variado ni habían marcas por montones, como hoy.  En otros momentos, estas lavanderas o las que realizaban el mismo oficio en otros sectores alajuelenses – los lavanderos de La Maravilla, al norte de Alajuela – fabricaban  o sacaban el jabón de una frutilla amarilla que daba un inmenso árbol. Esta frutilla tenía en su interior una bolita negra, muy redonda y lisa, llamada por los niños “chumicos”, utilizados en los juegos tradicionales de “bolinchas” ( canicas, bolas de vidrio) y chócolas.

Irma Oreamuno Molina. 90 años. 

Foto abril 2012.

La pulpa o cáscara de esta fruta, se introducía en un tarro de lata (muy prácticos eran los que traían manteca de cerdo)  disuelta en agua, se colaba en una manta,  obteniendo una grasa y espuma con rico aroma, similar al jabón. Así fue el trabajo de estas damas quienes usaron su ingenio para salir adelante. Mientras se enfrentaban a estas limitaciones; por otro lado, había en el comercio un ingrediente en polvo llamado “perlina”, utilizado para fabricar jabón, únicamente al alcance del bolsillo de la gente con  muchos colones y más oportunidades.

Si no había facilidad para conseguir el jabón o muy caro para el presupuesto familiar, menos que existían cepillos para restregar las telas, en sus hogares y lugar de trabajo. Del maíz, inventaban los “cepillos”. La familia de don Chano Soto, auténticos campesinos y vecinos de los lavanderos, tenían una milpa o maizal. Las mujeres lavanderas recolectaban el elote que  expuesto al sol o fogón, endurecía los dientes o cavidades donde antes permanecían los granitos de maíz. Así, con este invento natural y barato, le “volaban cepillo” a las partes de las costuras o dobles en mangas, puños, cuellos de las camisas y ruedos de los pantalones, donde se escondía más la suciedad o polvo.

Dice una anécdota en el gremio de las lavanderas que era costumbre dejar ropas propias o ajenas a la orilla de los arroyos “aguacereándose”, pero un día llovió tanto  hasta convertir el arroyo en un río, llevándose las prendas para siempre. ¡Imaginemos el lío por la pérdida o daños en la ropa del médico u oficial de la fuerza pública!

Ya miramos y admiramos el lugar de trabajo duro de estas humildes trabajadoras, ahora observemos el lugar desde la superficie. Bordeado por una larga “barrera”, en forma de pretil o asiento con respaldar, confeccionada en cemento, varillas y ladrillo, a lo largo de unos setenta y cinco metros, frente a la carretera principal, continuando unos cuarenta metros hacia el oeste, limitando con varias casitas de adobes y maderas, propietario de las mismas, un señor Córdoba. Desde arriba, en la banca de cemento, nuestra vista se deleita con la caída de agua cristalina proveniente de las acequias y al fondo, los gigantes bambúes, con sus vecinas las coloridas “chinas o chinillas”  rosadas, blancas y rojas, un paisaje pintado por el Creador.

El pretil se utilizó para muchas actividades del pueblo: descanso, para esperar el autobús o “cazadora”, reuniones políticas, deportivas, tertulias de vecinos quienes acostumbraban en verano disfrutar de paz y tranquilidad, no faltaban al pretil don Filiberto Rojas, Abel Quesada, Guido Bellavista, Raúl Solano, Vicente Soto, éstos eran los veteranos de la época; luego, Moncho García, Julio García, Rogelio Fernández, Julio Víquez, Jorge Alfaro, el doctor Rojas, Miguel Araya, Jorge González, Marcelino Cruz, Luis Palma Soto, Chano Soto y muchos más que tuvieron que migrar a la pulpería de enfrente con sus temas de tertulia, al ser clausurados los sabrosos y confortables asientos o pretil.  Y posiblemente, don Lolo Molina, administrador  de una fábrica de candelas, ubicada frente al pretil oeste, un vecino de mucho trabajo y conocido en su comunidad y en Alajuela, por ser uno de los fabricantes de ese producto, muy utilizado en esos tiempos, en el lindo barrio de las lavanderas.

Uno de los posibles temas eran las “pilas viejas” de principio del siglo pasado (ver fotos). Éstas se alimentaban de acequias o de una acequia que atravesaba Alajuela, proveniente de Canoas y El Llano, ambos caseríos de la ciudad mencionada. Luego, viene la construcción de las nuevas pilas (ver foto), en los años cincuenta, ya alimentadas con agua de la cañería. Para esta gran obra, intervinieron varias instituciones: Municipalidad de Alajuela, Ministerio de Salud, Caja Costarricense de Seguro Social (C.C.S.S) y la Asociación o Junta Administradora del Hospital San Rafael de Alajuela.

Después vino el relleno, sepultando el galerón, piletas e historia del lugar. Allí, se construyó el Parque para niños ya indicado, con cómodas instalaciones y biblioteca infantil, lindas zonas verdes, mucha vegetación  y juegos infantiles, sin faltar un pretil exterior apto para el descanso y se utiliza, como en el pasado, para esperar el autobús, taxi, la tertulia y hasta para la cita amorosa.

Dos situaciones anecdóticas de este lugar, recuerdan los vecinos. Detrás del galerón de madera, pasaron sus años de vida y pobreza,  doña Sérvula, más conocida como la madre de Miguelito “Méquere”, inolvidable personaje alajuelense y otro a quien en Alajuela le bautizaron “Paracaídas”, de nombre Miguel, éste, un señor muy alto, aficionado a utilizar sobre su espalda un montón de tiras o fajas. Como notamos, al alajuelense del ayer y a los de ahora, no se le escapaba alguna característica que podría servir para “rebautizar” a una persona. Y “Méquere”, porque el personaje tenía problemas en pronunciar palabras, de ahí, qué “miércoles” lo decía de esa forma.

La muerte trágica protagonizada por Juan “Pelotas”, fallecido al caer en la peña , su padre don Mateo Soto, también conocido como “Pelotas”, accidente que vino a conmover a la ciudadanía alajuelense, posiblemente no acostumbrada a hechos repetidos de sangre y violencia en calles y hogares.

Por el inevitable progreso de la ciudad, este sistema de lavanderos  desapareció, el área fue clausurada, se entubaron las aguas y se sepultó el espacio.

