En defensa de los derechos de jubilados   Leave a comment

 

Recientemente, interpuse formal “Proceso Contencioso Administrativo de Puro Derecho” contra el Estado costarricense, por no cumplir éste en actualizar y pagar las diferencias adeudadas y aguinaldos proporcionales, respecto a mi pensión, del período comprendido entre el 1º de enero 2008 a diciembre del mismo año.

Presenté la solicitud de Factura de Gobierno en el 2009, o sea, han transcurrido DOS AÑOS, sin notificación alguna a mi petición.

Esto representa una violación al Principio Constitucional de Petición y Pronta Respuesta, por parte de la Dirección Nacional de Pensiones del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, por cuanto la ley estipula DOS MESES para resolver las solicitudes.

No son lujos ni caprichos, son nuestros propios derechos y dineros que hemos ganado honradamente, en mi caso, con más de 31 años laborados en la Administración Pública.

En esta situación están decenas de jubilados, esperando quién mueva la rama de la justicia y legalidad, pero nadie la mueve; excepto los mismos perjudicados amparados a la Ley existente. Así, le toca a esta población adulta, defender, pelear sus derechos con el arma de las leyes y legalidad.

Como dato interesante en números, el Estado está en deuda con más de ciento cincuenta jubilados, muchos de ellos esperando se les cancelen desde el año 1995, en el Tribunal Supremo de Elecciones, donde hemos laborado.  Posiblemente, gran cantidad de jubilados de otras instituciones, están también en penurias, esperando el resultado pronto y justo del Estado, antes de que nos llegue  alguna enfermedad o la muerte, sin poder disfrutar de nuestros derechos económicos.  

Hemos recurrido a esta vía, obligados, porque la anterior vía no nos ha dado el resultado necesario. Una “factura de Gobierno” es una eternidad y lo podemos demostrar. Nuestras interrogaciones son: ¿Por qué razón o razones la anterior vía no funciona, quién falla, por qué esperar la reacción del perjudicado utilizando un Contencioso Administrativo, generando más contratiempo y gastos extras a ambas partes? ¿Por qué esperar dos años, cinco, diez años y más, sin resolver nada, a docenas de jubilados? Hacer esperar a esta población sin resultados positivos a sus intereses, es agresión y desprecio.

Creo conveniente una explicación de las autoridades correspondientes a esta situación.

(Publicado en La Nación, “Opinión”, 17 marzo 2012).

(Publicado en Diario Extra, “Opinión, 18 abril 2012).

(Publicado en NUESTRO PAÍS (periódico digital), 26-03–2012)

 

 

 

Publicado abril 11, 2012 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Adultos mayores en movimiento   2 comments

Este grupo de adultos mayores se reúnen cuatro veces en la semana: lunes y miércoles un grupo de aproximadamente 120 personas, mujeres y hombres. También los martes y jueves, otro grupo similar. Las edades oscilan entre sesenta y ochenta años, incluso de más de 82 años, como doña Clarita Valverde y Mélida Azofeifa Aguilar, dicen, sentirse como chiquillas, se “levantan temprano y se bañan con agua fría, no trasnochan ni están pegadas al televisor”, así lo manifiestan públicamente.

Muy de mañanita están listas para dedicar unas cuantas horas al ejercicio físico, bailes y compartir experiencias entre si. Además, organizan paseos, fiestas y reciben importantes charlas.   

Clarita y Mélida.  

El grupo tiene unos diez años de fundado y su base es el gran espacio que brinda la Clínica Marcial Rodríguez de la C.C.S.S en Alajuela, rodeado de hermosos árboles, donde destacan centenarios higuerones y limpias zonas verdes.  

El joven Dennis Jiménez, su instructor, un joven muy agradable y responsable de su trabajo con los “viejitos”,  pertenece a la Asociación Gerontológica Costarricense (AGECO), institución dedicada a promover la calidad de vida de las personas adultas, mediante programas orientados a fomentar la educación, capacitación y promoción deportiva; como también el respeto y promoción de la población. Valioso trabajo por el bien de la salud y bienestar de estos señores y señoras.

Felicitaciones a estas instituciones y personas, quienes llevan sus buenos consejos y conocimientos a esta población que cada día aumentará en su número. Felicitaciones a los señores y señoras deportistas por esta actividad y voluntad de “no aflojar”, todo por su salud y las familias. Sigamos este ejemplo. Reciban de esta página, nuestro apoyo.

