Las lavanderas de “El Arroyo”   10 comments

“¡Vamos al Barranco!”… ya en 1925 – recuerda un vecino en Alajuela – se escuchaba este  grito en las bocas de niños, adultos y jóvenes. El barranco era una extensa zona quebrada, donde desembocaban las aguas de El Arroyo y las aguas de lluvia, rico en plantas de bambú, higuerillas, tierra con arcilla y maleza.

Utilizado para cubrir del agua y sol, las pilas para lavar ropa.

Galerón. Las hermanas Ilma y Dinora,

a la derecha; Elisa, izq. Muy atento,

la mascota Ansón.

Por ser un terreno con una sección cubierta de arcilla y bambú,  la niñez confeccionaba cerbatanas y bolitas del barro rojizo para su diversión; sin faltar el pedido de las maestras en llevar a las aulas el material arcilloso, importante en el uso de los trabajos manuales.    

En el otro extremo, al norte, el precipicio de unos cincuenta metros, un delicioso arroyo de aguas cristalinas, sin contaminación alguna. Un lugar apto para disfrutar la Naturaleza, lugar de paseo y diversión, especialmente para la gente de menos recursos económicos. Agua suficiente para abastecer a la población, cuando ésta quedaba sin líquido por trabajos realizados en sus acueductos o cañerías.

En 1880, al inaugurarse el primer acueducto municipal en Alajuela, bajo el  segundo Gobierno de don Tomás Guardia Gutiérrez (1877-1882), entran en funcionamiento las pilas y lavanderos públicos, entre ellos, el más importante en Alajuela, el de El Arroyo; así en todas las provincias del país se construyeron estos espacios. 

El Gobierno del General Guardia, heredó el lugar para la instalación de pilas públicas en beneficio de la población más pobre económicamente y con necesidad de laborar. Antes, se utilizaban los ríos para el lavado de ropas, hasta la construcción de estos lavanderos, en el centro de Alajuela ( parte del terreno donde hoy están el BAC San José, Banco Nacional, Funeraria Jardines del Recuerdo y Parque Infantil Estercita Castro Segura, conocido como Parquecito de “El Arroyo”). 

Catorce (14) pilas grandes, chorreadas en cemento y varilla, siete a cada lado en forma de hilera; más un tanque o pila grande que las abastecía  por conducto de un caño, protegidas por un galerón de madera y techo de zinc, eran parte de sus herramientas de trabajo. Cada pila estaba formada por  un tanque grande y una batea.  Todo construido por la Municipalidad de Alajuela. 

Una nueva imagen fue común en el suelo de Alajuela, ya podíamos observar a las valientes mujeres, cargando sobres sus cabezas, grandes “motetes” de ropa, descendiendo con mucho cuidado la tremenda “bajada”, algunas de ellas con sus hijas niñas quienes ayudaban a esta labor. 

Estos paquetes de ropa eran grandes – imaginemos el peso de cinco docenas – no por la ropa humilde de ellas y sus familias, sino por la ropa perteneciente a las familias adineradas o ricas quienes pagaban a lavar sus prendas. Además, otros grandes clientes fueron el Dispensario del Seguro Social (ubicado a dos cuadras de los lavanderos), quien aseguraba parte del sustento diario a estas mujeres con sus ropas de cama y otras prendas de sus internados, durante más de treinta años; igual,  los uniformes de policías y otras personas.   

Con esta entradita económica durante muchos años, lograron mantener sus hogares, ayudar a sus esposos, sacar adelante las familias, más si eran mujeres solas y con hijos. Aunque casi todas, contaban con grado de escolaridad muy raquítico o nada, enviaron a sus hijos a la escuela y secundaria; incluso, cuenta una de ellas, sus muchachos lograron ir a la universidad y defenderse con la profesión que hoy manejan.   

Nuestro ayerPor lavar una docena de ropa (doce piezas), ganaban tres colones, incluido el aplanchado, éste, realizado con planchas de hierro las que cargaban el calor sobre láminas también de hierro, puestas sobre los fogones o cocinas de leña; también utilizaron planchas a carbón, un poco más modernas que las anteriores.  

Las heroicas mujeres provenían del centro de Alajuela,  del Barrio La Agonía, El Llano, El Carmen;  muy conocidas en el gremio de lavanderas, doña María Barrantes, las hermanas Josefa y Dolores Soto, doña Irma, Dinorah y Elisa, ellas de apellido Oreamuno.  Buenas para madrugar, nacieron con el trabajo a cuestas;  su horario de seis de la mañana hasta las cinco de la tarde, excepto los domingos; pero se daban el lujo en invierno o fines de semana, en llevar a sus casas la ropa fina y elegante de personas con plata y profesión, entre ellos, médicos, dentistas, abogados y comandantes de la FuerzaPública, quienes eran vecinos del barrio El Arroyo y otras comunidades.    

Cada lavandera tenía como “propio” un alambre de unos veinte metros de largo que surcaba el galerón de madera, para tender la ropa; también utilizaban una zona enzacatada para el mismo fin. Había respeto y nadie abusaba del espacio y herramientas de cada una, aunque sí algunas rencillas por ocupar las pilas. 

El jabón en barra o en forma de bolas, lo adquirían en el Mercado Central de Alajuela, no era variado ni habían marcas por montones, como hoy.  En otros momentos, estas lavanderas o las que realizaban el mismo oficio en otros sectores alajuelenses – los lavanderos de La Maravilla, al norte de Alajuela – fabricaban  o sacaban el jabón de una frutilla amarilla que daba un inmenso árbol. Esta frutilla tenía en su interior una bolita negra, muy redonda y lisa, llamada por los niños “chumicos”, utilizados en los juegos tradicionales de “bolinchas” ( canicas, bolitas de vidrio) y chócolas. 

 

Irma Oreamuno Molina. 90 años.

Foto abril 2012.

La pulpa o cáscara de esta fruta, se introducía en un tarro de lata (muy prácticos eran los que traían manteca de cerdo)  disuelta en agua, se colaba en una manta,  obteniendo una grasa y espuma con rico aroma, similar al jabón. Así fue el trabajo de estas damas quienes usaron su ingenio para salir adelante. Mientras se enfrentaban a estas limitaciones; por otro lado, había en el comercio un ingrediente en polvo llamado “perlina”, utilizado para fabricar jabón, únicamente al alcance del bolsillo de la gente con  muchos colones y más oportunidades. 

Si no había facilidad para conseguir el jabón o muy caro para el presupuesto familiar, menos que existían cepillos para restregar las telas. Del maíz, inventaban los “cepillos”. La familia de don Chano Soto, auténticos campesinos y vecinos de los lavanderos, tenían una milpa o maizal. Las mujeres lavanderas recolectaban el elote que  expuesto al sol o fogón, endurecía los dientes o cavidades donde antes permanecían los granitos de maíz. Así, con este invento natural y barato, le “volaban cepillo” a las partes de las costuras o dobles en mangas, puños, cuellos de las camisas y ruedos de los pantalones, donde se escondía más la suciedad o polvo. 

Dice una anécdota en este gremio, que por confianza o seguridad, algunas lavanderas dejaban ropas propias o ajenas a la orilla de los arroyos “aguacereándose”, pero un día llovió tanto  hasta convertir el arroyo en un río, llevándose las prendas para siempre.     

Ya miramos y admiramos el lugar de trabajo duro de estas humildes trabajadoras, ahora observemos el lugar desde la superficie. Bordeado por una larga “barrera”, en forma de pretil o asiento con respaldar, confeccionada en cemento, varillas y ladrillo, a lo largo de unos setenta y cinco metros, frente a la carretera principal, continuando unos cuarenta metros hacia el oeste, limitando con varias casitas de adobes y maderas, propietario de las mismas un señor Córdoba. 

