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Saludos amigos lectores:

Estoy estrenando el nuevo blog, en WordPress. com. Aquí tengo toda la libertad del mundo para escribir mis pensamientos, anécdotas, historias y otros temas de mi comunidad y país, Costa Rica.

Acepto sugerencias, críticas. Si Usted conoce la historia de mis temas y no están incluidos en el artículo o reportaje, no imagina cuánto me gustaría adaptarlos para enriquecer o mejorar el mensaje.

Básicamente, utilizo el “testimonio de las personas”, lo que ellas me informan sobre determinado asunto y lo adapto a estas páginas. Aclaro, de nuevo, que no soy periodista ni escritor, únicamente un “fiebre” o aficionado a la escritura. Trato de rescatar lo positivo de nuestro pasado, el ayer de nuestros abuelos.  La idea es, hacer llegar unas cuantas letras a sus hogares.

Muchas gracias, espero me escribas, deseo conocer sus conceptos a este trabajo.

El autor.  

 

Publicado noviembre 7, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Uncategorized

Caminata en Alajuela   Leave a comment

 

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Publicado noviembre 5, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Opinión

La calle de “Los higuerones”, historia y leyendas.   8 comments

 
 

 

 

“El Llano de los targuases”, fue el nombre original del barrio Concepción o El Llano,  Alajuela, en 1840. Pocos pobladores, algunas fincas y casitas humildes, agricultores pobres, recolectores de café en grano, sacaban dulce de la caña de azúcar y ordeño de ganado. 

Calle de “Los higuerones”, hace un montón de décadas.

Imagen donada por el archivo digital del MHCJS.

Cuna de reconocidos personajes  nacionales y de otras naciones, atraídos por su exquisita paz, excelente clima, gente hospitalaria, trabajadora y pacífica. Se afincaron padres de presidentes de la República, entre ellos, don Rudecindo Guardia Robles,  Roberto Cortés Cortés  y Virgilio Calvo Brenes, papá de don Virgilio Calvo Sánchez, ex vicepresidente en 1966.  

De otras naciones, don José Figueredo y Figueredo (1865-1917) , cubano, militar, activista de la Independencia de Cuba;  los colombianos José María Pinaud, militar y don Timoleón Galindo Pachón, campesino. 

Y si nos ocupamos en recordar personajes de esta calle, de inmediato se nos viene la imagen de don Alfonso Lizano, “Cañalito”,  comerciante de verduras, frutas y jugo de caña. Lo identificamos transportando sobre su carretilla, la máquina para la molienda de caña de azúcar,  por las calles de Alajuela y otros puntos estratégicos, donde disfrutamos de la deliciosa bebida; por el manejo de la caña , parecía tener en su propiedad un cañal pequeño, donde nació el sobrenombre de este trabajador; su vecino “Chico Boronas”, habitante de una casita humilde, muy concurrida porque allí estaba la venta de aguardiente conocida como “chirrite”, bastante apetecida por clientes fijos y visitantes que se daban una  escapadita al famoso lugar alajuelense.   Entrada al barrio "Los higuerones". Foto actual.

Entrada a “Calle de los higuerones”. Foto setiembre 2011.

 

Adobes

Ermita Concepción ó El Llano, Alajuela. C.R.

Con trabajo y honradez, humildes campesinos hicieron surgir esta zona y sectores aledaños. Un sector muy conocido, ubicado al norte de la ermita de adobes, lo fue el territorio conformado por dos grandes propiedades o fincas; al Este, la propiedad de don  José María Pinaud y la finca de doña Julia Fernández Rodríguez, esposa de don León Cortés Castro; tierras divididas por una trocha  en pura tierra y piedra, bastante largo, de sur a norte. 

Por allí, circulaban agricultores a pie, en carreta, a caballo;  recolectaban el café en grano y lo transportaban a los “beneficios” o depósitos, que eran extensos patios aptos para el secado manual; sin faltar el traslado de la caña de azúcar al trapiche de don Timoleón – antes de la familia de los “Camachos” – , en esos tiempos un “higuereño” muy a gusto en nuestro pueblo. 

Este trapiche fue manejado por el agua de una acequia grande, que salía del Río Brasil en la propiedad de don Oscar Campos y servía, además, para hacer riegos en verano, ya que estas corrientes de aguas se extendían por varios caños de la ciudad donde cuadrillas de “regadores” municipales, hacían llegar el agua a las calles empolvadas y calientes, esto con la intención de refrescar las siempre calurosas tierras alajuelenses.  

Don Timoleón, intercambiaba deliciosos “sobados y cachazas” por bolsitas de maní, en manos de niños y jóvenes que desde el centro de Alajuela, visitaban  el dulce lugar; mientras los adultos tenían como deporte la tarea de “zorrear”, o sea, la caza de zorros, cuyo destino fueron las ollas con agua hirviendo y las cocinas de leña de nuestras humildes viviendas. 