  

Publicado noviembre 13, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Opinión

Bienvenidos a mi blog en wordpress   Leave a comment

Saludos amigos lectores:

Estoy estrenando el nuevo blog, en WordPress. com. Aquí tengo toda la libertad del mundo para escribir mis pensamientos, anécdotas, historias y otros temas de mi comunidad y país, Costa Rica.

Acepto sugerencias, críticas. Si Usted conoce la historia de mis temas y no están incluidos en el artículo o reportaje, no imagina cuánto me gustaría adaptarlos para enriquecer o mejorar el mensaje.

Básicamente, utilizo el “testimonio de las personas”, lo que ellas me informan sobre determinado asunto y lo adapto a estas páginas. Aclaro, de nuevo, que no soy periodista ni escritor, únicamente un “fiebre” o aficionado a la escritura. Trato de rescatar lo positivo de nuestro pasado, el ayer de nuestros abuelos.  La idea es, hacer llegar unas cuantas letras a sus hogares.

Muchas gracias, espero me escribas, deseo conocer sus conceptos a este trabajo.

El autor.  

 

Publicado noviembre 7, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Uncategorized

Caminata en Alajuela   Leave a comment

 

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Publicado noviembre 5, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Opinión

La calle de “Los higuerones”, historia y leyendas.   8 comments

 
 

 

 

“El Llano de los targuases”, fue el nombre original del barrio Concepción o El Llano,  Alajuela, en 1840. Pocos pobladores, algunas fincas y casitas humildes, agricultores pobres, recolectores de café en grano, sacaban dulce de la caña de azúcar y ordeño de ganado. 

Calle de “Los higuerones”, hace un montón de décadas.

Imagen donada por el archivo digital del MHCJS.

Cuna de reconocidos personajes  nacionales y de otras naciones, atraídos por su exquisita paz, excelente clima, gente hospitalaria, trabajadora y pacífica. Se afincaron padres de presidentes de la República, entre ellos, don Rudecindo Guardia Robles,  Roberto Cortés Cortés  y Virgilio Calvo Brenes, papá de don Virgilio Calvo Sánchez, ex vicepresidente en 1966.  

De otras naciones, don José Figueredo y Figueredo (1865-1917) , cubano, militar, activista de la Independencia de Cuba;  los colombianos José María Pinaud, militar y don Timoleón Galindo Pachón, campesino. 

Y si nos ocupamos en recordar personajes de esta calle, de inmediato se nos viene la imagen de don Alfonso Lizano, “Cañalito”,  comerciante de verduras, frutas y jugo de caña. Lo identificamos transportando sobre su carretilla, la máquina para la molienda de caña de azúcar,  por las calles de Alajuela y otros puntos estratégicos, donde disfrutamos de la deliciosa bebida; por el manejo de la caña , parecía tener en su propiedad un cañal pequeño, donde nació el sobrenombre de este trabajador; su vecino “Chico Boronas”, habitante de una casita humilde, muy concurrida porque allí estaba la venta de aguardiente conocida como “chirrite”, bastante apetecida por clientes fijos y visitantes que se daban una  escapadita al famoso lugar alajuelense.   Entrada al barrio "Los higuerones". Foto actual.

Entrada a “Calle de los higuerones”. Foto setiembre 2011.

 

Adobes

Ermita Concepción ó El Llano, Alajuela. C.R.

Con trabajo y honradez, humildes campesinos hicieron surgir esta zona y sectores aledaños. Un sector muy conocido, ubicado al norte de la ermita de adobes, lo fue el territorio conformado por dos grandes propiedades o fincas; al Este, la propiedad de don  José María Pinaud y la finca de doña Julia Fernández Rodríguez, esposa de don León Cortés Castro; tierras divididas por una trocha  en pura tierra y piedra, bastante largo, de sur a norte. 

Por allí, circulaban agricultores a pie, en carreta, a caballo;  recolectaban el café en grano y lo transportaban a los “beneficios” o depósitos, que eran extensos patios aptos para el secado manual; sin faltar el traslado de la caña de azúcar al trapiche de don Timoleón – antes de la familia de los “Camachos” – , en esos tiempos un “higuereño” muy a gusto en nuestro pueblo. 