Hoy, desenterramos esta historia, ignorada por varias generaciones que ni siquiera sospecharon de la existencia de este escenario, lleno de valentía, responsabilidad, sacrificio, limitaciones en muchos sentidos, donde la mujer puso a prueba su empeño y amor por sus familias y Patria, logrando salir avante.

 

 

Las piletas centenarias (Fotos 2018).

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2018: lo que queda de las casonas de adobes, El Arroyo, hacia el Oeste.

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Fotografía de una pintura dedicada

a las lavanderas, ubicada en el par –

quecito de “El Arroyo”.

Diccionario:

Cerbatanas: Cañuto en que se introducen bodoques u otras cosas (bolitas de arcilla) para hacerlas salir violentamente, soplando por uno de sus extremos.

Aplanchar: aplanchado, planchar. Conjunto de ropa por aplanchar o ya planchada.

Elote: mazorca tierna de maíz.

Motetes: envoltorio, atado.

JaboncilloJaboncillo: (Sapindus saponaria). Los frutos son bayas redondas de 15 mm de diámetro, color café lustroso, que contienen una pulpa pegajosa y una semilla de 1cm de diámetro, redonda y negra. Son venenosas. La pulpa de los frutos contiene gran cantidad (30%) de una sustancia llamada “Saponina”. Al estrujar los frutos estos hacen espuma que antes se usaba como jabón para lavar ropa, de ahí el nombre “jaboncillo”.

Perlina: polvo especial para fabricar jabón.

Méquere: Personaje de Alajuela, quien tenía dificultad para pronunciar las palabras. En lugar de “miércoles”, decía “méquere”; “jueves”, decía “juéveres” y así con todas las palabras que él conocía. Su nombre Miguel, de ahí fue conocido como “Miguel Méquere”.

Bolinchas: canicas, bolitas de vidrio.

Candelas: Vela para el alumbrado, útil por la falta de electricidad.

Aguacereándose: exposición de ropa lavada, arrasada por la lluvia.

Publicado julio 12, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Soda “Monycar”   Leave a comment

Ubicada 125 metros al Sur entrada Sol Estadio Alejandro Morera Soto, en Alajuela, Costa Rica. Centroamérica. En el corazón de nuestro barrio Concepción El Llano.

Atendida por la señora Carmen Jiménez y Carlos Rodríguez, el popular “Mono”, el de la bandera y bicicleta Manuda. Una ventana con mucho sabor y color alajuelense.

Desde 1982, con el delicioso sabor del fresco de frutas con sirope rojo y las exquisitas tortas, tacos y empanadas, preparadas en el tradicional local de madera. También, el delicioso café chorreado a la vista.

En días de juegos futboleros, vemos a ciudadanos de todos los grupos o colores deportivos, disfrutando de la excelente cuchara de doña Carmen. Y todo preparado a la vista del cliente, garantía de higiene total.

Horario: 3:00 pm a 7:00 pm. De Lunes a viernes. Visitemos la Sodita MONYCAR, apoyemos lo nuestro y colaboremos con el trabajo de humildes alajuelenses, al servicio de la comunidad. (Foto de archivo).

Publicado noviembre 25, 2020 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Calero, porteño en el corazón alajuelense   Leave a comment

Boca de pezuña de cerdo y arroz guacho, dos, entre muchos platillos de la cocina del establecimiento de Calero, el bar especialista en deliciosas “bocas”.

Por una ventana, el cliente formaba fila para adquirir las delicias del “Bar Calero”, en manos de “Mingo” y “Sabanilla” (Joaquín García) éste, quien elaboraba el mejor arroz del Planeta, junto a los famosos y perseguidos platillos.

Pero antes de seguir con el trabajo en Alajuela, es bueno indicar que Calero antes de ingresar a suelo alajuelense, ya traía en sus maletas la experiencia en el manejo de bares, iniciando con gran éxito la labor en un establecimiento muy popular, ubicado en el Mercado Municipal de Puntarenas, allá por los años sesenta. Sacó de sus pertenencias la experiencia e inició labores en esta bendita tierra.

Calero estaba ubicado diagonal a la esquina sur-este de la Estación del tren al Pacífico, en el corazón de Alajuela, hace más de medio siglo, en una edificación construida en adobes y bahareques. Otra dirección por calles y avenidas, Calle 6, entre Avenidas 2-4.

Afirman algunos clientes que en Alajuela existía un bar también muy conocido por la gente, con el nombre “La porteñita”, propiedad de don León Jiménez, nombre dedicado a la provincia de Puntarenas o dama porteña,  diagonal a la estatua de Juan Santamaría.

Calero continuó con el mismo nombre a su establecimiento, pero la comunidad  y sus clientes, siguieron la costumbre de llamarlo por su apellido, CALERO, puntarenense muy compenetrado y comprometido con el pueblo alajuelense. 

Ya pasaron varias décadas y hasta la fecha permanece un rótulo (foto) donde se indica el nombre del bar o cantina y su especial cocina.

Siempre su fama, esté donde esté ubicado, ya sea con otros propietarios también excelentes, es punto de referencia para la movilización y localización de algún punto específico, en Alajuela.

Un propietario, después de Calero, citamos a don Fernando, gran seguidor del equipo rojo y negro de la Liga Deportiva Alajuelense. Dice la historia que tenía la costumbre o sello propio, cerrar el establecimiento a las nueve de la noche, en vísperas de la Navidad, declarando con los que estaban presentes, “cantina libre”. Muchos no hemos estado en ese momento, pero es fácil imaginar el jolgorio navideño con cerveza escarchada y bocas a todo dar.

Eso sí, de una cosa nadie podía escapar, estuviera en el Bar Calero, en la barra, o simplemente el paso por el frente o acera del lugar, la “atracción o provocación” producida por los exquisitos olores salidos de la famosa cocina. Trabajadoras vecinas del bar, compraban las “bocas” para la hora del almuerzo. Y recordamos algunos comercios vecinos: ferretería de Jorge Delgado, mueblería de Noé, fábrica de colchones de paja de Consuelo Bolaños, cantina “La media noche” del Gordo y otros.  

Otros ciudadanos afirman que venir de otro lugar fuera de Alajuela y no conocer el bar y a don José Calero, significaba no estar en Alajuela o no conocer Alajuela, tanta la fama ganada durante tantos años.  