Narra el señor Rodrigo Fernández Castillo, vecino de El Llano,  que cuando niño lo impresionó mucho el funeral de don Timoleón, por cuanto fue la primera vez que conoció un carruaje funerario, tirado por cuatro caballos de la famosa funeraria Polini, lujo que no estaba para todos los pobladores; únicamente  gente con buenos recursos económicos, tenía la oportunidad de hacerse acompañar de animales tan finos, cubiertos por mantos oscuros, conducidos por  un personaje vestido de negro, enérgico, sin sonrisa alguna, mostrando un látigo en sus manos.  Esta imagen era sorprendente y causaba cierto temor, más en las mentes infantiles, repletas de leyendas…    

En esos tiempos, posiblemente, el sendero divisor de las dos fincas,  no tenía un nombre específico, pero sí importante por conducir al interior de los dos grandes territorios, ricas tierras, agua potable, aire limpio y gente esforzada. 

 

Entrada acueducto municipal

Placa a la entrada de los tanques.

En el GobierObra Tomás Guardia Gutiérrezno de don Tomás Guardia Gutiérrez (1870-1876-1877-1882), se elige el lugar para instalar el primer tanque o pilas del acueducto municipal de Alajuela, convirtiéndose en un logro gigante para la salud y progreso de la comunidad. El tanque tenía forma rectangular, por quince metros de ancho, treinta de largo y seis de profundidad, chorreado en concreto, sus paredes fuertes,  de aproximadamente un metro de grosor.    

 

 

 

Primer plano de la placa.

(Imágenes donadas por el archivo digital del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría, Alajuela, Costa Rica, Centroamérica).   

  Imagen donada por el archivo digital del Museo Histórico Cultural Juan Santamaría.

 

 

 

 

 

Vista panorámica de los tanques.

Esta obra, hace que el lugar del “caminito”, tome más fuerza, ampliándose, hasta formar un camino más accesible. Dicen que el pueblo lo bautizó como “Calle del Tanque”, en alusión al acueducto. 

Fuera como fuera el nombre, el Presidente Guardia solicita sembrar  higuerones, a ambos lados del camino, siete a cada lado. Así nació “La Calle de los higuerones”, aunque éstos ya no están, lo único que ha quedado es el recuerdo de quienes hacen posible contar esta historia.  

El paso de los años, hicieron que los gigantes envejecieran, algunos no resistieron estar más de pie, obligando a los expertos a tomar la decisión de acabar con ellos, luego de tantos años brindando deliciosas sombras, protección y belleza al lugar.   

 Si revisamos la DivisiónTerritorial Electoral de Costa Rica, “Los Higuerones”, es un poblado del Segundo  Distrito de Alajuela, El Llano, tierra que vio nacer y correr al niño “Marcos Ramírez” y conocer a  “Mi madrina”,  de Carlos Luis Fallas  Sibaja, “Calufa”, nuestro vecino.     

Lo que, seguramente, don Tomás Guardia Gutiérrez  no imaginó en ningún instante, fue el uso que los habitantes de Alajuela y otros sectores, le dieron al lugar y a los frondosos higuerones, décadas más tarde.   

En un tiempo, el lugar, antes pasarela de carretas, caballos y gente descalza, se transformó en un sendero para otras actividades que no fueron coger café y ordeñar algunas vaquitas. La historia es otra, donde el humor, la picardía  y las travesuras de los alajuelenses, escribieron otras situaciones. 

Las generaciones siguientes a nuestros compatriotas descalzos, conocimos muy bien “La calle de Los higuerones”, calle lastrada, con dos caños hondos de tierra para la circulación de las aguas de la acequia y agua llovida, dos  trillos a ambos lados, pegados al borde de las fincas y la presencia de los catorce gigantes verdes con sus inmensas raíces, muy visibles sobre la superficie; sendero totalmente oscuro, únicamente a la entrada un poste de hierro portando un bombillo amarillento, daba cierta iluminación y algunas sombras misteriosas hasta en forma de figuras extrañas,  bultos, espantos gigantes, según la imaginación y curiosidad; un espacio para bromas y bromistas, leyendas; presencia de aves, hormigas, avispas, palmeras con deliciosos cocos y hasta culebras entre los árboles y montes. 

A la entrada, al Este, fue famoso uno de los higuerones porque el tronco formaba la silueta de una mujer, con pelo largo, portando un hermoso vestido donde las extensas raíces eran parte del mismo, cubriendo sus pies, muy visible en  noches de luna llena. 

En ese sendero verde y fresco, decían nuestros abuelos, asustaba “La segua”. 

Imaginemos a “La segua”, volvamos la mente al pasado. Al pie de un higuerón, sobre sus raíces expuestas, un visitante de la oscuridad y soledad, quien se aprestaba a conquistar al personaje femenino, hermosa, dar la mano para ayudarla a viajar hasta el último higuerón al fondo del sendero, aún más oscuro. Ella, siempre presente entre arboledas y caminos solitarios, llena de juventud, piel blanca, ojos negros como la noche, pelo rizado y brillante, boca y dientes hermosos. Así, era la forma femenina de la Segua. Así se  presentaba ante los hombres “mal portados”, que en toda época han existido y seguirán naciendo. 

