Recuerdos de taller…   Leave a comment


 

Nacimos, mejor dicho,  con el calor y sonido producido por los motores y pedales de las máquinas de coser ropa. Fue tradición en la familia, el amor y pasión por la fabricación de prendas de vestir, especialmente, la confección de camisas para niños y adultos.

Chayo, Dora, Tina y Adilia, desde muy jovencitas,  iniciaron el aprendizaje del manejo de máquinas de este tipo, su visión se encaminaba a la profesión de finas costureras. Tijeras, moldes o patrones de cartón y papel, diseños,  tipos de telas, hilos, elásticos y otros materiales, sus aliados.Familia cusucos

Dora, pionera en la familia, ingresó a laborar en el único taller de camisas, en Alajuela, Edificio de Industrias “El Erizo. S.A”, de los socios Enrique Riba y José Llobet, fabricantes de las  marcas conocidas de camisas, “Monarch” y “León”, decisión de esta empresa de introducir este producto, a partir de 1932, ubicada en el centro de Alajuela, costado sur del Mercado Central de la ciudad. Dicha empresa inició sus funciones en el año 1912.

 

 

 

 

 

 

Edificio Llobet fábrica camisas,

Con el ingreso y salida de estas señoras de la floreciente empresa, decidieron tomar un camino independiente y formar en sus hogares, sus talleres. Allí, en sus hogares, terminaron sus vidas, junto a las herramientas de trabajo, herencia recibida por sus hijos y otros familiares.

Sus hijos e hijas, nacimos, crecimos y nos desarrollamos en este ambiente  de trabajo, en nuestros hogares; incluso, sus esposos tenían algo que ver con las máquinas y el taller;  los llamados “jefes de hogar”, se involucraron en esta actividad.  Sin faltar tíos y primas. La famosa industria alajuelense, fue la universidad de ellas, quiénes pusieron en práctica sus conocimientos, para el bienestar familiar.

Sus talleres eran independientes. Cada grupo de familia con sus metas y posibilidades económicas. Dora y Chayo, instalaron talleres grandes, en comparación con el taller de Adilia y Tina. Adilia con su tallercito, con menos máquinas y personal de planta, ella de conductora y dos de sus hijos, José Manuel y Maruja, obreros.  Tina, no estableció un taller, con su maquinita personal se especializó en confeccionar lindas sábanas con pedazos de telas a color y estampadas,  colchas, almohadas, adornos y otros artículos con lindos bordados que trataba a buenos precios su mercancía con los vecinos y familia.

 

Colchas de retazos.

Allí, en las fabriquitas hogareñas, conocimos hasta de mecánica, porque nos correspondió limpiar el interior y exterior de las máquinas, aceitarlas, fijar piezas, conocimos el esqueleto de acero, en su interior.

Muy jovencitos, de edades escolares, experimentamos el contacto con cuadernos, lápices, borradores, mezclados con herramientas de uso diario del taller: máquinas, tijeras, hilos, botones, moldes o patrones de cartón, lápices de grafito, bobinas, carretes, agujas de mano y de máquina, aceites, elásticos, entretelas  y otros materiales necesarios en fabricar camisas para vender, de tallas grandes para adultos y niños. Sin faltar la especialidad de Adilia, en “camisas a la medida”. El cliente traía el género (tela) a su gusto,  comprado por metros en las tiendas de la ciudad. Adilia, con cinta métrica colgando a su cuello, frente al cliente, tomaba la medida: cuello, largo, ancho, hombros, estómago.  Una especialista muy famosa en hacer camisas a la medida. Hoy, este tipo de trabajo, va desapareciendo.Máquina almanaque Metro Kilos

Chayo y Modesto, más la numerosa familia que conformaron este matrimonio,  en su gran taller confeccionaron camisas, pantalones, pantalonetas, gabachas, blusas para mujer y otras prendas. De esta forma, las cuatro mujeres obreras adquirieron mucha experiencia en esta profesión y conocidas en toda la comunidad alajuelense.

Recordamos la vida de taller, nuestras funciones.  Ya en la elaboración de las camisas, iniciamos el trabajo como “cortadores de hebras de hilos”, que quedaban al final del ruedo de las camisas o en otras partes.  En otras palabras, esta función consistía en limpiar de residuos de hilo, a la prenda.

Este trabajo, aunque fuera sencillo, había que tener mucho cuidado o tacto para no dañar la tela de la prenda. El uso de tijeras para cortar los hilos, podía perforar la tela o perforar la piel, si estábamos pensando en otra cosa, que no fuera el trabajo encomendado por nuestras “jefas” del taller.