Este trapiche fue manejado por el agua de una acequia grande, que salía del Río Brasil en la propiedad de don Oscar Campos y servía, además, para hacer riegos en verano, ya que estas corrientes de aguas se extendían por varios caños de la ciudad donde cuadrillas de “regadores” municipales, hacían llegar el agua a las calles empolvadas y calientes, esto con la intención de refrescar las siempre calurosas tierras alajuelenses.  

Don Timoleón, intercambiaba deliciosos “sobados y cachazas” por bolsitas de maní, en manos de niños y jóvenes que desde el centro de Alajuela, visitaban  el dulce lugar; mientras los adultos tenían como deporte la tarea de “zorrear”, o sea, la caza de zorros, cuyo destino fueron las ollas con agua hirviendo y las cocinas de leña de nuestras humildes viviendas. 

Narra el señor Rodrigo Fernández Castillo, vecino de El Llano,  que cuando niño lo impresionó mucho el funeral de don Timoleón, por cuanto fue la primera vez que conoció un carruaje funerario, tirado por cuatro caballos de la famosa funeraria Polini, lujo que no estaba para todos los pobladores; únicamente  gente con buenos recursos económicos, tenía la oportunidad de hacerse acompañar de animales tan finos, cubiertos por mantos oscuros, conducidos por  un personaje vestido de negro, enérgico, sin sonrisa alguna, mostrando un látigo en sus manos.  Esta imagen era sorprendente y causaba cierto temor, más en las mentes infantiles, repletas de leyendas…    

En esos tiempos, posiblemente, el sendero divisor de las dos fincas,  no tenía un nombre específico, pero sí importante por conducir al interior de los dos grandes territorios, ricas tierras, agua potable, aire limpio y gente esforzada. 

 

Entrada acueducto municipal

Placa a la entrada de los tanques.

En el GobierObra Tomás Guardia Gutiérrezno de don Tomás Guardia Gutiérrez (1870-1876-1877-1882), se elige el lugar para instalar el primer tanque o pilas del acueducto municipal de Alajuela, convirtiéndose en un logro gigante para la salud y progreso de la comunidad. El tanque tenía forma rectangular, por quince metros de ancho, treinta de largo y seis de profundidad, chorreado en concreto, sus paredes fuertes,  de aproximadamente un metro de grosor.    

 

 

 

Primer plano de la placa.

(Imágenes donadas por el archivo digital del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, Alajuela, Costa Rica, Centroamérica).   

  Imagen donada por el archivo digital del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría.

 

 

 

 

 

Vista panorámica de los tanques.

Esta obra, hace que el lugar del “caminito”, tome más fuerza, ampliándose, hasta formar un camino más accesible. Dicen que el pueblo lo bautizó como “Calle del Tanque”, en alusión al acueducto. 

Fuera como fuera el nombre, el Presidente Guardia solicita sembrar  higuerones, a ambos lados del camino, siete a cada lado. Así nació “La Calle de los higuerones”, aunque éstos ya no están, lo único que ha quedado es el recuerdo de quienes hacen posible contar esta historia.  

El paso de los años, hicieron que los gigantes envejecieran, algunos no resistieron estar más de pie, obligando a los expertos a tomar la decisión de acabar con ellos, luego de tantos años brindando deliciosas sombras, protección y belleza al lugar.   

 Si revisamos la DivisiónTerritorial Electoral de Costa Rica, “Los Higuerones”, es un poblado del Segundo  Distrito de Alajuela, El Llano, tierra que vio nacer y correr al niño “Marcos Ramírez” y conocer a  “Mi madrina”,  de Carlos Luis Fallas  Sibaja, “Calufa”, nuestro vecino.     

Lo que, seguramente, don Tomás Guardia Gutiérrez  no imaginó en ningún instante, fue el uso que los habitantes de Alajuela y otros sectores, le dieron al lugar y a los frondosos higuerones, décadas más tarde.   

En un tiempo, el lugar, antes pasarela de carretas, caballos y gente descalza, se transformó en un sendero para otras actividades que no fueron coger café y ordeñar algunas vaquitas. La historia es otra, donde el humor, la picardía  y las travesuras de los alajuelenses, escribieron otras situaciones. 