 

 

 

 

 

 

 

Higuerón. Costado sur Clínica Marcial Rodríguez,

Alajuela, Costa Rica. C.A. Foto set 2011.

Fácilmente lograba su propósito, conviertiéndose en una horrenda figura, su cabeza en forma de calavera de caballo, ojos rojos como el fuego,  dientes deformes y podridos y un gran hocico por donde lanzaba un calor hediondo, mientras sus largos brazos peludos apretaban al jinete, al caminante o hacía temblar la carreta, sus ocupantes y bueyes, huyendo sin control. 

Así se manifestó aquel bicho, hace mucho tiempo; pero la segua de “El Llano”, era otro espécimen, no cargado de mal olor, sino cargado de muy buen humor, cien por ciento alajuelense.   

Allí, donde el Presidente solicitó plantar los hermosos higuerones, en esa calle negra, otra “Segua” hizo de las suyas. Y esa figura aparecía allí, porque el lugar  ya tenía otro uso: ese camino, siempre con la complicidad de los higuerones, sirvieron de refugio, techo y cama a muchas personas, jóvenes y ya adultas; parejas que escogieron el sector para el placer y la diversión nocturna. 

Por lo menos, no fue un espacio para el crimen, el robo, los asaltos, la droga, como tantos lugares oscuros e iluminados encontramos hoy  en nuestros caminos y carreteras, llenos de temor  y tragedia para la paz de los ciudadanos y sus hogares.   

Un vecino alajuelense, a quien todo el mundo de esa época lo conocía con el sobrenombre Pinolillo, en un momento se convertía en “La segua”, con vestimenta apropiada, máscara y ruidos extraños; transformó el lugar de pasión y conquista, en gritos, carreras, lamentos, en palabrotas que hicieron relucir hasta la misma madre del espanto, expresiones contra el imitador personaje de nuestras leyendas ticas; éstas, muy eficaces en su época, porque las sentimos como verdaderas y de alguna forma nos ayudaron a frenar malos pensamientos y acciones indebidas. 

Hoy,  La calle de Los Higuerones, es una calle bastante transitada, por ella llegamos en autobús, en bicicleta y hasta “a pata”, a la Clínica Marcial Rodríguez Conejo del Seguro Social; el lado Oeste está completamente poblado, es un lugar fresco, tranquilo. En el lado Este, el Hogar de Ancianos Santiago Crespo Calvo, cafetales, la clínica mencionada y lindas zonas verdes.

Alajuela, sus barrios, tienen otra imagen: ayer, paso para carretas y leyendas; hoy, lo que todos conocemos…

 

Hojas de higuerón.

 

Información de términos:

Trillo: senda, vereda.

Chirrite: aguardiente en Costa Rica. C.A.

Sobado: melchocha.

Cachaza: primera espuma que arroja el zumo de la caña de azúcar cuando empieza a cocerse.

Segua: Personaje imaginario, tomado de las leyendas.

Zorrear: caza de zorros.

Trapiche: molino para extraer el jugo de caña de azúcar.

A pata: caminar a pie.

Higuerón: Árbol móreo de América, con tronco corpulento y madera fuerte, para construir embarcaciones. Su nombre científico FICUS CITRIFOLIA MILL. Los frutos representan una fuente de alimento muy importante para la fauna silvestre. Copa extendida, ramas largas y poderosas de las que emergen “raíces aéreas”, las que se funden para formar el tronco

Alajuela: nombre de la segunda de las siete provincias que forman a Costa Rica. C.A.Pinolillo: insecto de color rojo, muy pequeño que parece polvo de pinole, bebida.

CA.LU.FA: Carlos Luis Fallas Sibaja, escritor comunista costarricense, de Alajuela.

En América Latina: desde México al Paraguay.

Publicado septiembre 9, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Curiosidad y confusión con los nombres iguales   3 comments

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Publicado septiembre 3, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Opinión

Las lavanderas de “El Arroyo”   10 comments

“¡Vamos al Barranco!”… ya en 1925 – recuerda un vecino en Alajuela – se escuchaba este  grito en las bocas de niños, adultos y jóvenes. El barranco era una extensa zona quebrada, donde desembocaban las aguas de El Arroyo y las aguas de lluvia, rico en plantas de bambú, higuerillas, tierra con arcilla y maleza.

Utilizado para cubrir del agua y sol, las pilas para lavar ropa.

Galerón. Las hermanas Ilma y Dinora,

a la derecha; Elisa, izq. Muy atento,

la mascota Ansón.

Por ser un terreno con una sección cubierta de arcilla y bambú,  la niñez confeccionaba cerbatanas y bolitas del barro rojizo para su diversión; sin faltar el pedido de las maestras en llevar a las aulas el material arcilloso, importante en el uso de los trabajos manuales.    

En el otro extremo, al norte, el precipicio de unos cincuenta metros, un delicioso arroyo de aguas cristalinas, sin contaminación alguna. Un lugar apto para disfrutar la Naturaleza, lugar de paseo y diversión, especialmente para la gente de menos recursos económicos. Agua suficiente para abastecer a la población, cuando ésta quedaba sin líquido por trabajos realizados en sus acueductos o cañerías.