El pretil se utilizó para muchas actividades del pueblo: descanso, para esperar el bus o “cazadora” hacia Heredia o la Capital,  reuniones políticas, deportivas, tertulias de vecinos quienes acostumbraban en verano disfrutar de paz y tranquilidad, no faltaban al pretil don Filiberto Rojas, Abel Quesada, Luis Palma Soto, Toño Alfaro, Chano Soto, Lolo Molina quien era administrador  de una fábrica de candelas, ubicada frente al pretil oeste y muchos más señores y señoras de la época.   

Dos situaciones anecdóticas de este lugar, recuerdan los vecinos. Detrás del galerón de madera, pasaron sus años de vida y pobreza,  doña Sérvula, más conocida como la madre de “Miguelito Méquere”, inolvidable personaje alajuelense y otro a quien en Alajuela le bautizaron “Paracaídas”, éste, un señor muy alto, aficionado a utilizar sobre su espalda un montón de tiras o fajas. Como notamos, al alajuelense del ayer y a los de ahora, no se le escapaba alguna característica que podría servir para “rebautizar” a una persona.

La muerte trágica protagonizada por “Juan “Pelotas”, fallecido en este “guindo” al caer en sus aguas o peña, su padre don Mateo Soto, también conocido como “Pelotas”, accidente que vino a conmover a la ciudadanía alajuelense, posiblemente no acostumbrada a hechos repetidos de sangre y violencia en calles y hogares.

Por el inevitable progreso de la ciudad, este sistema de lavanderos  desapareció, el área fue clausurada, se entubaron las aguas y se sepultó el espacio. Hoy, luce hermoso el Parquecito de El Arroyo, estancia infantil que lleva el nombre “Estercita Castro Segura”, ejemplar educadora alajuelense. 

Hoy, desenterramos esta historia, ignorada por varias generaciones que ni siquiera sospecharon de la existencia de este escenario, lleno de valentía, responsabilidad, sacrificio, limitaciones en muchos sentidos, donde la mujer puso a prueba su empeño y amor por sus familias y Patria, lográndolo.

Fotografía de una pintura dedicada

a las lavanderas, ubicada en el par –

quecito de “El Arroyo”. 

 

Diccionario: 

Cerbatanas: Cañuto en que se introducen bodoques u otras cosas (bolitas de arcilla) para hacerlas salir violentamente, soplando por uno de sus extremos. 

Aplanchar: aplanchado, planchar. Conjunto de ropa por aplanchar o ya planchada. 

Elote: mazorca tierna de maíz.

Motetes: envoltorio, atado. 

Jaboncillo: (Sapindus saponaria). Los frutos son bayas redondas de 15 mm de diámetro, color café lustroso, que contienen una pulpa pegajosa y una semilla de 1cm de diámetro, redonda y negra. Son venenosas. La pulpa de los frutos contiene gran cantidad (30%) de una sustancia llamada “Saponina”. Al estrujar los frutos estos hacen espuma que antes se usaba como jabón para lavar ropa, de ahí el nombre “jaboncillo”.

Perlina: polvo especial para fabricar jabón. 

Méquere: Personaje de Alajuela, quien tenía dificultad para pronunciar las palabras. En lugar de “miércoles”, decía “méquere”; “jueves”, decía “juéveres” y así con todas las palabras que él conocía. Su nombre Miguel, de ahí fue conocido como “Miguel Méquere”. 

Bolinchas: canicas, bolitas de vidrio.  

Candelas: Vela para el alumbrado, útil por la falta de electricidad.

Aguacereándose: llevar agua de lluvia.

Publicado julio 12, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

San Caralampio llanero…   Leave a comment

CaralampioProtector contra las pestes, enfermedades y hambre…y en su lugar, Paz, Pan y Salud.

San Caralampio nació en Lidia, Asia Menor, en el año 90 de nuestra era. Discípulo de San Juan Evangelista y San Policarpo, insignes Maestros que lo condujeron a la dignidad sacerdotal.

Su santoral se celebra el diez (10) de febrero, como “Caralampio Obispo Mártir”. En tiempos del Emperador Severo (194-211) fue acusado de peligrosidad para la seguridad del Imperio, al provocar rebelión en el pueblo,  quien  admiró y se unió a su causa, convencidos de su resistencia física- espiritual y su decisión de propagar las enseñanzas de Jesús, ante amenazas, torturas y persecución.  Por tal condición, en plena tortura física, manifestaba que a su cuerpo nadie le causaría daño ni dolor, porque “no hay más dulce a mi Corazón que ser perseguido en el Amor de Cristo”, lo gritaba con voz fuerte para que todos escucharan, incluso su principal torturador y asesino, el emperador.

Su vida heroica, limpia, sagrada y ejemplar, hizo eco en muchos pueblos, sin excluir al nuestro, el Barrio Concepción El Llano, Alajuela, en Costa Rica. Un señor atendió su llamado para servir a su comunidad.  Aquel señor,  lleno de Dios, junto a su esposa Josefa Caballero, “Josefita o Chepita”, como la conocimos siempre, hicieron llegar las enseñanzas y ejemplo milagroso de San Caralampio, representadas en una imagen de madera, de regular estatura.

Testigos o manifestaciones orales del pueblo, ratifican que el sacerdote de apellido Caballero, de la iglesia de San Mateo,  primo o tío de Josefita, regaló la imagen a don Eberto, estableciéndola en la iglesia de El Llano, con el consentimiento de los sacerdotes Redentoristas del Templo de La Agonía (Santuario de Santo Cristo de Esquipulas).

Dice la historia, que don Eberto Cordero Ramírez, en 1948, la trajo desde un pueblo de Costa Rica, San Mateo, (Cantón número Cuatro) de la Provincia de Alajuela, al Templo de la Concepción, en la barriada El Llano de Alajuela (lo que llamamos hoy la Ermita de El Llano, Patrimonio Histórico Arquitectónico y Cultural de Costa Rica, 24 de enero 2000) donde se convirtió para la comunidad, como su Santo Patrón, junto a la Virgen de la Concepción, Patrona de la iglesita y pueblo llanero.

Imaginamos a don Eberto, apuntado al traslado de la imagen, en el tren eléctrico al Pacífico, desde Orotina. Al cuidado de la imagen para que no sufriera algún deterioro, hasta llegar al punto establecido por él.

Y es que para esta comunidad, el haber recibido al nuevo habitante, era un privilegio porque, dicen los escritos, Dios habría concedido a Caralampio que “dónde se depositaran sus reliquias o se celebrara su memoria, no hubiera hambre, peste ni aire alguno contagioso”.Llano 9

Ellos, don Eberto y Chepita, se convirtieron en los promotores de este acontecimiento sagrado  y gran devoción de un pueblo, quién recibió innumerables milagros, por su convicción en el Santo. Fue evidente su mano santa y protección hacia las comunidades, hacia la gente, en momentos de mucha angustia, desolación, llanto, enfermedad y muerte por la epidemia de la “Polio” o Poliomielitis, una gran tortura para el pueblo, atacando la niñez, sin ninguna compasión.

Hoy, en el 2017 y años atrás, la devoción al Santo se ha evaporado. El pueblo y la misma iglesia católica, van perdiendo su Fe y la vigencia de las tradiciones.  Así, otras prácticas o abandono de las tradiciones y fe, van decayendo y desapareciendo.

