Charrasca, el policía de antes   1 comment


La paz y seguridad en nuestros barrios, hace varias décadas, eran las aliadas de la niñez y los adultos; los menores, especialmente, disfrutamos de una vida más tranquila en las calles, en nuestros hogares y escuelas. 

La presencia del Guardia Civil o policía, la vimos y sentimos, a diario. Atendimos  sus mensajes, consejos, ayuda y regañadas.

Don Ramón Hernández Jiménez, campesino puriscaleño de pura cepa, decidió poblar nuestra Alajuela; traía en sus pensamientos otras metas e ilusiones. Es más, ya venía con su apodo, antes de ingresar al suelo manudo.

Allá, en Puriscal, meterse en los trapiches para recoger las “cachazas”, significaba una dulce diversión. “¡Qué ricas charrascas!”, manifestaba a todo el mundo. Así se quedó. Incluso, el recolector de esta anécdota no tuvo dificultad en localizar a don Ramón porque ya en el INVU Las Cañas y por todo Alajuela,  es conocido de esa forma.

Nos cuenta cómo logró su propósito. Los requisitos para el puesto de guardia civil o policía, resultaban  muy estrictos, no tan fáciles como entrar todos los días al trapiche.

En el Estado Mayor, en San José, rindió exámenes en historia y geografía, obteniendo el cien por ciento; en lo físico, excelente. Buenos reflejos, corazón, vista, dientes, azúcar,  nervios, pulmones, todo por buen camino. La vida saludable en el trapiche y el campo, más el consumo de “cachazas”, le dieron una ejemplar salud. El problema fue su estatura, un requisito insuperable. 

Un metro, sesenta y tres centímetros…le hacían falta dos centímetros para conquistar el trabajo o puesto anhelado.

El doctor Peralta, descubrió que el puriscaleño portaba zapatos “tacón cubano”, aptos para complementar lo poquito que Dios le negó. Descubrió la ”trampa” y se enojó mucho. El Estado Mayor en la Resolución afirmó que el señor Hernández no alcanzaba la “tarima máxima”, por lo tanto, no podía ser guardia civil.

En Guanacaste trabajó en una granja avícola, cuidando pollos. No era su profesión, quería cuidar las comunidades y sus vecinos.

Regresó a Alajuela, con dos pollos llenos de vida; uno lo convirtió en una deliciosa sopa compartida por toda la familia; el otro, lo regaló a los policías de  la  Comandancia por no poder atenderlo.

En señal de agradecimiento y tomando en consideración los excelentes exámenes obtenidos, se le permitió “un quiebre” por la falta de los dos centímetros y fue nombrado de Alta en Puntarenas, en 1957.

Quería estar en Alajuela. Lo logró. En suelo alajuelense, recorría calles y avenidas, de extremo a extremo, portando correctamente su uniforme, eso sí, con botas negras y no con tacones cubanos. Más de quince años en Alajuela, vistiendo pantalón “caqui”, cachucha, revólver, pito o silbato, batón de hule y cinturón cruzado, con un sueldo de cuatrocientos colones al mes, sin los rebajos de ley. Un campesino quien dejó la pala, tierra y trapiche, por el uniforme de autoridad civil.

Entre sus funciones comunitarias debía llamar la atención a los niños para que no jugaran en las calles y así evitar accidentes, controlar a los conductores de bicicletas si éstas no portaban la iluminación correcta; a los que en forma irregular ocupaban los asientos en los parques, o sea, sentados en sus respaldos; si estaban en escenas amorosas les halaban el mecate; a quienes apaleaban los árboles de mango, a punta de garrotazos y pedradas, para obtener la deliciosa fruta, se les indicaba que tal acción era prohibida; si eran menores de edad no podían estar cerca de las cantinas a cierta hora. Además, controlar los permisos de construcciones, así como denunciar a sus dueños por las arenas y piedras en los caños y aceras; avisar de fugas de aguas y cloacas en mal estado; comunicar el mal estado del alumbrado público o el uso indebido de sus bombillos o lámparas. Su otra función de todos los días, llevar a la cárcel, a pie, a los escandalosos y ”busca pleitos”  o pleiteros, enfrentándose a personajes famosos en este campo, citamos a uno muy especial a quien le decían “El nica” Guevara y otros muy conocidos, bravos para las peleas callejeras.  

Cuenta nuestro amigo “Charrasca”, utilizar el “arma psicológica” para dominar o convencer a ciertos “hombres violentos” como el citado, accediendo de buena manera en su captura y encierro en las cárceles y calabozos; aunque con otros policías, provocaba muchos desórdenes y rebeldía, incluso, agresión a la misma autoridad. Otros peleadores “bravos” fueron “Copito” , “Vieja loca” y “Los cachimbas”.

Los famosos para alterar el orden público, generalmente intervenían en las cantinas y bares, casi siempre “inspirados” en las bebidas alcohólicas, sin abandonar las tradicionales peleas en el interior de estos establecimientos y en las calles.