En 1880, al inaugurarse el primer acueducto municipal en Alajuela, bajo el  segundo Gobierno de don Tomás Guardia Gutiérrez (1877-1882), entran en funcionamiento las pilas y lavanderos públicos, entre ellos, el más importante en Alajuela, el de El Arroyo; así en todas las provincias del país se construyeron estos espacios. 

El Gobierno del General Guardia, heredó el lugar para la instalación de pilas públicas en beneficio de la población más pobre económicamente y con necesidad de laborar. Antes, se utilizaban los ríos para el lavado de ropas, hasta la construcción de estos lavanderos, en el centro de Alajuela ( parte del terreno donde hoy están el BAC San José, Banco Nacional, Funeraria Jardines del Recuerdo y Parque Infantil Estercita Castro Segura, conocido como Parquecito de “El Arroyo”). 

Catorce (14) pilas grandes, chorreadas en cemento y varilla, siete a cada lado en forma de hilera; más un tanque o pila grande que las abastecía  por conducto de un caño, protegidas por un galerón de madera y techo de zinc, eran parte de sus herramientas de trabajo. Cada pila estaba formada por  un tanque grande y una batea.  Todo construido por la Municipalidad de Alajuela. 

Una nueva imagen fue común en el suelo de Alajuela, ya podíamos observar a las valientes mujeres, cargando sobres sus cabezas, grandes “motetes” de ropa, descendiendo con mucho cuidado la tremenda “bajada”, algunas de ellas con sus hijas niñas quienes ayudaban a esta labor. 

Estos paquetes de ropa eran grandes – imaginemos el peso de cinco docenas – no por la ropa humilde de ellas y sus familias, sino por la ropa perteneciente a las familias adineradas o ricas quienes pagaban a lavar sus prendas. Además, otros grandes clientes fueron el Dispensario del Seguro Social (ubicado a dos cuadras de los lavanderos), quien aseguraba parte del sustento diario a estas mujeres con sus ropas de cama y otras prendas de sus internados, durante más de treinta años; igual,  los uniformes de policías y otras personas.   

Con esta entradita económica durante muchos años, lograron mantener sus hogares, ayudar a sus esposos, sacar adelante las familias, más si eran mujeres solas y con hijos. Aunque casi todas, contaban con grado de escolaridad muy raquítico o nada, enviaron a sus hijos a la escuela y secundaria; incluso, cuenta una de ellas, sus muchachos lograron ir a la universidad y defenderse con la profesión que hoy manejan.   

Nuestro ayerPor lavar una docena de ropa (doce piezas), ganaban tres colones, incluido el aplanchado, éste, realizado con planchas de hierro las que cargaban el calor sobre láminas también de hierro, puestas sobre los fogones o cocinas de leña; también utilizaron planchas a carbón, un poco más modernas que las anteriores.  

Las heroicas mujeres provenían del centro de Alajuela,  del Barrio La Agonía, El Llano, El Carmen;  muy conocidas en el gremio de lavanderas, doña María Barrantes, las hermanas Josefa y Dolores Soto, doña Irma, Dinorah y Elisa, ellas de apellido Oreamuno.  Buenas para madrugar, nacieron con el trabajo a cuestas;  su horario de seis de la mañana hasta las cinco de la tarde, excepto los domingos; pero se daban el lujo en invierno o fines de semana, en llevar a sus casas la ropa fina y elegante de personas con plata y profesión, entre ellos, médicos, dentistas, abogados y comandantes de la FuerzaPública, quienes eran vecinos del barrio El Arroyo y otras comunidades.    

Cada lavandera tenía como “propio” un alambre de unos veinte metros de largo que surcaba el galerón de madera, para tender la ropa; también utilizaban una zona enzacatada para el mismo fin. Había respeto y nadie abusaba del espacio y herramientas de cada una, aunque sí algunas rencillas por ocupar las pilas. 

El jabón en barra o en forma de bolas, lo adquirían en el Mercado Central de Alajuela, no era variado ni habían marcas por montones, como hoy.  En otros momentos, estas lavanderas o las que realizaban el mismo oficio en otros sectores alajuelenses – los lavanderos de La Maravilla, al norte de Alajuela – fabricaban  o sacaban el jabón de una frutilla amarilla que daba un inmenso árbol. Esta frutilla tenía en su interior una bolita negra, muy redonda y lisa, llamada por los niños “chumicos”, utilizados en los juegos tradicionales de “bolinchas” ( canicas, bolitas de vidrio) y chócolas. 

 

Irma Oreamuno Molina. 90 años.

Foto abril 2012.

La pulpa o cáscara de esta fruta, se introducía en un tarro de lata (muy prácticos eran los que traían manteca de cerdo)  disuelta en agua, se colaba en una manta,  obteniendo una grasa y espuma con rico aroma, similar al jabón. Así fue el trabajo de estas damas quienes usaron su ingenio para salir adelante. Mientras se enfrentaban a estas limitaciones; por otro lado, había en el comercio un ingrediente en polvo llamado “perlina”, utilizado para fabricar jabón, únicamente al alcance del bolsillo de la gente con  muchos colones y más oportunidades. 