Actualmente, sobreviven muchas familias donde algún integrante fue víctima de tan terrible mal, entre ellas recordamos a nuestros vecinos: Familia Valverde Vargas, habitantes en el Barrio La Agonía de Alajuela. Ellos y muchas familias, recuerdan estos tiempos de angustia y dolor, pero con Fe en los milagros del Santo.

Nos relata, Cecilia Valverde, con mucha emoción: “Mi madre, Olga, gran devota de San Caralampio, intercedió en nuestra familia por la sanación de nuestro hermano José Francisco, fue un verdadero milagro y hoy lo tenemos, más de medio siglo después, sano y también devoto del Santo, hoy disfruta de su familia, sus hijos y nietos, libres todos de tan terrible epidemia…”

Así como la familia indicada, otras familias al recibir la protección de San Caralampio, brillaron de alegría, como es el significado del Sagrado Nombre, Caralampio… “Brilla de Alegría”…

CaralampioNo olvidan los momentos en las comunidades de El Llano y La Agonía, a las gentes en las procesiones con la imagen milagrosa del Santo de “barbas largas”, alzada por fieles devotos, pidiendo, rogando, la sanación de sus habitantes, de sus hijos y librarlos de la muerte y enfermedad. Estas procesiones con mucha asistencia, organizadas por don Eberto, con el colorido de las flores, con niños portando vestimenta similar a la del Santo, llenas de música ejecutada por la “Banda Militar de Alajuela” o con la presencia de la alegre cimarrona, un pueblo que hizo camino al andar cargando con una verdadera devoción por las calles y hogares…devoción que ya casi no existe.San Gerardo LN.

Una de las famosas actividades en Honor al Santo, fue el 14 de febrero de 1958, el comercio cerró sus puertas, como señal de respeto religioso, la Santa Misa a cargo del Padre Redentorista De Prada, mientras la Comunión de fieles fue numerosa, vistiendo la Iglesia de La Concepción El Llano sus mejores galas, con visitas de fieles de otros lugares, especialmente capitalinos  en sus lujosos autos, sin faltar las limosnas al Santo por los milagros y favores recibidos. Así era el ambiente en nuestra comunidad,  llena de Fe, respeto y tradiciones.

Qué hermoso sería volver la devoción y tradición popular en El Llano de Alajuela, tener presente de nuevo a San Caralampio, en lo que hoy es la Ermita de El Llano, lugar original elegido por don Eberto…

¿Por qué olvidar las tradiciones y Fe de nuestro pueblo?…

Texto local, tomado del testimonio oral, vecinos de El Llano, La Agonía y otros lugares o comunidades de Alajuela, Costa Rica. Centroamérica). Texto sujeto a ampliación o corrección, según más información ofrecida por testigos de estas comunidades.

Sacerdotes con Eberto

Don Eberto Cordero Ramírez, está presente, con el grupo de sacerdotes.

Primero de izquierda a derecha. Este hermoso mural, Iglesia La Agonía,

Alajuela, Costa Rica, Centroamérica.

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Un sector del Mural, Iglesia La Agonía, Alajuela, Costa Rica. C.A.

Don Eberto Cordero Ramírez, primero, de izquierda a derecha, arriba, de pie.

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Don Eberto Cordero Ramírez

Historias relacionadas con la anterior:

BAGACES, GUANACASTE. En 1856 el “cólera” azotó Guanacaste y Costa Rica, con grandes estragos en Bagaces. Aquí, el Padre Casas organizó una Misa solemne para implorar el alejamiento de la peste del cólera, mortífero. El pueblo escogió a sus dos grandes protectores La Purísima Concepción de María y a San Caralampio (igual a El Llano, de Alajuela), para la lucha por la salud del pueblo. El 5 de junio se decretó la memoria a San Caralampio en este lugar de Guanacaste… (Texto tomado en la Internet).

SAN MATEO, ALAJUELA. Devoción en San Mateo, hace más de un siglo. El lugar era el paso principal de carretas hacia el Puerto Puntarenas. También el paso de los ganaderos que traían arriado el ganado desde el Norte y se dirigían a la Capital. Una ruta de paso importante para el país. En la plaza, el lugar del sesteo, donde existía un enorme árbol de cenízaro. A este árbol, se acercó un boyero con su hijo enfermo. En su carreta siempre llevaba la imagen de San Caralampio, pero en esta oportunidad dejó la imagen olvidada al pie del árbol. Quién la encontró la llevó a la parroquia, adoptándola el pueblo de San Mateo como su Patrono. El 10 de febrero se celebra la fiesta al Patrón San Caralampio… (Texto de Laura Serrano).

Oración a San Caralampio:

Dios, Señor Omnipotente,

en cuyas manos están vida y salud

de todos los hombres,

por los méritos e intercesión de vuestro siervo,

el bienaventurado San Caralampio,

presbítero y mártir, a quien concediste

en premio de su heroica fe y constancia

en defender tu santo nombre,

que donde estuviesen sus reliquias

o se celebrase su memoria,

no habría hambre, ni peste,

ni aire alguno contagioso:

te suplicamos humildemente,

que venerando la memoria

de su martirio y admirables virtudes

acá en la Tierra, merezcamos vernos libres

de toda infección de alma y cuerpo,

Y después gocemos en el Cielo en

compañía, por los méritos de Jesucristo

Señor Nuestro, Hijo Tuyo,

que vive y reina contigo,

Juntamente con el Espíritu Santo, Dios.

Por todos los siglos de los siglos,

AMÉN…

ADELA

 Iglesia El Llano (Ermita), hace 70 años, aprox.

Del libro VIVENCIAS DE NIÑEZ Y JUVENTUD…de Carlos “Caliche Zúñiga”, una anécdota de nuestro pueblo, dedicada a San Caralampio.

Desde muy pequeño, me ha dado por jugar a escultor. Un día, estando con Serulio Álvaro Solano, con el barro que quedaba en la esquina de la pulpería y que era dejado por las partidas de ganado que pasaban por el barrio , empezamos a hacer muñecos para matar el tiempo y pasaron las hermanas Chavarría y viendo al que yo casi terminaba, me dijo:

“¡De verdad que se parece a San Caralampio!”

Entonces , comenzó a darme vueltas la imaginación y me dije:  “¡Aquí está el negocio!”

En el pretil de la casa de los aguelos, que daba a la calle del macadán, a veces se desprendía alguna piedra, quedando un hueco simulando una gruta. Yo con anticipación veía a las viejas creyenceras echando una limosna al Santo.

Aquella imagen con el sol, se fue endureciendo  y poco a poco, se le cayó la nariz, las manos parecían de un enfermo de lepra. Daba lástima aquella obra de barro.

Pasé quince días esperando que la lata de sardina se llenara de dinero, nadie se fijó en la destartalada imagen.

Los tíos que estaban a la mira de arreglar cualquier anomalía de la vieja casa, pusieron de nuevo la piedra caída, tapando la gruta y con ella el santo que no  hizo el milagro de llenar la alcancía…

Publicado mayo 2, 2017 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Votos y Actas en la pulpería…   Leave a comment

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Cuando la mesa electoral o Junta Receptora de Votos, recibe el veredicto del pueblo por conducto de las urnas electorales, confecciona un acta con el resultado, firmada por los miembros de mesa de los partidos allí representados.

Me correspondió con todo orgullo formar parte de un grupo de compañeros representantes del Tribunal Supremo de Elecciones en varias elecciones generales. Recoger el voto emitido, en sacos, debidamente sellados y las actas (copias) con el resultado, de las juntas receptoras de votos, hace varios años.

Lógico que la tecnología era otra, diferente a lo que tenemos hoy. Para comunicar el resultado escrito en las actas, debía llamar por teléfono o utilizar el llamado “Bipper” (tecnología antes de los celulares), a los encargados en la sede del Tribunal Supremo de Elecciones, quienes recibían el informe de votos.