Y sigamos con los sabrosos aromas. Los producían la pezuña de chancho que era la boca estrella o platillo más famoso perseguido por los clientes de adentro en la barra o de pie en la ventanilla, el arroz “guacho”, frijoles cubases con pellejo de cerdo, arroz con carne, lengua en salsa, carne en salsa, carne con elote, sustancia de carne molida con cebolla y buen chile, de las apetecidas “chileras” del negocio o bar, olla de carne especial para levantar a cualquiera, chuchecas, sangría, chicharrones, morcilla y más delicias, preparadas por los famosos cocineros.

Hoy, Bar Calero, es muy visitado, ambiente tranquilo, local remodelado, precios cómodos y siempre con ricas bocas.

Una dama contó esta anécdota: “Estaba embarazada y me antojé de frijoles blancos con pata de cerdo; mi esposo llevó una tacita y mientras disfrutaba de una cerveza, me trajo la “boquita”  y solución al antojo…” 

Si en el pasado visitar a Calero fue apto para quitar más de un antojo probando una o varias de las bocas o para pasar un rato tranquilo, hoy, no está malo darnos una vueltita  y probar…

¡Muchas gracias, don José Calero y sus trabajadores, por darnos esta historia laboral, escrita con trabajo y sacrificio por Ustedes!

Nota: Los datos consignados en esta breve reseña histórica, son del testimonio oral del ciudadano. Si es necesario ampliar, modificar o quitar algún dato erróneo, se hace para enriquecer este tema de ejemplo laboral iniciado por don José Calero, el de las bocas especiales…

Publicado octubre 29, 2020 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Pulpería “El periquito”   Leave a comment

No precisamos cómo nació el nombre del famoso establecimiento – un ciudadano indica su origen por la gran cantidad de pericos todas las tardes en las palmeras de la Catedral de Alajuela y en el Parque Palmares – , pero sí conocemos cómo se convirtió en un sitio de reunión de todas las clases sociales y profesionales. Y, desde luego, un sitio para comprar diferentes artículos, desde confites hasta repostería, deliciosas enchiladas calientes, bollitos de pan blanco; incluso, algunas bebidas alcohólicas porque desde su inicio nació como “Pulpería-cantina”, sistema usual en esos tiempos, hace muchas, muchas décadas.

Don Enrique Herrera, inauguró esta pulpería y cantina, ubicada en la esquina donde estuvo otro gran establecimiento comercial muy conocido e histórico, las “Hamburguesas Don Hernán”, costado norte de la Catedral de Alajuela. Al dejar don Enrique el establecimiento, lo adquirió y lo ubicó en otro lugar, su asistente, actualmente cuatrocientos metros norte de la Tienda Francisco Llobet, otro emblemático comercio, en pleno corazón de nuestra linda Alajuela.

En este nuevo punto, funcionó únicamente como “Pulpería o abastecedor”, eso sí, siempre manteniendo el nombre “El periquito”, como sacado de un libro de cuentos infantiles; luego bajo la administración de don Ronald Molina Marín y sus hijos Mariano y Cali, desde mil novecientos ochenta y tres (1983). Con ellos y la participación femenina, hombro a hombro, doña Nora, la abuela Nora, trabajadora hasta muy avanzada edad, incansable en el vuelo de los pericos por el buen funcionamiento de la pulpería, muy de mañana, con Ronald, abría la puerta del establecimiento. Su particular servicio al cliente fue aceptado y respetado, a como fuera.

Llevar control de las cuentas, ingresos, gastos y compras. Todo lo hacía con números y apuntes a “pura mente”, sin aparatos electrónicos, todo a puro cerebro, como decimos popularmente. Y si aparecía algún amigo de lo ajeno, perseguía con envases vacíos de refrescos o botellas, a quiénes metían las manos en la mercadería de “El periquito”, con la intención de llevar sin pagar. Y se armaba de su buena tajona por si había que “tajonear” a quien irrespetara el trabajo transparente de su familia.

Y si era firme en repeler a los “ladroncillos” de mercadería de El Periquito; tenía su tacto amable y paciente para los menores de edad cuando olvidamos los “mandados” de nuestra madre: “Tranquila, tranquila, piense, piense que hay tiempo para todo…” Con esa paciencia y ternura, rápido recordábamos el encargo.

Y como en Alajuela el apodo es fundamental y nadie escapa, a don Ronald lo bautizó el pueblo como “Perico”, por esa malicia del alajuelense, siempre presente, siempre fiel a su periquito.

Hoy, el título de “pulpería”, va desapareciendo para dar espacio a los”mini-super, super mini, abastecedor” y otros.

Y no es de extrañar que el nombre “Periquito”, venga de las famosas tertulias en este tipo de establecimientos, costumbres de nuestros ciudadanos de antes; en este caso, de la pulpería en Alajuela, posiblemente algún periquito se metió en las tertulias y aprendió a repetir las palabras de sus amigos y conocer los temas candentes y chistosos de los contertulios, con temas de fútbol, críticas a entrenadores y directivos, a gobernadores, alcaldes, políticos, gobiernos, chismes, humor y otras cosas. Y curioso, estos personajes de las tertulias, se consideran “especialistas en todo y por eso tratan de arreglar el Mundo y su país, sentados en una banca o en el suelo, en “dimes y diretes” que se prolongaban pasadas las diez de la noche”, escribe un ciudadano, muy amigo de la periquera. “Y el local se hacía más pequeño, con tantos visitantes tertulianos, en un espacio cerrado y pequeño, hasta con veinte personas apiñadas. (Aclaramos, antes de la llegada de la pandemia a nuestro Planeta). “No me explico cómo cabían”, nos cuenta don Carlos Solórzano, vecino de “El periquito”, mientras don Ronald con su carácter jocoso mantenía al grupo todos los días, especialmente los fines de semana y domingos”.

Vecinos y amigos nos hacen llegar lindos recuerdos de estas tertulias y señalan a varios integrantes en “El periquito”. Citan a la plana mayor: Dr. Chinchilla Rojas, Anacín, Freddy, Max Peseto, Baró, Trigo, Moiso, Cachetes, Ti, Archie, Miguel Aguilar, Memo Salas, Dr. Benavente, Parioli, Manuel González, Polaco Vargas, Ronaldiño, Piquín, Penca, Malí, Papo Soto, Anderson Web, lcdo Marío Pérez y muchos más. Entre los muchos más, Carlos Torres y su hermano, Rolo, Licho, Arcenio, Checa Álvarez, Tani, Rodrigo Blanco, Chichí, Pepo, Parris, Laurent, Jaramillo, Jojoles, Iván Oreamuno, Miranda, Ché y el torero alajuelense Chino Zamora. ¿Cuántos más? Imaginamos las historias salidas de las tertulias….