Si no había facilidad para conseguir el jabón o muy caro para el presupuesto familiar, menos que existían cepillos para restregar las telas. Del maíz, inventaban los “cepillos”. La familia de don Chano Soto, auténticos campesinos y vecinos de los lavanderos, tenían una milpa o maizal. Las mujeres lavanderas recolectaban el elote que  expuesto al sol o fogón, endurecía los dientes o cavidades donde antes permanecían los granitos de maíz. Así, con este invento natural y barato, le “volaban cepillo” a las partes de las costuras o dobles en mangas, puños, cuellos de las camisas y ruedos de los pantalones, donde se escondía más la suciedad o polvo. 

Dice una anécdota en este gremio, que por confianza o seguridad, algunas lavanderas dejaban ropas propias o ajenas a la orilla de los arroyos “aguacereándose”, pero un día llovió tanto  hasta convertir el arroyo en un río, llevándose las prendas para siempre.     

Ya miramos y admiramos el lugar de trabajo duro de estas humildes trabajadoras, ahora observemos el lugar desde la superficie. Bordeado por una larga “barrera”, en forma de pretil o asiento con respaldar, confeccionada en cemento, varillas y ladrillo, a lo largo de unos setenta y cinco metros, frente a la carretera principal, continuando unos cuarenta metros hacia el oeste, limitando con varias casitas de adobes y maderas, propietario de las mismas un señor Córdoba. 

El pretil se utilizó para muchas actividades del pueblo: descanso, para esperar el bus o “cazadora” hacia Heredia o la Capital,  reuniones políticas, deportivas, tertulias de vecinos quienes acostumbraban en verano disfrutar de paz y tranquilidad, no faltaban al pretil don Filiberto Rojas, Abel Quesada, Luis Palma Soto, Toño Alfaro, Chano Soto, Lolo Molina quien era administrador  de una fábrica de candelas, ubicada frente al pretil oeste y muchos más señores y señoras de la época.   

Dos situaciones anecdóticas de este lugar, recuerdan los vecinos. Detrás del galerón de madera, pasaron sus años de vida y pobreza,  doña Sérvula, más conocida como la madre de “Miguelito Méquere”, inolvidable personaje alajuelense y otro a quien en Alajuela le bautizaron “Paracaídas”, éste, un señor muy alto, aficionado a utilizar sobre su espalda un montón de tiras o fajas. Como notamos, al alajuelense del ayer y a los de ahora, no se le escapaba alguna característica que podría servir para “rebautizar” a una persona.

La muerte trágica protagonizada por “Juan “Pelotas”, fallecido en este “guindo” al caer en sus aguas o peña, su padre don Mateo Soto, también conocido como “Pelotas”, accidente que vino a conmover a la ciudadanía alajuelense, posiblemente no acostumbrada a hechos repetidos de sangre y violencia en calles y hogares.

Por el inevitable progreso de la ciudad, este sistema de lavanderos  desapareció, el área fue clausurada, se entubaron las aguas y se sepultó el espacio. Hoy, luce hermoso el Parquecito de El Arroyo, estancia infantil que lleva el nombre “Estercita Castro Segura”, ejemplar educadora alajuelense. 

Hoy, desenterramos esta historia, ignorada por varias generaciones que ni siquiera sospecharon de la existencia de este escenario, lleno de valentía, responsabilidad, sacrificio, limitaciones en muchos sentidos, donde la mujer puso a prueba su empeño y amor por sus familias y Patria, lográndolo.

Fotografía de una pintura dedicada

a las lavanderas, ubicada en el par –

quecito de “El Arroyo”. 

 

Diccionario: 

Cerbatanas: Cañuto en que se introducen bodoques u otras cosas (bolitas de arcilla) para hacerlas salir violentamente, soplando por uno de sus extremos. 

Aplanchar: aplanchado, planchar. Conjunto de ropa por aplanchar o ya planchada. 

Elote: mazorca tierna de maíz.

Motetes: envoltorio, atado. 

Jaboncillo: (Sapindus saponaria). Los frutos son bayas redondas de 15 mm de diámetro, color café lustroso, que contienen una pulpa pegajosa y una semilla de 1cm de diámetro, redonda y negra. Son venenosas. La pulpa de los frutos contiene gran cantidad (30%) de una sustancia llamada “Saponina”. Al estrujar los frutos estos hacen espuma que antes se usaba como jabón para lavar ropa, de ahí el nombre “jaboncillo”.

Perlina: polvo especial para fabricar jabón. 

Méquere: Personaje de Alajuela, quien tenía dificultad para pronunciar las palabras. En lugar de “miércoles”, decía “méquere”; “jueves”, decía “juéveres” y así con todas las palabras que él conocía. Su nombre Miguel, de ahí fue conocido como “Miguel Méquere”. 

Bolinchas: canicas, bolitas de vidrio.  

Candelas: Vela para el alumbrado, útil por la falta de electricidad.