Allá, en un distrito de Puriscal, San José, visitar la pulpería del lugar, un día de elecciones, por supuesto, hacer una pausa para disfrutar de un delicioso refresco o un cafecito con algún pan o repostería, para agarrar fuerzas. Utilizar el teléfono público  “administrado” por el propietario del negocito, siempre con visitas y más ese día, lleno de comentarios de uno y otro color político, cada uno con su tema,  con calor de pueblo, contrarios en ideologías, pero amigos y vecinos del mismo barrio o comunidad.

En un aposento pequeño de madera, con rendijas, iniciamos la lectura del resultado electoral de varios distritos del Cantón indicado, a la sede del organismo electoral…”mesa número tal, 10 votos para fulano, 5 votos para sutano, 40 votos para el otro, tantos votos en blanco…” Este gran trabajo en manos de decenas de compañeros del Registro Civil y el Tribunal Supremo de Elecciones, por todo el territorio nacional.

En cuanto a la pulpería, recuerdo a un grupo de contertulios, preguntar quién había ganado la mesa del lugar o mesas de otros lugares de Puriscal: “Oigan, amigos del Tribunal, quién ganó esta carajada?”

Con una sonrisa les decía: “La democracia, señores”. Pero cuidadito si alguno no estaba “parando las antenas”, para escuchar mi voz, por las rendijas, dando la votación, simultáneamente con el organismo electoral. Si fuera así, nunca pasó a más.

Mientras el T.S.E por conducto de la televisión hacía llegar los resultados al pueblo, los votos en sacos plásticos caminaban en carros, camiones, hacia la capital, en plena noche o madrugada.

Hoy, un partido político hace la convención electoral interna y al dar el veredicto de la ciudadanía, no encuentra las actas porque éstas están depositadas en el interior del saco.

En nuestro caso, el Tribunal Supremo de Elecciones adiestra correctamente al ciudadano miembro de mesa y otros puestos para que su funcionamiento sea eficiente, rápido y transparente. Posiblemente, en el transcurso electoral habrá errores, pero los mínimos.

Recuerdo cuando muy jovencito, menos de la edad para votar, ver sobre el ropero de mi casa, casona de paredes de adobes y techo entejado, con piso de tierra, una caja con documentos electorales, para una elección de presidente. “¿Qué es eso?” le pregunté a mi madre, quien se preparaba para ser miembro de mesa y era la encargada de guardar la documentación en la casa.

“Algo muy delicado, es para que votemos mañana en las elecciones”, recuerdo sus palabras. Ya en la madrugada, se alistaba para asistir a la escuela del lugar, junto a otros miembros de mesa.

Por mi trabajo en la Institución mencionada y el ejemplo de mi madre, cada proceso electoral en mi país, gane quien gane, lleva mi reconocimiento por el valor Patriótico, Cívico, Democrático de nuestro pueblo. ¡Claro, un trabajo delicado! Es la voluntad de un pueblo manifestada en las urnas electorales y representada por el trabajo hermoso, transparente de una Institución Tribunal Supremo de Elecciones-Registro Civil, apegada a las leyes correspondientes y al sentir de un pueblo…

Hoy, otros funcionarios jóvenes hacen el trabajo, posiblemente con métodos más modernos, pero siempre con la esencia de servir a la Patria…

 

Publicado abril 6, 2017 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

“Las galletas de Nayo”…recordemos una anécdota de los chiquillos de antes.   Leave a comment

Don Reynaldo Bravo Molina, “Nayo Bravo”, para toda la comunidad alajuelense, cuando le urgía realizar algunas compras o “mandados” en el centro de la Ciudad o en el barrio, buscaba a la persona más de confianza, para dejar en sus manos la administración o cuido del popular establecimiento, su pulpería. Ésta, ubicada en la esquina sur-este de la Iglesia La Agonía, en Alajuela, en plena avenida central de la ciudad.

Una centenaria edificación, como la Ermita de El Llano, con techoCantina Nayo 1 entejado y paredes de adobes y bahareques. En un sector de la misma, don Agustín Bravo, su papá, había instalado la popular “pulpería y cantina”, muy visitadas por los vecinos; unos, a comprar las necesidades del hogar y alimentación,  y otros, especialmente varones, clientes o necesitados de un “calentamiento interno” con una bebida, cerveza, un trago de vino o simplemente un guarito. Sin faltar la tertulia.

“Usted, chiquillo, le encargo el cuido de la pulpería, ya vengo, por favor…”

El establecimiento o negocito, siempre con pan en sus urnas, galletas dulces, azúcar, mantequilla, salchichón, tosteles, polvorones, cajetas, helados, refrescos gaseosos y otros productos de uso diario en los hogares.

Advertía al niño, no pasar el límite con la cantina. El chiquillo, más o menos de unos diez años de edad, mostró siempre entusiasmo por el aprecio y confianza que Nayo tenía en él. La ausencia del señor no era por mucho tiempo, eran salidas rápidas pero urgentes para los intereses de don Reynaldo.

Nada más,  Nayo decía: “venga, mi vecino, le encargo la pulpería, ya vengo, no tardo,”. Al rato regresaba con una bolsa de mecate, una caja de cartón, libros o algunos papeles.

Entre la variada mercadería de la pulpería, la más apetitosa para el joven escolar, eran las galletas color amarillo huevo, con el nombre “Yemitas”, en el centro de cada galleta. Muy conocidas, deliciosas, perseguidas por niños y adultos. ¡Es qué sabían a gloria, acompañadas con cafecito, con refresco gaseoso o solitas!

Sobre la ancha y larga urna, siempre uno, dos o tres recipientes de vidrio, con tapa de madera, especiales para depositar y mantener fresquitas decenas de rosquillas, confites y otros productos. En uno de los vasos, montones de galletas, unas sobre otras, formando varias columnas a la vista de todos los clientes. Para la vista y paladar del niño, el vaso con galletas color yema, similar al color del huevo en su interior, fue su gran tentación.

Los niños de hace muchas décadas, de muy escasos recursos económicos, no manejaban dinero para comprar sus antojos. Un diez, un cinco, un cuatro, una peseta…esto era mucha plata, pero aquel muchachito obtendría alguna moneda o monedas al regreso de su “patrón” y así disfrutar de un refresco, chocolates, confites, cajetas u otras cositas, presentes en las estanterías, en la refrigeradora, en las urnas o vasos.

En una de las salidas de Nayo, que no eran todos los días, el niño no aguantó la “dieta” y quitó la tapa del recipiente, con cierto nerviosismo, sin la presencia de Nayo. “No, mejor no, sin permiso, no…”, sintió que una voz le aconsejaba. Y la regresó a su lugar, cerrando el vaso de inmediato.

Minutos más tarde, la tentación no se hizo esperar y terminó con tres galletitas,  devoradas hasta ir a parar al estómago.  Al regresar, su intención era de inmediato manifestarle su acción, pero  don Reynaldo, se adelantó, depositándole en la bolsa de su camisa una o dos monedas…”vaya tranquilo a su casa, tranquilo”, le dijo.

“No, don Nayo, no me dé dinero, me comí tres galletas yemitas, mientras Usted no estaba”. “¿Y qué tiene qué ver eso?”, le preguntó.