Por el conocimiento que tienen ciudadanos alajuelenses del lugar mencionado, sin duda, “El periquito” del ayer y el de hoy, son como otros famosos establecimientos del ayer, Patrimonio Alajuelense. El periquito, es de todos. Por eso es importante el recuerdo y rescate de estos establecimientos comerciales y familiares.

Las actuales y futuras generaciones ya no contarán con estos establecimientos de “puro pueblo” y vecindad y, de ahí, hoy tratamos de rescatar su historia, lo que cuentan sus administradores, clientes y vecinos.

El presente texto se toma del testimonio oral y escrito de algunas voces de las comunidades quiénes recuerdan muy bien a “El periquito”. Amigo lector de esta sección: estos temas y recuerdos hacen grande a nuestras familias trabajadoras, pueblo y Nación. Se hace Patria con su existencia y utilidad a los pueblos. Escriba Usted una página más y hagamos historia y Patria. “El periquito” necesita que hablemos de él, de su rica historia laboral y familiar…

Nota: texto sujeto a cambios, ampliaciones o correcciones.

Publicado octubre 13, 2020 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Pulpería de don Napo   Leave a comment


La pulpería o comisariato “La Minita”, de don Napoleón Quesada, Don Napo, una edificación antigua de madera por los cuatro costados, incluso su piso, ubicada al costado Este de la Escuela Juan Rafael Meoño Hidalgo, en Concepción El Llano, Alajuela, Costa Rica. C.A (Diagonal esquina sur-oeste de la Plaza de Concepción El Llano); tenía una banca larga, también en madera, para sus clientes, donde disfrutamos bollitos o manitas de pan salado con un pedazo de salchichón y refrescos de sirope kola y los deliciosos “lecheros”, preparados con leche y sirope.


Estas ricas bebidas se combinaban con “tosteles” que eran bocadillos o repostería, cada uno con su nombre: gatos, polvorones, acemitas y las deliciosas cuñas, siempre teñidas de rojo y cubiertas con granitos de azúcar. Además, melcochas de leche y otros sabores, sin olvidar las de marca “Estrella” con premios indicados al reverso del papel, confites de mora de cinco por cinco céntimos, de mantequilla y gomitas. Eran los más populares, pero otros eran más finos, recordamos los coquitos, turrones, milanes, marcianitos, sorbetos con mermelada tricopilia, las galletas familia, papas tostadas, cartuchos con sorpresas, cocadas, pan, frijoles, arroz, leche, huevos, bolitas de cacao para elaborar el delicioso chocolate, helados de guayaba, éstos, a cinco céntimos y los famosos “apretados” de sirope, a diez céntimos. También tenía a disposición para niños y adultos, lindos barriletes o papalotes, para hacerlos volar y disfrutar, especialmente, en la plaza de la comunidad y otros espacios, trompos, yoyos y bolinchas (bolitas de vidrio), elementos muy utilizados en la niñez de hace muchas, muchas décadas.


Y teníamos derecho a comprar el “diario” de la casa: veinticinco gramos de margarina, dos onzas de fideos, un “cuarto de libra” de azúcar o de galleta dulce, una manita de melcochón, media docena de huevos, medio litro de natilla casera, un cuarto de botella de sirope y más productos necesarios para nuestra alimentación y hogar. Y don Napo agregaba la “feria” por la compra.


Recuerda don Luis Oconitrillo, su niñez en mil novecientos cincuenta y siete, en primer grado de la Escuela Juan Rafael Meoño Hidalgo, disfrutando del refresco de sirope con una “cuña”. Y don Gerardo Quirós dice tener aún presente el olor de esa pulpería, ya en sus sesenta y un años de vida, inolvidables momentos de su niñez y juventud.


En este popular negocio, era aplicable el sistema de la “feria” y el “fiado”. Por cada compra nos daba de feria un confite con sabor a “mora”, si la compra se pagaba de inmediato. El fiado, consistía en “pagar después”, esta condición lo anotaba en una libreta y, generalmente a fin de mes, el cliente debía integrar el dinero adeudado por sus compras, sin interés. Eso sí, el cliente de fiado tenía que esperar en la banca de madera, tres clientes de contado, por aquello de la suerte en las ventas del día, un requisito exclusivo en el establecimiento de don Napo. Todo el mundo se adaptaba a este reglamento. Lo justo fue que todos tuvimos acceso a la mercadería de su pulpería, famosa por el excelente trato, respeto y confianza, del dulce y cariñoso abuelito.

Los niños estudiantes de la escuela vecina, hoy Escuela de Enseñanza Especial “Marta Saborío Fonseca”, conocimos muy bien a don Napo, gran amigo de toda la comunidad.


Estas anécdotas son tomadas del testimonio oral de vecinos de esta linda Comunidad, Concepción El Llano, Alajuela.
¿Qué recuerda Usted del histórico establecimiento comercial de Don Napo? Espero su participación para ampliar esta inolvidable historia de nuestro barrio…

Publicado octubre 3, 2020 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

” Poché “   Leave a comment


La esquina familiar de la “Pulpería de Pochet” o, simplemente “Poché”, esta centenaria casona (desde la primera mitad del Siglo pasado) y su exquisita administración, nos permitieron disfrutar de una estancia agradable, fresca, con olor a madera, anecdótica y confiable, especial para todo público, niños, mujeres, jóvenes y adultos. Sin faltar, porque es fundamental, la participación de la mujer, en la administración y atención brindada por su hermana Doña Carmen y los sobrinos, en el establecimiento. Todos los alajuelenses, visitamos esta gran casona y no querer salir de ella, llena de grandes recuerdos.

Algunos afirman que inicialmente se llamó Pulpería “La Libertad”, nombre libertario por estar ubicada a unos cuantos pasos, unos diez metros, cruzando la calle, oeste, del Monumento dedicado a Juan Santamaría, pedacito de tierra, también esquinero, donde está el ombligo del Héroe Nacional y su “Fuente de la Libertad”. Y Libertad escrita en piedra, para que nadie la violente.