Pegar botones con aguja, otro trabajo asignado.  La confección del ojal u ojales, lo ejecutaba muy bien, nuestra madre.  Utilizaba una máquina manual conocida como “ojaleador”,  adaptada a una máquina de coser plana.  Ya listos los ojales en cada prenda, unía las dos partes delanteras de la camisa para hacer coincidir la ranura del ojal, abiertos con la punta de una navaja de afeitar,  con el punto  marcado con el lápiz de grafito, allí tenía que ir el botón y….¡bien pegado!.

Ojal y botón

“Tome esta cajita con botones, el hilo y la aguja, ponga atención, cómo se pega un botón”, decía,  tomando los cuatro elementos para la enseñanza en la pega de botones, la camisa, el botón, el hilo y la aguja.

 

Ojaleador

Con enorme paciencia, explicaba  en la práctica, cómo pasar y cuántas veces, la aguja con el hilo, por los orificios o huequitos y al final una especie de “remache”, como un nudito, detrás del botón, para darle seguridad. Se podía terminar la tela, perder el color o romper por el uso y tiempo, pero los botones resistían todo eso, allí morían de otra forma. Claro, había que tener cuidado de no pinchar nuestros dedos y manchar con algún punto de sangre la tela de la prenda.

Doña Adilia, muy minuciosa, muy fina y honrada para hacer prendas de calidad y de esta forma ganar la confianza del cliente, siempre obtuvo el reconocimiento por el trabajo hecho a conciencia,  en el tallercito casero.  Todo el Mundo comentaba el trabajo de doña Adilia.Fotos tradicionales 013

¿Y cómo eran los botones? Para las camisas, generalmente, los botones tenían dos formas. Con dos y cuatro huequitos, color blancos. La diferencia, pudo ser en la calidad, presentación, tamaño o precio, pero ambos desempeñaban la misma función. Eso sí, los de cuatro exigían un poquito más de tiempo para pegarlos.

Es importante anotar que en el taller, no habían máquinas especiales para hacer los ojales y pegar botones, esto porque no había suficiente dinero para adquirirlas.  Ni modo, todo manual. El tallercito de Adilia, era sencillo, poca maquinaria y personal, a penas para lograr una entradita económica que aliviara los gastos del hogar. Poco a poco, con el esfuerzo de cada uno, del hogar, el taller fue tomando más fuerza.003

El avance tecnológico e industrial en este campo, modernizó un poco nuestras funciones. Dos nuevas visitantes llegaron a nuestro hogar, una máquina de pegar botones y otra para la confección de ojales. Así, fue más rápido y productivo el trabajo. Así, dejamos atrás la cajita con botones, la aguja y el hilo.

Hoy, ya sin existir el taller, cuando falta un botón en una prenda, acudimos a la cajita. Nos trae grandes recuerdos y aún funciona para estos casos, sacándonos de apuros.  Y lo que se aprende bien, como nos enseñó Adilia, nunca se olvida…

Luego, vinieron otras máquinas, siempre conformando un taller pequeño, pero suficiente para nosotros. Esos instrumentos de trabajo, siempre nos acompañaron, dieron su vida útil, algunas piezas o motores fallaron y fueron sustituidos por indicación de mecánicos profesionales de la época; otras, quedaron a un lado del taller como simples recuerdos.

Así, con trabajo, con esfuerzo y sacrificio, salimos avante. Familias ejemplares, el trabajo y la honradez fueron estandartes que siempre portamos, familias obreras, sin estudios académicos, luchamos y contribuimos al bienestar de nuestras familias y a hacer grande a nuestra Nación…

¡Muchas gracias, Adilia, Dora, Tina, Chayo…hoy, los que estuvimos junto a Ustedes, sabemos que siguen de costureras en el Cielo, junto al Creador…!

 

 

 

 

 

(texto sujeto a modificaciones, en investigación.)

ALGUNOS DATOS a Estudiar o investigar.  

1 Alex Moya (nuevas generación, fotos taller)

2 Taller Miriam, la de Chayo

3 El Erizo, Fábrica Camisas. En Alajuela. Periódico La Tribuna.

4 Fotos de ellas con Paulino y Oliva.

5 Nombres de ellas: Chayo, Rosario.

Tina, María Cristina

Dora, Dora Cabezas Quesada

Adilia, Adilia Cabezas Quesada.

En 1912, dos comerciantes empeñosos y amigos del trabajo y la iniciativa, fundaron una empresa comercial en Alajuela, con el nombre: “E. Riba y Cía”.

En 1927, “Llobet y Riba. S.A”

En 1932, la misma firma anterior, asume la responsabilidad de confeccionar industrialmente camisas, ropa interior y otros artículos rivales a los productos importados.

También se llamó INDUSTRIAS EL ERIZO.

Tomado del Periódico LA TRIBUNA, sábado 24 febrero 1940. (internet)

 

Publicado noviembre 28, 2017 por José Manuel Morera Cabezas en Historias

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