Aguacereándose: llevar agua de lluvia.

Publicado julio 12, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

Mis escritos   Leave a comment

Saludos, amigos de mi País Costa Rica, Centroamérica y otros países:

Mi intención con los siguientes escritos cortos, es destacar el trabajo, sacrificio, limitaciones que padecieron nuestros abuelos, quienes nos enseñaron muy sanos valores morales en todos los campos.

Con gusto aceptaré su apoyo y crítica a lo escrito. Aclaro, no soy periodista ni escritor; este trabajo lo hago como aficionado a la escritura y fotografía. Los datos en la mayoría de las anécdotas o historias aquí plasmadas, son originadas en el testimonio oral de los ciudadanos.   

Muchas gracias, el autor.

Publicado julio 10, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Uncategorized

Charrasca, el policía de antes   1 comment

 

 

 

La paz y seguridad en nuestros barrios, hace varias décadas, eran las aliadas de la niñez y los adultos; los menores, especialmente, disfrutamos de una vida más tranquila en las calles, en nuestros hogares y escuelas. 

 

La presencia del Guardia Civil o policía, la vimos y sentimos, a diario. Atendimos  sus mensajes, consejos, ayuda y regañadas.

 

Don Ramón Hernández Jiménez, campesino puriscaleño de pura cepa, decidió poblar nuestra Alajuela; traía en sus pensamientos otras metas e ilusiones. Es más, ya venía con su apodo, antes de ingresar al suelo manudo.

 

Allá, en Puriscal, meterse en los trapiches para recoger las “cachazas”, significaba una dulce diversión. “¡Qué ricas charrascas!”, manifestaba a todo el mundo. Así se quedó. Incluso, el recolector de esta anécdota no tuvo dificultad en localizar a don Ramón porque ya en el INVU Las Cañas y por todo Alajuela,  es conocido de esa forma.

 

Nos cuenta cómo logró su propósito. Los requisitos para el puesto de guardia civil o policía, resultaban  muy estrictos, no tan fáciles como entrar todos los días al trapiche.

 

En el Estado Mayor, en San José, rindió exámenes en historia y geografía, obteniendo el cien por ciento; en lo físico, excelente. Buenos reflejos, corazón, vista, dientes, azúcar,  nervios, pulmones, todo por buen camino. La vida saludable en el trapiche y el campo, más el consumo de cachazas, le dieron una ejemplar salud. El problema fue su estatura, un requisito insuperable. 

 

Un metro, sesenta y tres centímetros…le hacían falta dos centímetros para conquistar el trabajito anhelado.

 

El doctor Peralta, descubrió que el puriscaleño portaba zapatos “tacón cubano”, aptos para complementar lo poquito que Dios le negó. Descubrió la ”trampa” y se enojó mucho. El Estado Mayor en la Resolución afirmó que el señor Hernández no alcanzaba la “tarima máxima”, por lo tanto, no podía ser guardia civil.

 

En Guanacaste trabajó en una granja avícola, cuidando pollos. No era su profesión, quería cuidar las comunidades y sus vecinos.

 

Regresó a Alajuela, con dos pollos llenos de vida; uno lo convirtió en una deliciosa sopa compartida por toda la familia; el otro, lo regaló a los policías de  la  Comandancia por no poder atenderlo.

 

En señal de agradecimiento y tomando en consideración los excelentes exámenes obtenidos, se le permitió “un quiebre” por la falta de los dos centímetros y fue nombrado de Alta en Puntarenas, en 1957.

 

Quería estar en Alajuela. Lo logró. En suelo alajuelense, recorría calles y avenidas, de extremo a extremo, portando correctamente su uniforme, eso sí, con botas negras y no con tacones cubanos. Más de quince años en Alajuela, vistiendo pantalón “caqui”, cachucha, revólver, pito o silbato, batón de hule y cinturón cruzado, con un sueldo de cuatrocientos colones al mes, sin los rebajos de ley. Un campesino quien dejó la pala, tierra y trapiche, por el uniforme de guardia civil.

 

Entre sus funciones comunitarias debía llamar la atención a los niños para que no jugaran en las calles y así evitar accidentes, controlar a los conductores de bicicletas si éstas no portaban la iluminación correcta; a los que en forma irregular ocupaban los asientos en los parques, o sea, sentados en sus respaldos, si estaban en escenas amorosas les halaban el mecate; a quienes apaleaban los árboles de mango, a punta de garrotazos y pedradas, para obtener la deliciosa fruta; si eran menores de edad no podían estar cerca de las cantinas a cierta hora. Además, controlar los permisos de construcciones, así como denunciar a sus dueños por las arenas y piedras en los caños y aceras; avisar de fugas de aguas y cloacas en mal estado; comunicar el mal estado del alumbrado público o el uso indebido de sus bombillos o lámparas. Su otra función de todos los días, llevar a la cárcel, a pie, a los escandalosos y ”busca pleitos”  o pleiteros, enfrentándose a personajes famosos en este campo, citamos a uno muy especial a quien le decían “El nica” Guevara y otros muy conocidos. 