En esta edificación, nos atendía con alegría y respeto, don Emilio Pochet. Un establecimiento comercial adelantado a su época, porque había de todo: abarrotes, pan, dulce, helados, confites, todo para el hogar, artículos de limpieza, granos, lecheros,, tosteles (arrollados, gatos, bizcotelas, Ilustrados, pasteles, polvorones de los Artavia, queque seco, galletas y algunos productos de maíz, recordamos las ricas empanadas, tortas y más); sin faltar la atracción para jóvenes, adultos y niños con el juego de las maquinitas “pinball”, futbolines con derecho a cinco bolitas por una peseta (veinticinco céntimos de colón), sin faltar las anécdotas, chistes y apodos graciosos a los chiquillos estudiantes, puestos por el administrador del centro comercial. Todo esto y más es parte del ayer alajuelense.


Visitantes a este establecimiento, hoy, recuerdan sus anécdotas: “Gastaba casi todo el dinero en juegos y en lecheros”. “Después de salir de clases en la Escuela Ascensión Esquivel Ibarra, a cien metros, al oeste, de Poché, o después de un partido de fútbol en la Plaza Acosta, acudía a la famosa pulpería a disfrutar y descansar”. “Ir con la novia a disfrutar un lechero de crema con tostel, era una atracción”. “Nos marcó la vida con disciplina, valores y responsabilidad, especialmente en niños y adolescentes. Y Alajuela y visitantes de país, recuerdan el final de los desfiles del Once de Abril, allí en la Fuente de la Libertad y Pochet esperándonos con sus famosos lecheros y repostería.
Al mismo “Poché”, le sucedió una anécdota muy simpática. Para entregar encomiendas y mercadería, realizaba el trabajo en la famosa bicicleta y ésta con una estructura metálica, similar a una canasta o cajón, en la parte delantera del vehículo. Mientras cumplía con la entrega de huevos, se desató un gran incendio en la fábrica de tiza, propiedad del ciudadano Sergio Rodríguez, cerca del Hospital San Rafael de Alajuela. La canasta mostraba una muy buena cantidad de cartones con huevos. Al ver las llamaradas y humo, colaboró con los bomberos, dejando la bicicleta estacionada en una acera o caño del barrio, con la mala suerte que algo la volcó , posiblemente la extensión de las mangueras, quebrando todos los huevos…imaginamos a doña Carmen, dándole a Emilio su buena “pasada”.


Y siempre nos recibía con su humor original. Un día le preguntaron por su edad. Nunca respondía con exactitud, simplemente con un comentario: “Imagine que Juan Santamaría, mi vecino muy cercano, era fiel cliente de los lecheros y tosteles; aunque otros afirman que Doña Manuela, la mamá de Juan, fue quien le pasó la receta de los lecheros a Pochet. Y así, sus “salidas” que se convertían en risas y aplausos. Cuando le pedían un lechero, una pregunta al comprador: “¿Cuál es el resultado de 4×2?”, “Ocho”, le contestaban. “¡Qué bien estás en Estudios Sociales!”. Y si el estudiante no tenía dinero para el lechero y tostel, con gusto lo hacía gratis. Poché siempre ha sido una persona muy seria, amena e inteligente. Así con simpatía y respeto, nos obligó a ser clientes, siempre.


Claro, también sentía molestia cuando algún joven estudiante violentaba alguna de sus máquinas de juegos. Si la maquinita se “pegaba”, el estudiante respondía con una “sacudida” al aparato y esta situación ponía a Poché como los “diablos” y aún así expresaba sus dichos: “No haga eso, papá”, “suave, carraquillo” o “tranquilo, mozote”. Y de seguido la regañada o consejo al joven estudiante. Y, a veces, simulaba con un buen coscorrón en la cabeza del muchacho. Y todo generaba risas…


La casona de madera, muchos años después, al momento de quedar desintegrada por la acción de las llamas, lucía pintada de color blanco con ribete azul, como las casonas de adobes encaladas de nuestros abuelos. El incendio del 23 de setiembre 2018, terminó con la belleza de aquella estructura. ¡Sí, con la estructura, nunca con su historia, escrita con sacrificio, amor y transparencia por Emilio y su familia!


Lo de hoy, en la misma esquina, les tocará a otros contar la nueva historia, con la intervención de la modernidad donde se levanta un edificio de cuatro pisos del Proyecto Sociedad de Seguros de Vida del Magisterio Nacional, Sucursal Alajuela, Costa Rica, Centroamérica).


Nota: lo escrito en estas líneas es una introducción a esta linda y rica historia alajuelense. Faltan muchos datos históricos. Usted, amigo lector, me puede dar más datos, corregir o ampliar.


¡Vamos donde Poché! ¡Cuénteme sus anécdotas!

Nota: las dos primeras fotos(10 enero 2020) donde aparece el señor Poché o Pochet y los refrescos en la nevera, son captadas por don Francisco Alvarado, quién muy gentil las donó para ilustrar esta anécdota.

Publicado septiembre 26, 2020 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

San Caralampio, don Eberto y Josefita   Leave a comment

De nuestra historia alajuelense. En 1948, don Eberto Cordero Ramírez, señor lleno de Dios, trajo desde San Mateo (Alajuela, Costa Rica, Centroamérica), la imagen de SAN CARALAMPIO a nuestro Templo Concepción El Llano, Alajuela, Costa Rica, C.A.
La devoción al Santo fue el escudo protector y de Fe ante la lucha sanitaria en contra de la poliomielitis, atacando a la niñez de nuestro país, dejando secuelas para toda la vida en ellos y sus hogares.
Hoy, San Caralampio, aún permanece su imagen en el Templo nuevo y una réplica en el Templo antiguo (de 1883), lo que llamamos la Ermita de Concepción El Llano, igual nombre que lleva nuestra linda Comunidad llanera.
Acompañó siempre a don Eberto, su esposa Josefita Caballero, muy conocida en nuestra comunidad por su hermoso corazón, siempre, juntos, extendiendo sus manos hacia la niñez de esos tiempos, con regalos, dulces, alimentos y sonrisas…
En San Mateo, una placa en metal, el pueblo agradece su generosidad y solidaridad al pueblo del cantón alajuelense.
¡Siempre en nuestras mentes y corazones, Josefita y don Eberto!.