Las generaciones siguientes a nuestros compatriotas descalzos, conocimos muy bien “La calle de Los higuerones”, calle lastrada, con dos caños hondos de tierra para la circulación de las aguas de la acequia y agua llovida, dos  trillos a ambos lados, pegados al borde de las fincas y la presencia de los catorce gigantes verdes con sus inmensas raíces, muy visibles sobre la superficie; sendero totalmente oscuro, únicamente a la entrada un poste de hierro portando un bombillo amarillento, daba cierta iluminación y algunas sombras misteriosas hasta en forma de figuras extrañas,  bultos, espantos gigantes, según la imaginación y curiosidad; un espacio para bromas y bromistas, leyendas; presencia de aves, hormigas, avispas, palmeras con deliciosos cocos y hasta culebras entre los árboles y montes. 

A la entrada, al Este, fue famoso uno de los higuerones porque el tronco formaba la silueta de una mujer, con pelo largo, portando un hermoso vestido donde las extensas raíces eran parte del mismo, cubriendo sus pies, muy visible en  noches de luna llena. 

En ese sendero verde y fresco, decían nuestros abuelos, asustaba “La segua”. 

Imaginemos a “La segua”, volvamos la mente al pasado. Al pie de un higuerón, sobre sus raíces expuestas, un visitante de la oscuridad y soledad, quien se aprestaba a conquistar al personaje femenino, hermosa, dar la mano para ayudarla a viajar hasta el último higuerón al fondo del sendero, aún más oscuro. Ella, siempre presente entre arboledas y caminos solitarios, llena de juventud, piel blanca, ojos negros como la noche, pelo rizado y brillante, boca y dientes hermosos. Así, era la forma femenina de la Segua. Así se  presentaba ante los hombres “mal portados”, que en toda época han existido y seguirán naciendo. 

 

 

 

 

 

 

 

Higuerón. Costado sur Clínica Marcial Rodríguez,

Alajuela, Costa Rica. C.A. Foto set 2011.

Fácilmente lograba su propósito, conviertiéndose en una horrenda figura, su cabeza en forma de calavera de caballo, ojos rojos como el fuego,  dientes deformes y podridos y un gran hocico por donde lanzaba un calor hediondo, mientras sus largos brazos peludos apretaban al jinete, al caminante o hacía temblar la carreta, sus ocupantes y bueyes, huyendo sin control. 

Así se manifestó aquel bicho, hace mucho tiempo; pero la segua de “El Llano”, era otro espécimen, no cargado de mal olor, sino cargado de muy buen humor, cien por ciento alajuelense.   

Allí, donde el Presidente solicitó plantar los hermosos higuerones, en esa calle negra, otra “Segua” hizo de las suyas. Y esa figura aparecía allí, porque el lugar  ya tenía otro uso: ese camino, siempre con la complicidad de los higuerones, sirvieron de refugio, techo y cama a muchas personas, jóvenes y ya adultas; parejas que escogieron el sector para el placer y la diversión nocturna. 

Por lo menos, no fue un espacio para el crimen, el robo, los asaltos, la droga, como tantos lugares oscuros e iluminados encontramos hoy  en nuestros caminos y carreteras, llenos de temor  y tragedia para la paz de los ciudadanos y sus hogares.   

Un vecino alajuelense, a quien todo el mundo de esa época lo conocía con el sobrenombre Pinolillo, en un momento se convertía en “La segua”, con vestimenta apropiada, máscara y ruidos extraños; transformó el lugar de pasión y conquista, en gritos, carreras, lamentos, en palabrotas que hicieron relucir hasta la misma madre del espanto, expresiones contra el imitador personaje de nuestras leyendas ticas; éstas, muy eficaces en su época, porque las sentimos como verdaderas y de alguna forma nos ayudaron a frenar malos pensamientos y acciones indebidas. 

Hoy,  La calle de Los Higuerones, es una calle bastante transitada, por ella llegamos en autobús, en bicicleta y hasta “a pata”, a la Clínica Marcial Rodríguez Conejo del Seguro Social; el lado Oeste está completamente poblado, es un lugar fresco, tranquilo. En el lado Este, el Hogar de Ancianos Santiago Crespo Calvo, cafetales, la clínica mencionada y lindas zonas verdes.