Como que el licor y los conflictos entre las personas fueron con un tinte “menos agresivo”, si lo comparamos con los “tanates” actuales, donde abunda la sangre a borbollones, uso de armas pesadas y pérdidas de vidas humanas, entre compatriotas y no compatriotas, ingresando, inclusive,  con la intención de asesinar, acribillar,  a personas en bares, comercios, bancos y casas de habitación. 

“Recuerdo, dice don Fernando, quien tenía en esos tiempos una pulpería, “los pleitos en una cantina ubicada muy cerca a la iglesia La Agonía, se formaban “bochinches” muy  fuertes donde siempre asistían algunos miembros de familias muy conocidas, buenos para las peleas y escándalos. En esos tiempos, habían en algunas familias dos o tres elementos, líderes, especialistas para los puñetazos y las palabras fuertes. Así, se formaban los pleitos. Los pleiteros de la familia de Desamparados se enroscaban contra la familia de La Guácima; de igual forma los líderes de Itiquís, El Roble, Río Segundo, Canoas, El Brasil y otros”.

Ante este panorama, siempre llegaba a tiempo el Guardia Civil o policía a implantar el orden, casi siempre logrando su propósito con solo su presencia, deteniendo a varios golpeados y raspados, al rodar por aceras y calles, pero no relucían tantas armas blancas y de fuego, menos de grueso calibre y asesinados, como hoy, donde un sicario o un asesino en masa, ya es un habitante más en nuestra tierra.    

   

Recordamos al Guardia Civil, quien conocía hasta  nuestros nombres, tocando o llamando a la puerta de la casa al observar ésta entreabierta, costumbre en esos tiempos cuando salíamos sin temor alguno,  dejando  una silla como sostén de la puerta o amarrada con un cordón entre dos armellas (anillos de metal), sin pensar en cosas malas contra las familias; en otras ocasiones instalamos un candado, más que todo como señal de que no había nadie en la casa, porque muy fácilmente cualquiera podría desprender los anillos y penetrar sin dificultad; en muchos casos, el Guardia Civil vigilaba la propiedad pensando en algún problema de salud en sus moradores o el viento y animales que invadían las casas de habitación, causando algún daño material.  

 

El policía fue un formador, una figura tan respetada como un educador o religioso. En los permisos para trabajo a los menores de edad, expedidos por el Patronato Nacional de la Infancia, en 1943, recordamos que, entre los mensajes impresos en esos permisos o carnés,  se indicaba: Respetar a la policía y obedecer sus órdenes para su propio bien”. 

 ConsejosPERMISO  PANI

La Guardia Civil Intervenía en algunas cantinas u otros centros más conflictivos, ubicados en zonas peligrosas; mientras en otras había más tranquilidad y menos tensión, escogidas para disfrutar de alguna bebida acompañadas de boquitas de chicharrón o pescado frito, al calor de amigos y familiares.

Charrasca y sus compañeros guardias civiles, en algún momento conocieron o por lo menos pasaron al frente del Bar azul, Calero, La terronera, El Trapiche– esta cantina le trajo muchos recuerdos de su querido Puriscal -, La Bohemia, El Palmar de Nayo Bravo, La California del Chino, El caballo Blanco, El tráfico, La garza, bar Juan pescado, American bar, Tamales, Chino Amén, el Cinco menos, El águila negra y un montón más. También intervino en los famosos turnos de Concepción  El Llano y La Agonía, en honor a la Virgen de la Concepción y las fiestas del Santo Cristo “Negro” de Esquipulas, lugares muy concurridos por la alegría y fe mostrados por visitantes locales y de otras zonas del país.

Nos comenta don Ramón, cuál fue la función de “La ronda”. Supervisar a la policía en sus funciones, especialmente en la vigilancia a los ciudadanos. Un Cabo, era el encargado de vigilar a sus propios compañeros guardias civiles, por la ciudad. Si encontraba a dos o más compañeros juntos, formando “piñas”, solicitaba información si tal encuentro se justificaba; lo contrario, un castigo o sanción como “dos y hasta cuatro días internado en las comandancias”, sin chance de ir un minuto a sus casas.

Otro trabajo asignado al guardia civil, consistía en la captura de animales, por lo menos recuerda cuando fue policía en Heredia. Con soga en mano, debía “soguear” al animal que deambulaba o andaba “suelto”  por la ciudad, un chancho, una vaca, cabras, caballos o terneros. Las llevaba “Al fondo” donde estaba un encierro o corral, hasta que el dueño se apersonara a retirar “sus hijos”, no sin antes hacer el depósito por la multa y alguna recompensa al guardia civil, que muy bien le caía. 