Don Eberto

Publicado septiembre 9, 2020 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Alajuela, ayer y hoy   Leave a comment

Casona de Pochet. Aquella humildita edificación, pura madera, esquinera, de lecheros, tosteles, galletas, queque seco, maquinitas pinball, futbolines con derecho a cinco bolitas por una peseta (25 céntimos de colón) y de grandes anécdotas y apodos graciosos a los chiquillos puestos por Pochet, es parte de nuestro hermoso ayer alajuelense; lo de hoy, le tocará a otros contar la nueva historia… (Foto arriba, 05 09 2020. Foto abajo, 16 04 2005). (Publicación 05 09 2020).
¿Qué se ha escrito y quién de la historia de Pochet y su famoso establecimiento, en Alajuela?
(Se construye Proyecto Sociedad de Seguros de Vida del Magisterio Nacional. Sucursal de Alajuela).

Publicado septiembre 8, 2020 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Vivencias en el edificio antiguo del Registro Civil   Leave a comment

 

(Av. 2-4. Calle 6, San José, Costa Rica. C.A)

(Horario de trabajo en los años setenta-ochenta, antes de establecida la llamada “jornada continua”).

Recordemos aquel horario: los sábados de ocho a once de la mañana, salida todos los días, de lunes a viernes, a las cinco y treinta de la tarde, casi en la noche, era el regreso a la casa. Eso sí, teníamos derecho a dos y media horas para el almuerzo, según el horario indicado.

Sobraba tiempo para almorzar, pasear por la ciudad, ver ventanas de los comercios, leer las noticias en Radio Monumental, un rato en los Parques escuchando o no a los predicadores, según nuestras creencias. Disfrutar de las piruetas con bolas y otros objetos del famoso personaje “Tango”, ir al cine, un rato para ir al Templo,  a orar o descansar. Incluso, ver televisión en una de los negocios de ventas de estos artículos, mostrados en sus vitrinas.  Esto, si la opción elegida era pasear por centro de la Ciudad Capital.

Otros compañeros, tomaban el escritorio como mesa para el almuerzo y hasta dormir. Algunos, asistían a las sodas de otras Instituciones, creo que una era el Ministerio de Trabajo o de Educación, a cien metros del Registro Civil, al norte, muy cerca del conocido “Banco Negro” o Banco de Costa Rica.

Y para varios compañeros, la otra opción en esas largas dos horas y media, viajaban, en autobús o microbús, a sus hogares, en Heredia, Barva, centro de Alajuela y Cartago. Tuvimos tiempo para tomar el bus, volver a pagar el pasaje, ida y regreso, saludar a nuestra familia y descansar un ratito.

En mi caso, de San José a Alajuela centro y viceversa. Llegaba a la casa y calentaba la comida, siempre elaborada por mi esposa, en esos tiempos empleada en la venta de telas y otras secciones, en el Almacén Francisco Llobet, famosa tienda alajuelense, de españoles. Un día, no  llevé las llaves al trabajo y al regreso a Alajuela, no pude ingresar. Para no molestar a Doña Luz, con mucho trabajo en la tienda, decidí el regreso a mi trabajo. En alguna sodita, en San José,  compré algo para aguantar hasta las cinco y treinta.

Cuenta el compañero Jorge Luis Fallas, conocido en la Institución por su humor y gran funcionario del Archivo Civil del  Registro Civil, que él tenía tiempo para ver la serie “Los tres chiflados” y en muchas oportunidades hasta para “marcar” un ratito con la novia, que era su vecina. Dos horas y media, en esos tiempos, alcanzaban para muchas actividades.

El usuario, sin tener la culpa, también disfrutaba el derecho a dos horas y media…esperando sentado en el cordón del caño,  arrecostado a la pared de la edificación, casi dormido, de pie o sentado en el pretil de la entrada principal del edificio centenario (una gradita), casi siempre con la presencia de “La tertulia”, grupo de funcionarios acostumbrados a sus comentarios de todo tipo, antes de ingresar a sus labores, en la mañana o en la tarde.

“La escuelita”, así alguien dio este nombre, era el auditorio de la Institución, utilizada por el Registro Civil y Tribunal Supremo de Elecciones, porque ambas ocupaban el mismo edificio, también nos sirvió de soda y comedor; mientras tuvo otros usos: actos oficiales, entrega de credenciales a presidentes electos y diputados, festivales de la canción organizadas por sus empleados, especialmente para el Catorce (14) de setiembre, en celebración al “Día del Empleado Electoral y Civil”, para dormir, leer un periódico, escribir alguna anécdota,  lectura de “La Biblia”, discutir por el fútbol, incluso, habladas como siempre sobre política criticando a “Juan, Pedro y María”, aunque no lo podíamos hacer en voz alta porque de pared de por medio, estaban los Magistrados del Tribunal Supremo de Elecciones y también estaba vigente el “Artículo 88” de nuestra Constitución Política que nos impedía a los empleados de la Institución, manifestaciones de color político, aunque, desde luego, sin ningún impedimento para ejercer el voto. Y nada de signos externos de los partidos políticos o “vivas” en nuestras casas de habitación, autos y otros lugares propios.

Recuerdo que mi madre quería poner la foto de su candidato para unas elecciones generales, en la ventana de la casa. Le expliqué algo del artículo mencionado. Por cierto, ella respondió: “Me importa a mí, Usted es empleado de esa Institución, yo no, tengo derecho a adornar mi casa como yo quiero, soy la costurera del barrio y todo el mundo sabe mi color político y  mi taller de costura no tiene nada que ver con artículos de esos…”. Así de tajante.  Y como dueña de la casa y la que mandaba, buscó a un vecino para instalar o poner una bandera en el techo de la casa. Aún así, ni vecinos ni autoridades electorales, se fijaron en ese detalle.

No recuerdo el motivo o motivos, por la cancelación de “La escuelita”, como espacio para comer, tertulias y dormir. Y no fue permitido permanecer en las instalaciones, durante las dos horas y media. ¿Qué hacer? ¿No comer?

Varios compañeros nos fuimos con el maletín y el termo (en esos tiempos era de uso común el “termo”, de venta en todos los mercados de las ciudades y pulperías),  a comer a los parques más cercanos, plazoletas, en un “poyo”, en algún lugar. Escogimos la plazoleta frente al Ministerio de Salud, a la sombra de un lorito: disfrutando del almuerzo y hasta compartimos algo de nuestras comidas y después un descanso tirados en el zacate hasta que llegara la hora de ingresar a nuestras funciones en las oficinas y archivos de la Institución. Había que esperar que los compañeros guardas, abrieran las puertas y el portón grande del edificio. Mientras, compartiendo algunos minutos con los usuarios.