Alajuela, sus barrios, tienen otra imagen: ayer, paso para carretas y leyendas; hoy, lo que todos conocemos…

 

Hojas de higuerón.

 

Información de términos:

Trillo: senda, vereda.

Chirrite: aguardiente en Costa Rica. C.A.

Sobado: melchocha.

Cachaza: primera espuma que arroja el zumo de la caña de azúcar cuando empieza a cocerse.

Segua: Personaje imaginario, tomado de las leyendas.

Zorrear: caza de zorros.

Trapiche: molino para extraer el jugo de caña de azúcar.

A pata: caminar a pie.

Higuerón: Árbol móreo de América, con tronco corpulento y madera fuerte, para construir embarcaciones. Su nombre científico FICUS CITRIFOLIA MILL. Los frutos representan una fuente de alimento muy importante para la fauna silvestre. Copa extendida, ramas largas y poderosas de las que emergen “raíces aéreas”, las que se funden para formar el tronco

Alajuela: nombre de la segunda de las siete provincias que forman a Costa Rica. C.A.Pinolillo: insecto de color rojo, muy pequeño que parece polvo de pinole, bebida.

CA.LU.FA: Carlos Luis Fallas Sibaja, escritor comunista costarricense, de Alajuela.

En América Latina: desde México al Paraguay.

Publicado septiembre 9, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Curiosidad y confusión con los nombres iguales   3 comments

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Publicado septiembre 3, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Opinión

Las lavanderas de “El Arroyo”   10 comments

“¡Vamos al Barranco!”… ya en 1925 – recuerda un vecino en Alajuela – se escuchaba este  grito en las bocas de niños, adultos y jóvenes. El barranco era una extensa zona quebrada, donde desembocaban las aguas de El Arroyo y las aguas de lluvia, rico en plantas de bambú, higuerillas, tierra con arcilla y maleza.

Utilizado para cubrir del agua y sol, las pilas para lavar ropa.

Galerón. Las hermanas Ilma y Dinora,

a la derecha; Elisa, izq. Muy atento,

la mascota Ansón.

Por ser un terreno con una sección cubierta de arcilla y bambú,  la niñez confeccionaba cerbatanas y bolitas del barro rojizo para su diversión; sin faltar el pedido de las maestras en llevar a las aulas el material arcilloso, importante en el uso de los trabajos manuales.    

En el otro extremo, al norte, el precipicio de unos cincuenta metros, un delicioso arroyo de aguas cristalinas, sin contaminación alguna. Un lugar apto para disfrutar la Naturaleza, lugar de paseo y diversión, especialmente para la gente de menos recursos económicos. Agua suficiente para abastecer a la población, cuando ésta quedaba sin líquido por trabajos realizados en sus acueductos o cañerías.

En 1880, al inaugurarse el primer acueducto municipal en Alajuela, bajo el  segundo Gobierno de don Tomás Guardia Gutiérrez (1877-1882), entran en funcionamiento las pilas y lavanderos públicos, entre ellos, el más importante en Alajuela, el de El Arroyo; así en todas las provincias del país se construyeron estos espacios. 

El Gobierno del General Guardia, heredó el lugar para la instalación de pilas públicas en beneficio de la población más pobre económicamente y con necesidad de laborar. Antes, se utilizaban los ríos para el lavado de ropas, hasta la construcción de estos lavanderos, en el centro de Alajuela ( parte del terreno donde hoy están el BAC San José, Banco Nacional, Funeraria Jardines del Recuerdo y Parque Infantil Estercita Castro Segura, conocido como Parquecito de “El Arroyo”). 

Catorce (14) pilas grandes, chorreadas en cemento y varilla, siete a cada lado en forma de hilera; más un tanque o pila grande que las abastecía  por conducto de un caño, protegidas por un galerón de madera y techo de zinc, eran parte de sus herramientas de trabajo. Cada pila estaba formada por  un tanque grande y una batea.  Todo construido por la Municipalidad de Alajuela. 

Una nueva imagen fue común en el suelo de Alajuela, ya podíamos observar a las valientes mujeres, cargando sobres sus cabezas, grandes “motetes” de ropa, descendiendo con mucho cuidado la tremenda “bajada”, algunas de ellas con sus hijas niñas quienes ayudaban a esta labor. 