El niño sintió que don Nayo se iba a poner muy furioso, tan  “bravo” como su apellido, manifestando las quejas ante su madre, por tomar las cosas sin permiso, pero la reacción fue diferente. Don Nayo abrazó al jovencito felicitándolo por su honradez: “Venga acá, chiquillo, qué vecino más bueno, cómase las galletas que quiera y vaya a su casa”, le manifestó con mucha alegría…

Siempre recordamos la acción de don Reynaldo Bravo y el muchachillo. Dos manifestaciones de humildad y ejemplo de buenas costumbres.

Cuando vemos malas costumbres o actos innobles y corruptos de muchas gentes que, teniendo el control de dineros y bienes, abren la tapa de estas fortunas y sin temblor en las manos y mente, pero con el bolsillo lleno, disfrutan de riquezas que no le pertenecen. Malversación de fondos, peculado, enriquecimiento ilícito y más actos corruptos. ¡Todo se lo comen y ni “colorados” se ponen!

Mucho tiempo después, la edificación fue víctima de un fuerte terremoto, convirtiendo sus paredes en polvo y recuerdo de lindas historias.

El niño de esta anécdota, es quién la escribe…casi seis décadas después…

 

(Nota: texto sujeto a ampliación, con otros datos)

Publicado abril 5, 2017 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Un zapatero alajuelense…   Leave a comment

Gilberto Álvarez Molina, a la fecha, tiene en su saco ochenta y dos años de edad. En 1948, él y familia, habitaban en el Barrio San José de Alajuela, distrito Segundo.  Su papá, don Gilberto Álvarez Sibaja, el conocido “Negro Álvarez”, administraba como herramientas de trabajo, dos carretones con sus respectivos caballos, utilizados para transportar o cargar materiales de construcción y otros. Así ganaba el sustento para la humilde familia.

A diario,  recorría el camino o callecillas de barro desde el pueblo, hasta el centro de la ciudad Alajuela, un duro recorrido de casi cuatro kilómetros.  Bien tempranito, salía a las seis de la mañana, hasta ver el sol escondiéndose, regresando con  algún dinero, gracias al esfuerzo que le ponía al trabajo y al esfuerzo de sus grandes amigos, los caballos.

Igual a centenares de familias costarricenses, con muchas limitaciones económicas, salieron a flote, sin lujos, a puro sacrificio.

Muy jovencito y con el ejemplo sentido en carne propia,  inició la gran lucha por la vida. Gilberto, casi con quince años de edad, decidió “meter el hombro” a la familia y no dejar toda la responsabilidad al señor de la casa.

Como meta, continuar en las aulas de estudio escolar, hasta concluir la educación primaria para luego aspirar a más estudio y obtener  una profesión.  Mientras, hallar un trabajo en la ciudad y sus objetivos. Inició la caminata hacia otros horizontes.

Lo primero, concluir la enseñanza primaria porque le faltaba aprobar el sexto grado,  no incluido en la escuela del lugar.  Por fuerza, tenía que asistir a un centro educativo de la ciudad alajuelense y aprobar ese grado escolar. La inscripción la realiza en la Escuela Ascensión Esquivel  Ibarra, logrando el objetivo. Y no fue tarea fácil. A pie, siguiendo las huellas de su padre y caballos, hizo el mismo recorrido todos los días, descalzo, hacia la escuela y su hogar.

Descalzo, porque no tenía dinero para cubrir sus pies, el trayecto hacia el nuevo horizonte, era a pie, a “pata pelada”, ida y regreso. Esta situación, muy común en la niñez de nuestro país. Muchos como él, no lograron estudiar más y ver truncadas sus aspiraciones. Con el título en mano, el Diploma de Conclusión de Estudios Primarios, le permite, por lo menos, defenderse un poco mejor, porque ya sabe leer y escribir, importante para un trabajo, en esos tiempos.

Mira en el horizonte, la posibilidad de aprender un oficio y así conseguir trabajo. El trabajo de la zapatería. Le entra de lleno al oficio de zapatero  e inicia el aprendizaje donde Rigo Oreamuno, zapatero y propietario de una zapatería con mucho prestigio en la ciudad. Aquí, muy jovencito, sigue al pie de la letra, las enseñanzas de don José “Chepe” Mena, un maestro zapatero, su primer instructor en el arte de la confección de calzado.

Pasados dos años, ya confeccionaba calzado pequeño, para niños, los llamados “zapatos romanos”. El taller de Oreamuno le dio trabajo y apoyo durante seis años, hasta buscar otro horizonte económico porque tenía la posibilidad de aumentar el ingreso de sesenta colones por semana a noventa colones, en el taller de Juan María Vásquez.  Tiempo después, el  taller de Oreamuno, fue ubicado en otro sector de Alajuela.

Con mucha más experiencia, el joven zapatero alajuelense fue a más en su oficio, logrando ingresar a una fábrica grande, como decir una universidad si la comparamos con un taller pequeño, llamada “El Progreso”, cerca del INVU Las Cañas, al sur de la ciudad. La gran ilusión fue progresar en el trabajo  con su oficio en la gran fábrica, pero el destino fue otro. Aquí laboró únicamente cuatro meses, debido a la inclusión de tecnología en la fábrica con maquinaria moderna, aparatos que vinieron a sustituir el trabajo manual de muchos trabajadores, muy bien aprendido en talleres artesanales.

Sin trabajo, reinicia de nuevo su carrera. Volvió a talleres de zapatería, muy conocidos. Zapatería Montoya, Jorge Lee (Chino Lee), Los Vega, Carlos Segura y otras, donde estuvo catorce años, entre una y la otra. También existían la de Beto Porras, Tulio Castro y la de Chicha.

De tanto andar de taller en taller, siempre adquiriendo más experiencia, decide algo propio y se declara independiente con la fundación de un tallercito en su casa de habitación, estableciendo la “Remendona” propia, con la compañía de algunos familiares y su madre de ciento y un años de vida, doña Gloria Molina, en su casita.

Hoy, con ochenta y dos años, sigue laborando, hace más de dos décadas, sin jefe, sin compañeros, sin tocar puertas de un lugar a otro. A pesar de sus dolencias físicas, don Gilberto continúa con la zapatería, hasta que Dios decida, porque ÉL, dice, “es el dueño de todo lo que nos rodea y nos suceda”. Un trabajador lleno de Dios y trabajo.  Confía en el Ser Supremo para que le dé muchos años de vida y trabajo al lado de sus familiares, hasta llegar a tocar la puerta de la Mansión Celestial…también como zapatero…

 

Fábricas, remendonas y talleres de zapatería, antes y  después de 1948. Datos suministrados por don Gilberto.