 

Cuenta nuestro amigo “Charrasca”, utilizar el “arma psicológica” para dominar o convencer a ciertos “hombres violentos” como el citado, accediendo de buena manera en su captura y encierro en las cárceles y calabozos; aunque con otros policías, provocaba muchos desórdenes y rebeldía, incluso, agresión a la misma autoridad. Otros peleadores “bravos” fueron “Copito” , “Vieja loca” y “Los cachimbas”.

 

Los famosos para alterar el orden público, generalmente intervenían en las cantinas y bares, casi siempre “inspirados” en las bebidas alcohólicas, sin abandonar las tradicionales peleas en el interior de estos establecimientos y en las calles.

 

Como que el licor y los conflictos entre las personas fueron con un tinte “menos agresivo”, si lo comparamos con los “tanates” actuales, donde abunda la sangre a borbollones, uso de armas pesadas y pérdidas de vidas humanas, entre compatriotas y no compatriotas, ingresando, inclusive,  con la intención de asesinar, acribillar,  a personas en bares, comercios, bancos y casas de habitación. 

 

“Recuerdo, dice don Fernando, quien tenía en esos tiempos una pulpería, los pleitos en una cantina ubicada muy cerca a la iglesia La Agonía, se formaban “bochinches bien bravos” donde siempre asistían algunos miembros de familias muy conocidas, buenos para las peleas y escándalos. En esos tiempos, habían en algunas familias dos o tres elementos, líderes, especialistas para los puñetazos y las palabras fuertes. Así, se formaban los pleitos. Los pleiteros de la familia de Desamparados se enroscaban contra la familia de La Guácima; de igual forma los líderes de Itiquís, El Roble, Río Segundo, Canoas, El Brasil y otros”.

 

Ante este panorama, siempre llegaba a tiempo el Guardia Civil o policía a implantar el orden, casi siempre lográndolo con solo su presencia, deteniendo a varios golpeados y raspados, al rodar por aceras y calles, pero no relucían tantas armas blancas y de fuego, menos de grueso calibre y asesinados, como hoy, donde un sicario o un asesino en masa, ya es un habitante más en nuestra tierra.    

   

Recordamos al Guardia Civil, quien conocía hasta  nuestros nombres, tocando o llamando a la puerta de la casa al observar ésta entreabierta, costumbre en esos tiempos cuando salíamos sin temor alguno,  dejando  una silla como sostén de la puerta o amarrada con un cordón entre dos armellas (anillos de metal), sin pensar en cosas malas contra las familias; en otras ocasiones instalamos un candado, más que todo como señal de que no había nadie en la casa, porque muy fácilmente cualquiera podría desprender los anillos y penetrar sin dificultad; talvez el guardia civil vigilaba la propiedad pensando en algún problema de salud en sus moradores o el viento y animales que podrían hacer daños.  

 

El policía fue un formador, una figura tan respetada como un educador o religioso. En los permisos para trabajo a los menores de edad, expedidos por el Patronato Nacional de la Infancia, en 1943, recordamos que, entre los mensajes impresos en esos permisos o carnés,  se indicaba: “respetar a la policía y obedecer sus órdenes para su propio bien”. 

 Consejos

La Guardia Civil Intervenía en algunas cantinas u otros centros más conflictivos, ubicados en zonas peligrosas; mientras en otras había más tranquilidad y menos tensión, escogidas para disfrutar de alguna bebida acompañadas de boquitas de chicharrón o pescado frito, al calor de amigos y familiares.

 

Charrasca y sus compañeros guardias civiles, en algún momento conocieron o por lo menos pasaron al frente del Bar azul, Calero, La terronera, El Trapiche– esta cantina le trajo muchos recuerdos de su querido Puriscal -, La Bohemia, El Palmar de Nayo Bravo, La California del Chino, El caballo Blanco, El tráfico, La garza, bar Juan pescado, American bar, Tamales, Chino Amén, el Cinco menos, El águila negra y un montón más. También intervino en los famosos turnos de El Llano y La Agonía, en honor a la Virgen de la Concepción y las fiestas del Santo Cristo Negro de Esquipulas, lugares muy concurridos por la alegría y fe mostrados por visitantes locales y de otras zonas del país.

 

Nos comenta don Ramón, cuál fue la función de “La ronda”. Fue supervisar a la policía en sus funciones, especialmente en la vigilancia a los ciudadanos. Un Cabo, era el encargado de vigilar a sus propios compañeros guardias civiles, por la ciudad. Si encontraba a dos o más compañeros juntos, formando “piñas”, solicitaba información si tal encuentro era justificable; lo contrario, ameritaba castigo o sanción como “dos y hasta cuatro días” internado en las comandancias, sin chance de ir un minuto a sus casas.

 

Otro trabajo asignado al guardia civil, consistía en la captura de animales, por lo menos recuerda cuando fue policía en Heredia. Con mecate y soga en mano, debía “soguear” al animal que deambulaba o andaba “suelto”  por la ciudad, un chancho, una vaca, cabras, caballos o terneros. Las llevaba “Al fondo” donde estaba un encierro o corral, hasta que el dueño se apersonara a retirar “sus hijos”, no sin antes hacer el depósito por la multa y alguna recompensa al guardia civil, que muy bien le caía. 