Y de este lugar, también nos corrieron. En verano era un “pic-nic”, pero el invierno nos echó a perder nuestro gallo pinto, plátano maduro, ensalada y “fresquito” de limón o sirope.

No había otro camino que la organización. Nos organizamos y planteamos nuestros problemas al Superior quién nos escuchó y de nuevo el permiso para permanecer en el edificio durante el tiempo de las dos horas y media. Más tarde, vino lo que llaman “jornada continua” y este nuevo horario fue bastante positivo para todos. Incluso, el usuario también se adaptó, hasta nuestros tiempos.

Hoy, contamos con un hermoso edificio, en otro sector de la Capital, con mejores condiciones al anterior. Y, desde luego, un mejor horario para almorzar más cómodamente. Todo aquello, hoy es historia. Historia que hemos escrito con sacrificio y que nos permite seguir queriendo y defendiendo más a nuestra hermosa Institución, donde laboramos con lealtad, transparencia y así  dar un servicio más eficiente al ciudadano, quién merece todo nuestro respeto y admiración.  Y por Costa Rica y nuestras familias.

Importante: tema sujeto a correcciones o ampliaciones.

Publicado julio 16, 2020 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

San Caralampio, original y réplica   Leave a comment

Un grupo de ciudadanos adultos mayores y jóvenes, vecinos de Concepción El Llano, Alajuela, Costa Rica, Centroamérica, al observar el deterioro de las tradicionales actividades de Fe y costumbres, en la celebración a San Caralampio en esta comunidad, decidieron establecer un “Alto” al olvido y así reiniciar  o tratar de rescatar lo hermoso de un pueblo. Y la de San Caralampio, no podía estar inadvertida.

La primera acción del rescate fue un documento escrito dirigido al Cura Párroco y Superior de la Parroquia del Santo Cristo de La Agonía (Iglesia La Agonía), Alajuela, Costa Rica, José Manuel Batres Orellana (Salvadoreño, de El Salvador, Centroamérica), explicando el motivo y recordando un poco de historia. La nota del 4 de julio del 2016, dice: “La Junta Administrativa actual y anterior de la Ermita de El Llano, Alajuela, nos hemos propuesto varias metas para la Ermita Concepción El Llano, Alajuela. Ya logradas, primero, la restauración de la edificación por parte del Centro Patrimonial del Ministerio de Cultura de Costa Rica. Y luego, otras metas logradas, a partir de la restauración del edificio sagrado:

– Confección de 24 bancas

– Restauración del Altar Mayor

– Construcción de los baños y bodega

– Adquisición de imágenes o Ángeles del Altar Mayor

– Confección  e instalación de la imagen de la Virgen de la Concepción en el Altar Mayor

– Confección mesa y ambón del Altar Mayor

 – Otras

Aunque faltan muchos detalles, con lo logrado se ha podido abrir las puertas y ventanas de la Ermita, después de casi dos décadas o más, cerrada al público. Y lo más inconveniente, su interior, toda la edificación, utilizada por personas enfermas adictas al licor y otras drogas, especialmente convirtiendo el lugar histórico, en un punto o foco de inseguridad para la comunidad.

Hoy, aquel panorama tan triste y desolado mostrado en la edificación y patios, ha cambiado con la actitud y trabajo del grupo señalado; incluso niños, de la comunidad. La Iglesia, ha participado en acceder a la Junta de Vecinos, administrar la edificación por un tiempo de cinco años, logrando que la Joya Centenaria, eregida en 1883, haya reiniciado sus labores para lo que se construyó, como casa de Oración y respeto. (Consta en nuestros archivos, documento de acuerdo Iglesia-Junta de la Ermita).

Entre los proyectos o metas está reactivar nuestras tradiciones, Fe y costumbres de los pueblos. En nuestro caso, retornar la imagen de San Caralampio a la edificación antigua, hoy en la Iglesia Central o nueva. Hace más de siete décadas, la imagen fue instalada por don Eberto Cordero Ramírez, vecino del Barrio La Agonía, de Alajuela, imagen procedente de San Mateo de Alajuela, Cantón Nº 4.18301081_1515982281768154_9074353201253447768_n

Don Eberto

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En tiempos pasados, San Caralampio, fue un punto lleno de mucha fe y tradición comunitaria y de otros puntos del país, hoy casi olvidada en la mente del ciudadano, en Alajuela; no así en Bagaces de Guanacaste y San Mateo de Alajuela, donde las comunidades e Iglesia, lo celebran con mucho entusiasmo, Fe y gran participación.

Dice la historia del testimonio oral y escrito, familias enteras, nos referimos a Concepción El Llano, de Alajuela, muy en especial las víctimas de la poliomielitis o “la polio”, recuerdan las procesiones con el Santo en hombros, pidiendo de corazón y alma, la sanación de sus hijos, ante la epidemia y otras enfermedades que azotaban el suelo Patrio, en la década del sesenta. En estos momentos, la Fe  con la imagen santa, el pueblo estaría orando por la liberación de enfermedades contagiosas como el “Zika” y otras. (Ver en www.adobe49.wordpress.com  más detalles de la historia, con título SAN CARALAMPIO LLANERO, escrito por José Manuel Morera Cabezas).

Hoy, muchas personas que ingresan a la Edificación antigua, preguntan por San Caralampio, al ver el aposento o nicho de madera, vacío. “¿Y qué hicieron a San Caralampio”?. Claro, como administradores del inmueble, tratamos de dar la explicación”.

Siguiendo con el texto de la nota presentada al Sacerdote Batres, varias opciones le presentamos para contar con la imagen original en la Ermita:

1-Devolver la imagen a la Ermita

2-Sacar la imagen a un taller especializado para confeccionar un molde y así la réplica, para ubicarla en la Ermita.

3-Que la Iglesia acepte la copia y la original pase a su sitio establecido por don Eberto Cordero, en esos tiempos, la Iglesia Central de la Comunidad Concepción, El Llano, Alajuela.”

Al final de la nota, indicamos: “Le dejamos esta inquietud para lo que corresponda. Aceptamos lo que Usted e Iglesia, decidan”.

La petitoria, creemos, no recibimos respuesta o ésta tomó por equivocación otro rumbo. Ante esta situación, los ciudadanos con esfuerzo y dedicación, decidimos hacer lo imposible por confeccionar una réplica de la imagen, por nuestra cuenta. Realizando una campaña económica e información ante la comunidad indicada y otras comunidades.