  • En El Llano de Alajuela, detrás de la Ermita, don Misael Alfaro, tenía la fábrica de zapatos. 
  • En El Llano de Alajuela, vecino de don Misael, Moma Artavia, confeccionaba zapatos tipo “Volteados”(?). Hoy, sigue la tradición, su hijo Sergio Artavia.
  • En la conocida “Calle Real”, centro de Alajuela, esquina de los bomberos, se estableció “Chepito”, con la remendona durante más de 30 años.
  • En la misma calle, don José Duarte, “Chepito padre”. Tienda de calzado de Chepito Hijo. Zapatería con más de 60 años de existencia.
  • Taller de Rafa Rojas (falta dato).
  • En el corazón de la ciudad de Alajuela, por la “Bomba 76”, la famosa remendona de “Los Chizas” González.
  • Vecino de Los Chizas, estaba la zapatería del señor Blandino  y la zapatería de El Chino Ly.
  • Zapatería Cano, sobre la Calle Real, Alajuela.
  • Mercado Central, a un costado (?), posiblemente Sur, el taller de Joaquín Arrieta.
  • Parque Juan Santamaría, 50 metros al norte,  don Segundo Lazo, trabajador de mucho
  • prestigio, llegó procedente de Nicaragua, en el año 1936.
  • Parque Juan Santamaría, cerca un hotel llamado Juan Santamaría, en el hotel trabajaban unos señores de Nicaragua. Zapatos Zepello (aclarar datos).
  • Zapatería de don Carlos Arroyo (falta ubicación). J.S
  • Zapatería de don Rubén Arce (falta ubicación).      J.S.
  • Costado sur Corte Suprema de Justicia, en unas casonas de adobes, don Aníbal Solórzano, trabajaba con sus hermanos.
  • Vecino del famoso bar “ZanZi bar”, cerca del Parque Juan Santamaría, la zapatería de Walter Alfaro.
  • En el Barrio La Agonía, la fábrica de zapatos de don Adrián Bravo y hermano.
  • En el Barrio La Agonía, la remendona de Paulino Soto Córdoba, “Cusuco”.
  • Barrio El Carmen, Alajuela, Juan María, conocido como “Cuechitas”.
  • Barrio El Tesoro (?), sector Calle Ancha, el taller del señor Mayorga.
  • Taller y zapatería del Señor Madrigal (ubicación?).
  • Barrio El Arroyo, Alajuela, remendona de Los Vegas.
  • Alajuela, centro, taller y zapatería de don Rodrigo Oreamuno.
  • Alajuela, centro, la zapatería de don Elías Alfaro.
  • Alajuela, centro, de la cárcel de Alajuela, 200 metros norte, hoy Museo H.C.J.S, la zapatería de don Humberto Porras, quién confeccionaba los zapatos a la Liga Deportiva Alajuelense.

 

(Datos obtenidos de una conversación con don Gilberto hace unos dos años y hoy, repasando algunos aspectos de su vida laboral.  Abril 2016)-

Publicado abril 20, 2016 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Don Iván Molina Molina, músico alajuelense   2 comments

 

Nació el 10 de enero  de 1933 en la Provincia de Alajuela,  por lo que fue fiel seguidor del equipo de sus amores  la Liga Deportiva Alajuelense.

Cursó  estudios  en la Escuela Ascensión Esquivel Ibarra   hasta el  3º  grado.

Vivía en El Brasil de Alajuela, donde hoy se encuentra El Hogar de Ancianos Santiago Crespo Calvo. Realizaba actividades como cortar y picar pasto, bañar caballos y recoger agua de la acequia porque no había potable, ya que  su padre Efigenio Molina Alvarado más conocido como “Changui”, se dedicaba al trasporte de carga  en carretón,   llegando a tener 2 carretones y 3 caballos.

Su madre María Molina Santamaría, prima  segunda del Héroe Juan Santamaría,  se dedicaba a labores domésticas  dentro  de una familia  numerosa,  pues eran 7 hijos.

Parte para San José en el año 1947 a la edad de 14 años a realizar estudios en la Escuela de Música, siguiendo la trayectoria de sus hermanos mayores Hilmar, Mildey y Alvaro. Se dedicó en forma exclusiva a la trompeta y llegó a ser  instructor de persecución en forma simultánea.

Recibían clases de música  en el Antiguo Cuartel de Artillería, ubicado a un costado de la Penitenciaría Central  (La Peni, conocida popularmente) hoy El Museo de los Niños y tenían que desplazarse para  comer al Cuartel Bellavista, actual Museo Nacional.  En 1948 cuando inició la Revolución eran enviados al Cuartel Bellavista  poniéndose a la orden de los Comandantes del Cuartel para  realizar los toques de ordenanza, que eran a la 5:00 a.m. para levantar los soldados,  a las 6:00 a.m.  izar  la bandera, 12:00 m.d. y 6:00 p.m. para bajar la bandera.

Durante toda su niñez siempre anduvo descalzo, al ingresar a la Escuela de Música estrenó  su primer par de zapatos.

En la Escuela de Música, la costumbre era darles un par de zapatos cada 3 meses y uniformes  para uso de la semana,  que era pantalón gris, camisa manga larga gris y cachucha o gorra del mismo color. El otro uniforme era de gala y se componía de pantalón, guerrera y kepis azul que se usaba en actos solemnes como Semana Santa, 11 de abril, 15 de setiembre, funerales y recibimientos de visitas importantes.

Estando de servicio en el Cuartel Bellavista entró el Comandante en Jefe de la Revolución, don José Figueres  Ferrer,  con sus tropas para época de Semana Santa,  tomando el cuartel a su mando.   Solicitando realizar toques de ordenanza,  el joven Iván Molina se aprestó  a realizar lo que le correspondía.  Al ver Don Pepe al joven preguntó  “¿quién es?” y al responderle que era estudiante de  música, don Pepe  tomó  la decisión de  sacar a estos jóvenes  de los cuarteles, dando la orden de ubicarlos en  otro lugar,  trasladando la Escuela de Música a una casa cerca del Teatro Líbano donde funcionó por 3 años  trasladándose  luego cien metros al sur de la Prensa Libre.

Sale de la Escuela de Música a los 18 años donde lo nombran 2º trompeta en la Banda Militar de Alajuela al mando del Director don Carlos Torres Solano,  donde recibe el apodo de sus compañeros de “Pelícano”,  permaneciendo en ésta durante  41  años hasta el día de su jubilación en el año 1992.

Tuvo como jefe a  varios directores,  entre ellos don  Antonio Carballo  y don Marco Tulio Corao Velásquez.

Durante este tiempo alternó su vida profesional con la Orquesta Siboney por más de diez años al  lado  de su director y hermanos Ilmar  Molina , Mildey Molina  y Álvaro Molina.

También formó parte de grupos consolidados como la Orquesta Maribal  y Mariachi Tequila,  actuando como refuerzo con otros grupos de la época.

Después de su pensión formó  parte de la famosa Cimarrona Santa Bárbara conformada por diez  músicos de vasta experiencia en bandas  y orquestas.

En el año  1995 forma  la Cimarrona Los Pelícanos, que luego son llamados a amenizar el Programa  “Venga Venga a T.V. Mejenga”,  donde recibe el apodo cariñoso  de “Papá Pelícano”,   continuando  en  la dirección de la  misma  donde compartió con su hijo mayor Iván Molina Gómez, su hijo menor Eddy Molina Gómez  y su sobrino Alejandro León  Molina, hasta el último momento de su vida dando oportunidad a muchos jóvenes  talentos, copiando música y  rescatando  muchos temas tradicionales.

Papá  Pelícano descansa en la paz del Señor el día martes 06 de marzo del año 2010,  dejando un gran legado y una estela de servicio y amigos.

 

Importante: Este escrito es donado por un familiar de Pelícano, para su publicación en http://www.adobe49.wordpress.com

 

Canción dedicada a la madre de los músicos, María Molina Santamaría. 

“Doña María”. Pasillo. Música: Marco Tulio Corao. Letra: Iván Molina, hijo.

Por el caminito de pedrín

Saluda a su carretonero

Changui, changón.

Que entre chiste y chiste

Arrea su carretón.

—     —    —-  —-

En el remanso del río lava María

Flores multicolores adornan su delantal

Dulce y alegre canta una melodía

Entorno todo se embriaga de olor a mangal

—      —      —-    —-

Madre siempre te sueño

De tus labios nunca escuché una queja

Caricias me diste cuando era pequeño

En el Cielo sé descansa mi Vieja.

—      —      —-     —-

A su alrededor todo es música y pasión

Al Gordo, pelotas, pelícano y pelón

Toda Alajuela reconoce su pregón

El Llano, los recuerda entonando esta canción.