Otros guardias civiles, recordamos a: Juan Manuel López quien se distinguía por su excelente físico, contrario a la estatura del pequeño Charrasca, Villaplana, Marcelino Soto o “Pizote”, Patas de oso, Cara cortada, éste, un señor muy estricto o “tallado” quien portaba una cicatriz en su rostro, Pindurria, decían que era “sapillo”, Miguel “El gordo”, “Vinagrera” por ser pequeñito y grueso, Cabo Ramos y Rogelio Espinoza. Todos tuvieron sus características personales y de una forma o de otra, se enfrentaron a situaciones muy diferentes a los días de hoy, donde la violencia se manifiesta más y de más formas.

Guardias Civiles, Costa Rica.  

“Charrasca”, junto a su compañero Sáenz, señala los

 impactos de bala en las paredes de la cárcel de

 de Alajuela. (Hoy Museo Histórico J.S). 

Los dos centímetros que le faltaron, dice Charrasca, le salvaron la vida. Recuerda muy bien la época militar en Nicaragua, con el caso de la intervención guerrillera en la cárcel de Alajuela – hoy Museo Histórico Cultural Juan Santamaría – con la intención de liberar al líder sandinista, Carlos Fonseca Amador.  (Del “Frente Sandinista de Liberación Nacional”, de Nicaragua, Centroamérica).

Quien ocupaba el puesto de vigilancia en la puerta o portón principal era el Cabo Jiménez, éste fue herido en el hombro; si él hubiera estado en ese lugar, “el tiro o los tiros” estarían en su cabeza, por aquello de la diferencia en la estatura de su compañero, calcula don Ramón, el policía de antes.

Citamos sin entusiasmo esta acción militar, nada común en nuestra Nación, donde fue asesinado un inocente Guardia Civil alajuelense y varios de sus compañeros resultaron heridos, enlutando a la población alajuelense y de toda la nación costarricense. 

Hoy, son necesarios guardias civiles o policías en nuestras comunidades, le sobren o le falten dos centímetros de estatura. Urgente es la presencia de muchos “charrascas” para combatir tanta inseguridad ciudadana, culpable de enlutar todos los días a familias compatriotas y de otras naciones. 

Toda acción que realice el actual Gobierno o los próximos, por restablecer la paz en nuestras comunidades, bienvenida sea. Que el ciudadano y las autoridades correspondientes trabajemos conjuntamente por el bien común, por Costa Rica.   ¡Como lo hizo Charrasca!

Simulacro policía Alajuela.

   Simulacro. Las armas se colocan en forma triangu-

   lar, en honor  al compañero fallecido.  Camisa clara

   el guardia civil, don Ramón.

Anécdota:

De las tantas anécdotas sucedidas a “Charrasca”, nos cuenta con cierta malicia: “Dos de la mañana, hacía mi trabajo de vigilancia,  sentí cansancio y mucho sueño. Arrecostado a la pared del Almacén “Tres Américas”, en Heredia, dormí algunos minutos, no más de tres, de pie. Mi suerte, esa madrugada, la marcaron esos tres minutos. El ronda Cabo Matamoros, me “pescó” en ese tiempito que cerré los ojos, llevando la denuncia ante el Mayor Abel Hernández. 

– “Usted, en lugar de cumplir con su trabajo, dormía placenteramente en el Tres Américas”, le dijo el Superior. 

– Mayor, permítame hacerle una pregunta: ¿Usted podría dormir de pie?

-“Jamás, no se puede, me caería”, respondió su Jefe.  

Al estilo Cantinflas, se defendió: “ahí está el detalle, de ninguna manera estaba dormido, cerré los ojos para meditar algunos asuntos familiares; además, únicamente los caballos duermen parados, por tener cuatro patas. Si no me quitaron el arma reglamentaria, es otra prueba de que estaba despierto”. 

“Charrasca”, se salvó de ser castigado, con varios días de arresto en la Delegación, sin opción a visitar su hogar…   

 

Glosario:

 

Puriscal, proviene de la evolución de la palabra PURISCO, la que se refiere al momento en el que el frijol está en flor.

Cachazas, Aguardiente de melaza. Primera espuma que arroja el zumo de la caña de azúcar cuando empieza a cocerse.

Trapiche, Molino utilizado para extraer el jugo de frutos, caso caña de azúcar. 

Cachucha, prenda para cubrir la cabeza.

Caqui, color café con leche, clarito.  

Batón,  vara de hule.

Quiebre, oportunidad.

Manudo, ciudadano de Alajuela. 

Piñas, dos o más personas juntas.

Sapo, sapillo, informante en exceso.

Pizote, semejante a la ardilla, más grande y muy glotón.

Ronda, rondar, vigilar a otros. 

 

(Publicado, en forma resumida, en LA PRENSA LIBRE,  19 MARZO 2011. Sección Opinión. No lo envié completo al diario mencionado, por acatar el espacio importantísimo que el medio ofrece  a sus lectores. 

Publicado junio 3, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Una respuesta a “Charrasca, el policía de antes

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  1. Agradezco muchísimo a don Ramón, “Charrasca”, por las interesantes historias, en su tiempo de Guardia Civil.

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