Estos paquetes de ropa eran grandes – imaginemos el peso de cinco docenas – no por la ropa humilde de ellas y sus familias, sino por la ropa perteneciente a las familias adineradas o ricas quienes pagaban a lavar sus prendas. Además, otros grandes clientes fueron el Dispensario del Seguro Social (ubicado a dos cuadras de los lavanderos), quien aseguraba parte del sustento diario a estas mujeres con sus ropas de cama y otras prendas de sus internados, durante más de treinta años; igual,  los uniformes de policías y otras personas.   

Con esta entradita económica durante muchos años, lograron mantener sus hogares, ayudar a sus esposos, sacar adelante las familias, más si eran mujeres solas y con hijos. Aunque casi todas, contaban con grado de escolaridad muy raquítico o nada, enviaron a sus hijos a la escuela y secundaria; incluso, cuenta una de ellas, sus muchachos lograron ir a la universidad y defenderse con la profesión que hoy manejan.   

Nuestro ayerPor lavar una docena de ropa (doce piezas), ganaban tres colones, incluido el aplanchado, éste, realizado con planchas de hierro las que cargaban el calor sobre láminas también de hierro, puestas sobre los fogones o cocinas de leña; también utilizaron planchas a carbón, un poco más modernas que las anteriores.  

Las heroicas mujeres provenían del centro de Alajuela,  del Barrio La Agonía, El Llano, El Carmen;  muy conocidas en el gremio de lavanderas, doña María Barrantes, las hermanas Josefa y Dolores Soto, doña Irma, Dinorah y Elisa, ellas de apellido Oreamuno.  Buenas para madrugar, nacieron con el trabajo a cuestas;  su horario de seis de la mañana hasta las cinco de la tarde, excepto los domingos; pero se daban el lujo en invierno o fines de semana, en llevar a sus casas la ropa fina y elegante de personas con plata y profesión, entre ellos, médicos, dentistas, abogados y comandantes de la FuerzaPública, quienes eran vecinos del barrio El Arroyo y otras comunidades.    

Cada lavandera tenía como “propio” un alambre de unos veinte metros de largo que surcaba el galerón de madera, para tender la ropa; también utilizaban una zona enzacatada para el mismo fin. Había respeto y nadie abusaba del espacio y herramientas de cada una, aunque sí algunas rencillas por ocupar las pilas. 

El jabón en barra o en forma de bolas, lo adquirían en el Mercado Central de Alajuela, no era variado ni habían marcas por montones, como hoy.  En otros momentos, estas lavanderas o las que realizaban el mismo oficio en otros sectores alajuelenses – los lavanderos de La Maravilla, al norte de Alajuela – fabricaban  o sacaban el jabón de una frutilla amarilla que daba un inmenso árbol. Esta frutilla tenía en su interior una bolita negra, muy redonda y lisa, llamada por los niños “chumicos”, utilizados en los juegos tradicionales de “bolinchas” ( canicas, bolitas de vidrio) y chócolas. 

 

Irma Oreamuno Molina. 90 años.

Foto abril 2012.

La pulpa o cáscara de esta fruta, se introducía en un tarro de lata (muy prácticos eran los que traían manteca de cerdo)  disuelta en agua, se colaba en una manta,  obteniendo una grasa y espuma con rico aroma, similar al jabón. Así fue el trabajo de estas damas quienes usaron su ingenio para salir adelante. Mientras se enfrentaban a estas limitaciones; por otro lado, había en el comercio un ingrediente en polvo llamado “perlina”, utilizado para fabricar jabón, únicamente al alcance del bolsillo de la gente con  muchos colones y más oportunidades. 

Si no había facilidad para conseguir el jabón o muy caro para el presupuesto familiar, menos que existían cepillos para restregar las telas. Del maíz, inventaban los “cepillos”. La familia de don Chano Soto, auténticos campesinos y vecinos de los lavanderos, tenían una milpa o maizal. Las mujeres lavanderas recolectaban el elote que  expuesto al sol o fogón, endurecía los dientes o cavidades donde antes permanecían los granitos de maíz. Así, con este invento natural y barato, le “volaban cepillo” a las partes de las costuras o dobles en mangas, puños, cuellos de las camisas y ruedos de los pantalones, donde se escondía más la suciedad o polvo. 