 

Publicado abril 15, 2016 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Nuestro barrio Concepción El Llano, Alajuela, la Ermita y una pincelada de su rica historia   Leave a comment

Hoy, don Juan María  Sibaja Díaz, tiene 73 años.  Hace seis décadas,  formó parte de la chiquillada en El Llano de Alajuela, con los equipos de niños futbolistas,  orientados por don Luis Alberto Fernández Sibaja, más conocido como “Prenti  o Prentin”.  Uno de los hijos de don Juan,  vio en mi facebook la fotografía de su padre, cuando era niño. Don Juan me hizo la invitación para que lo visitara en su casa de habitación. Entre otras historias, se refirió a don Luis Alberto y su dedicación a la niñez en el campo deportivo y espiritual. Le formulé algunas preguntas y con mucha seguridad, recordó:

“En la plaza de El Llano, jugamos con bolas de coyunda. Yo utilizaba un pañuelo en la cabeza para mitigar el dolor, debido a la dureza del material con que estaban confeccionados los balones, en esos años…

“Hace unos sesenta años, participamos niños de 12-13 y 14 años, edades permitidas porque ya con 15 eran pasados de edad…

Los uniformes eran muy sencillos, confeccionados por la madre de “Bacalao” (fotógrafo alajuelense). De tela no de buena calidad, camisas con botones, es que fuimos muy pobres, no teníamos otras opciones…

“Yo utilicé unas tenis viejas, casi nadie utilizó zapatos de fútbol, también jugamos descalzos. Tenía los dedos hinchados de pegarlos en los matones de zacate. Mi madre me decía: “no vaya a jugar así, hasta que tenga los dedos deshinchados, obedecía a mi madre…

“Existía mucho entusiasmo o “fiebre”, por jugar en la Plaza de El Llano, nadie se iba para la casa hasta aparecer la luna que con su iluminación, continuamos jugando…

“Don Luis Alberto Fernández nos ordenaba: Ir primero a la Misa en la Ermita de El Llano y luego ir a traer las cositas para jugar;  era un señor muy estricto, no permitía bromas pesadas, malas palabras, buen comportamiento en todo lado…

“Juguemos a no perder, nos daba mucho ánimo, los de la banca no se molestaban porque todos tuvimos oportunidad de jugar, aunque fuera diez minutos…

Le pregunté por don Lito Sibaja, quién administraba la Ermita de El Llano, Alajuela. Entre sus responsabilidades fueron: encalar las paredes de adobes, organizar los Rosarios a la Virgen, arreglar  los jardines, limpieza, controlar las alcancías, las mascaradas y otras funciones.   Don Juan, recuerda:

“Don Lito me dio la oportunidad de salir vestido de Giganta. Lo hice descalzo. Por accidente, alguien me empujó y caí con todo en un caño. La mascarada se quebró y don Lito se enojó, pero después me ofreció salir de “Diablo”, mascarada preferida de la gente y portarla un privilegio…

“Don Lito, fue enfático: A Usted lo nombro como Diablo, pero debe ponerse zapatos, no debe salir descalzo.  Un vecino me prestó una botas, pero con el correr y el calor, me molestaron demasiado, las dejé guardadas donde otro vecino y don Lito me vio descalzo. Se enojó mucho, diciéndome que yo no sería más el  diablo.  A encargo de don Lito me encargó que visitara el Rastro (donde sacrificaban el ganado y otros animales) y pidiera una “vejiga de chancho”, porque es muy importante que el Diablo lleve este implemento para golpear a la gente, adultos y niños…

Le pregunté a don Juan cómo era el Diablo en El Llano de Alajuela: “Impresionante, todo el Mundo le tenía miedo, peluca amarillenta, grandes alas, ojos saltados, muy alto, con un montón de chilindrines que sonaban con sus carreras y brincos, ropa color rojo y un enorme rabo…la gente le tenía horror, también por los vejigazos, que no causaban daño…

Estimado lector: En este blog de historias-anécdotas, puede encontrar: “Prentin, Fe y Deporte”.  Ahí me escriben cómo les fue con el Diablo…

Nota: don Juan María fue muy conocido en el barrio como “Juan Monstruo”…

JM.

Publicado octubre 26, 2015 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

¡ABUELO! …¿Cuál es su nombre?   Leave a comment

Nuestro abuelo

Nuestro abuelo

El nombre de las personas es el elemento de la identificación. Sirve para individualizar a la persona en la familia y en la sociedad. También para la atribución de derechos, deberes y responsabilidades. El nombre propio o “nombre de pila” es el elegido por sus padres cuando van a registrar a sus hijos al Registro Civil y sirve para distinguirlo jurídicamente de los demás. “De pila”,  en alusión al Sacramento católico del Bautismo en la pila bautismal.

En toda nación, son registrados ante las autoridades correspondientes, nombres singulares, curiosos, diferentes, pero nos interesa el registro nacional, en Costa Rica. Libros y actas, nos indican la intención de nuestros abuelitos en cargar o elegir  identificaciones a veces no muy comunes y éstas, trasladadas a sus hijos y nietos. Los nombres anotados en este relato, fueron inscritos en documentos fehacientes y constan las pruebas de ello. Son parte de nuestra identidad cultural.

Sin duda, las fuentes para localizar nombres y su aplicación en las nuevas generaciones, ha cambiado, especialmente por la influencia de los adelantos tecnológicos y comunicación al instante, en un Mundo diferente, en todos los campos, a los vividos por nuestros abuelos. Es más sencillo y rápido trasladarnos a las diferentes culturas de la humanidad,  con un simple “apretar un botón o tecla”, desde cualquier punto de nuestros hogares.

Contrario a tiempos modernos, nuestro abuelo, posiblemente, abrió La Biblia o tomó un almanaque del año en curso o vencido, abrió un periódico, escuchó la radio, recordó a algún conquistador español, visitó su templo de oración donde conoció y tocó con mucha devoción y fe el manto de un Santo, una imagen… ¡Y captó de inmediato la posibilidad de un nombre!  “Este nombre, sí, lo encaramo a mi nieto, a mi hijo”, dijo. Y así cumplió con la familia y en la pila bautismal.

Y  muy seguido tenía que consultar el nombre, porque en esos tiempos de verdad que el hogar se llenaba de hijos…y de nombres.  Y de almanaques. Era común el nombre de un Santo o Santa, el correspondiente a la Virgen representativa de un país o el de  nuestra Virgen negrita, allá en Cartago.

Vio a Jesús en la Cruz y de inmediato eligió el nombre de “Jesús” a su nieto; “María” a su primera nieta; sin excluir a “José”,  el nombre sagrado del Carpintero, para otro nacimiento en su hogar. Y de esta forma, el hogar se llenó de “santos” de carne y hueso.  Por su mente encontró más santos: San Juan Nepomucemo, San Isidro Labrador, Santa Juana de Arco, San Pancracio, Exaltación de la Cruz y Jesús de Nazaret,  para citar algunos ejemplos cómo elegían una identificación.

Los nombres Jesús, María y José, sobresalieron en la elección, muy comunes en casi todos los hogares del ciudadano costarricense. Aún más, era normal agregarles otros nombres, así: Jesús Amado, Jesús de la Cruz, Jesús de los Dolores, Jesús María, Jesús Nazareno.

María Amparo del Refugio, María Amparo de la Cruz, María Belén de la Trinidad, María Bella de Jesús, María Celestina de la Santísima Trinidad, María Consuelo de la Cruz, María Corona del Rosario, María de Belén, María de Fátima, María de la Cruz, María de la Pasión, María de la Paz, María de la Purificación, María de los

Cielos, María del Buen Consejo, María del Perpetuo Socorro, María Virgen, María Dulcísima, María Esperanza de la Gloria, María Inmaculada, María Madrecita, María de los Ángeles, María Peregrina de Jesús, María Prudencia de los Dolores, María Pura. . . como cantar el Santo Rosario, en noches de café y pan casero.