El primer paso, localizar un artista o escultor de reconocida experiencia en la materia. La recomendación cayó en don Kenneth Meléndez Campos, cédula de identidad 2-0422-0615, escultor, vecino de Desamparados de Alajuela, Costa Rica, un kilómetro al Este Iglesia católica del lugar, entrada Calle Pinares.007

En el taller

La Iglesia central de Concepción El Llano, dio el permiso para que el escultor observara la imagen, tomar fotografías y medidas, sin bajar la imagen de su pedestal, a unos 4 metros del piso. Con su “ojo clínico” de escultor y uso de tecnología fotográfica, factores fundamentales para elaborar la réplica.

025 Réplica.

Tiempo para entregar la obra. Entre uno a dos meses, a partir de la fecha indicada en documento de compromiso, 18 de setiembre 2017.

Fecha celebración Día de San Caralampio: 10 de Febrero 2018. Actividades en Honor al Santo Milagroso, en la Joya Centenaria (1883), Ermita de Concepción El Llano, Alajuela, Costa Rica. Centroamérica.

Costo económico de la imagen: ¢ 500.000 (Quinientos mil colones). Factura Nº-0798244, del 18 setiembre 2017.

Adelanto para la obra: ¢250.000, factura Nº-0798244, del 18 setiembre 2017.

Cancelación de la obra: ¢250.000, factura Nº-0798232, del 10 noviembre 2017.

Ingresos por actividades y cuotas económicas voluntarias: ¢609.000 (seiscientos nueve mil colones), obtenidos de 3 rifas de “Canastas de víveres” y una rifa de “freidora”, sumados a las colaboraciones de los siguientes vecinos: Jorge Araya Araya, Ligia Hernández, Elisa Campos, César Rojas, Yetty Soto, Ligia Soto, Albita Valverde, José Manuel Morera Cabezas, Rocío Jiménez Solórzano, Julio César Smith Morera, Marta Eugenia García Suárez y Nuria Ávila. (En archivos de tesorería, constan los montos donados por cada vecino).

Bendición de la imagen: Los organizadores, especialmente por iniciativa de las señoras, solicitan a los Sacerdotes de la Iglesia La Agonía, realizar la Bendición de la imagen (réplica). Lo que se hace con una actividad muy bien lucida, el 10 de febrero 2018. (Consta vídeo en nuestros archivos fotográficos, J. Morera).

001 Bendición

Restauración del nicho o mueble de la imagen: a cargo del vecino de El Llano, Ronald Solano García, quién realizó el trabajo sin costo económico para los organizadores.005

Estampitas del Santo: Un detalle especial fue el obsequio de lindas estampas dedicadas al Santo, confeccionadas por la señora Rocío Jiménez Solórzano, vecina de la comunidad.  En la estampa, apreciamos la foto de la réplica (foto J.Morera), adornada con lindas flores y en el lado contrario de la estampa, la misma Oración a San Caralampio utilizada por don Eberto Cordero, en 1950.

Caralampio 3 oración

Imagen (206)

Ya con la bonita imagen del Santo en la Ermita, el grupo de señoras con conocimientos en este campo, decidieron programar la NOVENA al Santo.

En cada fecha, en horas de la noche, con cantos y rezos, se cumplía con la Novena,  y al final, cafecito, chocolate, tamales y repostería para los presentes. Así, los 9 días consecutivos, con una agradable asistencia de vecinos.

Imagen (208)

Al concluir la Novena, un grupo musical tipo “mariachi mexicano” (Músicos costarricenses), con una linda serenata al Santo, aplaudida por los asistentes. Y al final, casi a las 10 de la noche, la alegre y famosa Cimarrona de don Juan Ramírez, “Los Fabulosos de Mama” (“Mamacita”), le pusieron “candela” al asunto e hizo sacar a la gente de sus asientos para disfrutar del lindo baile, en los patios de la Ermita.  Todo el mundo le puso al baile, excepto la imagen de San Caralampio, quién observaba el lindo ambiente llanero. Todos celebramos dando la bienvenida al Santo, acariciando su Rostro y Cuerpo, mostrando con mucha Fe la Señal de la Santa Cruz, captando fotografías y vídeos, sin faltar el grito de ¡Viva San Caralampio y El Llano de Alajuela!

Lo realizado en el año 2018, es considerado como un acontecimiento por el intento de rescatar esta tradición de Fe en el pueblo católico, muy en especial en la Comunidad Concepción El Llano, Alajuela, Costa Rica. Centroamérica.

Digamos, un “segundo aire” de esfuerzo para restablecer lo que se había olvidado casi por completo, durante tres décadas o mucho más. Y es que recuperar una tradición católica o una tradición de pueblo, es muy difícil lograrlo, en estos tiempos modernos.

En su mayoría, las personas organizadoras de esta actividad, son adultos mayores, quiénes decidieron, por varias causas, especialmente por su salud y cansancio, no seguir. Nadie recogió la bandera milagrosa de San Caralampio, para continuar con la tradición en los años 2019-2020.

Esperamos el 2021. Tiene la palabra la Iglesia Católica y la Comunidad llanera…

Miembros de Comisión Pro Imagen réplica de San Caralampio:

Donai Molina Molina

Elí Palma Sibaja

Manuel Eberto Porras Cordero

José Manuel Morera Cabezas

El pensamiento de estos ciudadanos: ¡Si trabajamos con transparencia, el resultado sale transparente!

 

Nota: texto sujeto a correcciones o ampliaciones.

Publicado junio 23, 2020 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Fuera Marcos Ramírez de las aulas   Leave a comment

Imagen (103)

 

Marcos Ramírez. ¿Por qué el Ministerio de Educación Pública (M.E.P), eliminó de la lista de textos de lectura obligatoria, en el 2002, la novela de Carlos Luis Fallas Sibaja, Calufa, junto a otras obras literarias costarricenses?

Un análisis del Ministerio de Educación (MEP), en el 2001, determinó que esta obra no coincide con la realidad histórica-geográfica de nuestros días, aclarando que con la exclusión de algunas obras, se incluyen otras de los mismos autores, regresando a las aulas Mamita Yunai, de Fallas. Dijo una educadora al conocer la decisión: “Los muchachos se identificaban con las travesuras de Marcos, trasladándonos a la Costa Rica de antes…”

 

Publicado junio 12, 2020 por José Manuel Morera Cabezas en Historias