 

Otros guardias civiles, recordamos a: Juan Manuel López quien se distinguía por su excelente físico, contrario a la estatura del pequeño Charrasca, Villaplana, Marcelino Soto o “Pizote”, Patas de oso, Cara cortada, éste, un señor muy estricto o “tallado” quien portaba una cicatriz en su rostro, Pindurria, decían que era “sapillo”, Miguel El gordo, Vinagrera por ser pequeñito y gruesito, Cabo Ramos y Rogelio Espinoza. Todos tuvieron sus características personales y de una forma o de otra, se enfrentaron a situaciones muy diferentes a los días de hoy, donde la violencia se manifiesta más y de más formas.

  

“Charrasca”, junto a su compañero Sáenz, señala los

 impactos de bala en las paredes de la cárcel de

 de Alajuela. (Hoy Museo Histórico J.S). 

 

Los dos centímetros que le faltaron, dice, le salvó la vida. Recuerda muy bien la época militar en Nicaragua, con el caso de la intervención guerrillera en la cárcel de Alajuela – hoy Museo Histórico Cultural Juan Santamaría – por la intención en liberar al líder sandinista Carlos Fonseca Amador.  

 

Quien ocupaba el puesto de vigilancia en la puerta o portón principal era el Cabo Jiménez, éste fue herido en el hombro; si él hubiera estado en ese lugar, “el tiro o los tiros” estarían en su cabeza, por aquello de la diferencia en la estatura de su compañero, calcula Charrasca.

 

Citamos sin entusiasmo esta acción militar, nada común en nuestra Nación, donde fue asesinado un inocente Guardia Civil alajuelense y varios de sus compañeros resultaron heridos, enlutando a la población alajuelense y de toda la nación.

 

Hoy, son necesarios guardias civiles o policías en nuestras comunidades, le sobren o le falten dos centímetros de estatura. Urgente es la presencia de muchos “charrascas” para combatir tanta inseguridad ciudadana, culpable de enlutar todos los días a familias costarricenses.

 

Toda acción que realice el actual Gobierno o los próximos, por restablecer la paz en nuestras comunidades, bienvenida sea. Que el ciudadano y las autoridades correspondientes trabajemos conjuntamente por el bien común, por Costa Rica.   

   Simulacro. Las armas se colocan en forma triangu-

   lar, en honor  al compañero fallecido.  Camisa clara

   el guardia civil, don Ramón.

 

Anécdota:

De las tantas anécdotas sucedidas a “Charrasca”, nos cuenta con cierta risa: “Dos de la mañana, hacía mi trabajo de vigilancia,  sentí cansancio y mucho sueño. Arrecostado a la pared del Almacén “Tres Américas”, en Heredia, dormí algunos minutos, no más de tres, de pie. Mi suerte, esa madrugada, la marcaron esos tres minutos. El ronda Cabo Matamoros, me “pescó” en ese tiempito que cerré los ojos, llevando la denuncia ante el Mayor Abel Hernández. 

 

– Usted, en lugar de cumplir con su trabajo, dormía placenteramente en el Tres Américas, le dijo el Superior. 

 

– Mayor, permítame hacerle una pregunta: ¿Usted podría dormir de pie?

 

-Jamás, no se puede, me caería. 

 

Al estilo Cantinflas, se defendió: “ahí está el detalle, de ninguna manera estaba dormido, cerré los ojos para meditar algunos asuntos familiares; además, únicamente los caballos duermen parados, por tener cuatro patas. Si no me quitaron el arma reglamentaria, es otra prueba de que estaba despierto”. 

 

“Charrasca”, se salvó de ser castigado, con varios días de arresto en la Delegación, sin opción a visitar su hogar…    

 

 

 

Vocablos:

 

Puriscal, proviene de la evolución de la palabra PURISCO, la que se refiere al momento en el que el frijol está en flor.

 

Cachazas, Aguardiente de melaza. Primera espuma que arroja el zumo de la caña de azúcar cuando empieza a cocerse.

 

Trapiche, Molino utilizado para extraer el jugo de frutos, caso caña de azúcar. 

 

Cachucha, prenda para cubrir la cabeza.

 

Caqui, color café con leche, clarito.  

 

Batón,  vara de hule.

 

Quiebre, oportunidad.

 

Manudo, ciudadano de Alajuela. 

 

Piñas, dos o más personas juntas.

 

Sapo, sapillo, informante en exceso.

 

Pizote, semejante a la ardilla, más grande y muy glotón.

 

Ronda, rondar, vigilar a otros.  

 

 

(Publicado, en forma resumida, en LA PRENSA LIBRE,  19 MARZO 2011. Sección Opinión. No lo envié completo al diario mencionado, por acatar el espacio importantísimo que el medio ofrece  a sus lectores. 

Publicado junio 3, 2011 por José Manuel Morera Cabezas en Historias