José no se queda atrás. José Antonio, José Baltazar, José Caralampio Inocente, José de Jesús, José de la Cruz Dolores, José de Victoria, José de San Martín, José Jesús de las Piedades, José Jesús de la Pasión, José de la Caridad, José María Constancia de Jesús, José Regalado de Jesús…

Imaginamos que la elección de un nombre, podría ser un tema polémico en las familias: “qué es muy raro, qué no calza con la carita del recién nacido, qué mejor el nombre del tata y no de un santo, qué mejor el nombre de un músico famoso, de un indígena, de un cuento de hadas…”

En nuestra familia hubo polémica. Nació un varón, hijo de Manuel María, y la madre escogió el mismo nombre paternal para el más “carajillo”, pero su abuelo quería el nombre “Alejo” porque  había nacido un diecisiete de julio, día de San Alejo. Y este Santo para el abuelo era el preferido entre los santos; conocía algo de su historia, “había nacido en Roma,  los padres del Santo enseñaron a su hijo velar por la felicidad de los más necesitados, que todo lo repartido en la Tierra se convertirían en tesoros en el Cielo y todo esto servía para borrar pecados”. Desde niño, San Alejo, ya repartía dinero, ropa y comida entre aquella gente desposeída.  Esta filosofía le encantaba al abuelo y de ahí la “chochera” por San Alejo.

La discusión familiar terminó.  El abuelo quedó muy “alejado” en su propuesta,  a la espera de otro grito de vida en el hogar. Y la realidad de esta anécdota, la confirmamos al punto que muchas familias recurren ante abogados para rectificar un nombre o varios nombres en actas y libros, décadas después, incluso, años o semanas después.

Repasando tomos, libros, actas y manifestaciones orales, nos encontramos con nombres de personas,  muy interesantes. Allá, en el Siglo pasado, llegaron al Mundo:  Manuel Policronio de Jesús, Excelsa Trinidad, Urcio, Diapólita Sofía, Gelasia, Glauderina de Jesús, María Decorosa de Jesús, Matusalén Benito, Graseola Margarita, Simplicita María, Pasión del Tránsito, Pacífica Perfecta, Fortidia de los Ángeles, Irinca Francisca, José Querino Amado, María Lita, Petra del Socorro, Eva Restituta, Narato de Jesús, Joviano de las Piedades, José de Arimatea, Heliano de la Rosa, Rosa del Espiritusanto, Equiteria de las Mercedes, Emilia Potenciana, Jerónima Pantaleona de la Trinidad, Dositeo de Jesús, Salvador de la Concepción, Rafael Enriquelia del Pilar, Bonorato, Cleofás de la Trinidad, Cascolina, Casimor, Celestina Deidad de los Ángeles, Digna Erinata de la Trinidad, Dolores de los Ángeles, Domingo Marciliano, Donativa, Dorila de las Piedades, Drásida Esperanza de Jesús.

Octaviana Teofista, Dolores de Jesús Respisia de la Trinidad (nombre compuesto, o sea, persona con varios nombres), Exélimo María de Jesús, María de la Gloria de Jesús, Plegaria Dolores de Jesús.

Celerina Justa, Osmunda María, Marciana de los Ángeles,  María Protasia, Rosa de la Luz, Alodio  Lenciano de Jesús, Daniel María Circunsicción de Jesús (aparece inscrito con doble c), Tasiana, Udaquia, Procozo, Corona de los Dolores, Concordia Delfina.  Trifón, Puridad del Carmen, Sebedeo, Felicísimo, Custodia del Espíritu Santo, Fidelina de la Pasión, Zita de la Gloria, Custodia de Jesús, Adolfo Saqueo, Dolores de los Santos, María Revocata, Francisco Limpisio, Heradio, Antioco Antonio,  Salvador de la Encarnación, Clemencia de Jesús, Galviela, Bandelina, Erimilda, Ninfodora, Grimoaldo, Julio Santo Amor, María Reparada, Pascual del Pilar, Quelidonio, Eglantina, Santa de los Ángeles, Agricolo Rogelio, Vinoco Leonardo, Otilia Plantilia, José Jemalquín,  Loimoca, Jenofonte, Cantulino, Terfilia, Gusmilia, Bendemina, Burcelina, Cimitrio Ernesto, Josefa Prócula (Prócula es el nombre de la esposa de Poncio Pilatos).

Bricio, Besarión, Calco Francisco, Caridad de San Vicente de Paúl, Consuelo de la Caridad, Coralbo  Andrófilo,  Coralia de las Piedades, Crisóstoma,  Ecriselda, Edburga, Edelaura, Edicto Tomás, Efrenia de las Piedades, Elemesio Rafael, Elías Neófito, Eliogadia, Eliserio, Elizandro, Elogracia de Jesús, Eloisa de los Dolores, Eluternia, Elvira Auxilia, Emalinina del Socorro, Encanto Francisca, Enquerido de Jesús, Enriquelia del Pilar, Equiteria,  Eráclides, Ermecinda Rafaela, Ermencia, Escolástica de San Rafael, Esmitor, Especta, Espectación, Espírita, Esteo, Eternina, Eucalia, Eutiopía, Eutropio, Fadrique de Jesús, Fe de las Piedades, Fecunda, Felicidad de Jesús Y María, Felicidad de los Santos, Felicitas de San Juan, Felícula Zoila, Félix Taurino, Fenelón, Fergibes de los Dolores, Fileno Ramón, Filimin Alberto de Jesús, Flavia de la Concepción, Flonesto, Florencio del Tremedal, Fortidia de los Ángeles, Fortina, Fortino de Jesús, Francisca Bohemia de Jesús, Francisco de Sales, Francisco de Asís, Fredesmunda, Fructuosa Esperanza, Fruto Vicente de Jesús, Futura María Evangelina, Gabina, Gelasia, Gemelón, Gevendolina, Glauderina, Gusmilia, Heraclio de los Ángeles, Herculiana, Hilarión, Holda, Hostilia de la Trinidad, Inglesina, Isulvina, Jaciana, Joponiano, Jonás, José Feliciano de la Luz, Juana Urbana, Julio Casto, Lirio, Luz Saturnino, Lucas de la Encarnación, Luz Elena del Día, Luzonirda, Leona Felicidad de Jesús, Liberal del Carmen, Macabeo Rafael, María Oliria, Marte, María Atilea, Mambrilio, Melchor Marciano de Jesús, Materna Emma de los Dolores, Nerón María Nieves, Napello de Jesús, Ortiquia María, Olaria, Paco de Jesús, Plegaria Dolores de Jesús, Proceso de Jesús, Platomea María, Perfecto Santa Ana, Querino, Quesiforo Cupertino, Rosa del Sacramento, Ramón Nonato, Santísimo Sacramento, Simón Bolívar, Segunda, Seljidio, Severa, Silverio, Torcuato, Tuliana, Teosisto, Unesta, Ulfiana, Venancia, Zarabadel, Zocina, Zoila Iluminada del Espíritu Santo…

Cuando niños, le preguntamos a nuestro abuelo el por qué “Paulino”. Con mucho orgullo y firmeza, expresaba: “Porque vengo del latín y del Apóstol Pablo, el de Jesús”.

Paulino, era un hombre pequeñito, muy trabajador y lleno de humildad,  y a todo le ponía humor… ¡y nombre!

Publicado octubre 24, 2015 por José Manuel Morera Cabezas en Historias