Dice una anécdota en este gremio, que por confianza o seguridad, algunas lavanderas dejaban ropas propias o ajenas a la orilla de los arroyos “aguacereándose”, pero un día llovió tanto  hasta convertir el arroyo en un río, llevándose las prendas para siempre.     

Ya miramos y admiramos el lugar de trabajo duro de estas humildes trabajadoras, ahora observemos el lugar desde la superficie. Bordeado por una larga “barrera”, en forma de pretil o asiento con respaldar, confeccionada en cemento, varillas y ladrillo, a lo largo de unos setenta y cinco metros, frente a la carretera principal, continuando unos cuarenta metros hacia el oeste, limitando con varias casitas de adobes y maderas, propietario de las mismas un señor Córdoba. 

El pretil se utilizó para muchas actividades del pueblo: descanso, para esperar el bus o “cazadora” hacia Heredia o la Capital,  reuniones políticas, deportivas, tertulias de vecinos quienes acostumbraban en verano disfrutar de paz y tranquilidad, no faltaban al pretil don Filiberto Rojas, Abel Quesada, Luis Palma Soto, Toño Alfaro, Chano Soto, Lolo Molina quien era administrador  de una fábrica de candelas, ubicada frente al pretil oeste y muchos más señores y señoras de la época.   

Dos situaciones anecdóticas de este lugar, recuerdan los vecinos. Detrás del galerón de madera, pasaron sus años de vida y pobreza,  doña Sérvula, más conocida como la madre de “Miguelito Méquere”, inolvidable personaje alajuelense y otro a quien en Alajuela le bautizaron “Paracaídas”, éste, un señor muy alto, aficionado a utilizar sobre su espalda un montón de tiras o fajas. Como notamos, al alajuelense del ayer y a los de ahora, no se le escapaba alguna característica que podría servir para “rebautizar” a una persona.

La muerte trágica protagonizada por “Juan “Pelotas”, fallecido en este “guindo” al caer en sus aguas o peña, su padre don Mateo Soto, también conocido como “Pelotas”, accidente que vino a conmover a la ciudadanía alajuelense, posiblemente no acostumbrada a hechos repetidos de sangre y violencia en calles y hogares.

Por el inevitable progreso de la ciudad, este sistema de lavanderos  desapareció, el área fue clausurada, se entubaron las aguas y se sepultó el espacio. Hoy, luce hermoso el Parquecito de El Arroyo, estancia infantil que lleva el nombre “Estercita Castro Segura”, ejemplar educadora alajuelense. 

Hoy, desenterramos esta historia, ignorada por varias generaciones que ni siquiera sospecharon de la existencia de este escenario, lleno de valentía, responsabilidad, sacrificio, limitaciones en muchos sentidos, donde la mujer puso a prueba su empeño y amor por sus familias y Patria, lográndolo.

Fotografía de una pintura dedicada

a las lavanderas, ubicada en el par –

quecito de “El Arroyo”. 

 

Diccionario: 

Cerbatanas: Cañuto en que se introducen bodoques u otras cosas (bolitas de arcilla) para hacerlas salir violentamente, soplando por uno de sus extremos. 

Aplanchar: aplanchado, planchar. Conjunto de ropa por aplanchar o ya planchada. 

Elote: mazorca tierna de maíz.

Motetes: envoltorio, atado. 

Jaboncillo: (Sapindus saponaria). Los frutos son bayas redondas de 15 mm de diámetro, color café lustroso, que contienen una pulpa pegajosa y una semilla de 1cm de diámetro, redonda y negra. Son venenosas. La pulpa de los frutos contiene gran cantidad (30%) de una sustancia llamada “Saponina”. Al estrujar los frutos estos hacen espuma que antes se usaba como jabón para lavar ropa, de ahí el nombre “jaboncillo”.

Perlina: polvo especial para fabricar jabón. 

Méquere: Personaje de Alajuela, quien tenía dificultad para pronunciar las palabras. En lugar de “miércoles”, decía “méquere”; “jueves”, decía “juéveres” y así con todas las palabras que él conocía. Su nombre Miguel, de ahí fue conocido como “Miguel Méquere”. 

Bolinchas: canicas, bolitas de vidrio.  

Candelas: Vela para el alumbrado, útil por la falta de electricidad.

Aguacereándose: llevar agua de lluvia.

Publicado julio 12, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Historias